Como era previsible, la alianza macrista-radical-massista comenzó la etapa de la liquidación de los tesoros más preciados de los argentinos: La empresa Argentina Satelital – Arsat-, fue malvendida a una empresa yanqui. Por Silvia Torres

 

 

Comenzó la liquidación de la era Macri: el 29 de junio pasado se firmó la carta de intención mediante la cual el gobierno nacional entregó a Hughes, una compañía yanqui socia del Grupo Clarín en los negocios de telefonía satelital, el 51 % de las acciones de Argentina Satelital – Arsat, en tanto que la Argentina se queda con la minoría del 49 %. En el paquete, la alianza macrista-radical-massista entregó también el espacio orbital, que le correspondía al Estado argentino y que era ocupado por los dos satélites que el país ya puso en ella.

Con esta media, absolutamente ilegal porque viola expresos artículos de la Ley 27.208 de Desarrollo de la Industria Satelital, aprobada en 2015, prohíbe ceder los derechos de los nuevos satélites y que, de haber cambios en su producción y desarrollo, deben ser tratados por el Parlamento. O sea, hay una expresa prohibición de llevar a cabo una acción como la que hace el gobierno nacional, pero también hay normas generales que prohíben la venta de recursos y bienes del Estado sin llamado a licitación y/o concurso previos.

La consecuencia de esta aberrante decisión es que pone fin a la actividad en manos del Estado nacional, incuestionable recurso de tecnología de punta, destinada a cubrir las necesidades propias de comunicación y, también, vender información sobre clima, suelo, mar, etcétera. De nuevo, solo hay una explicación posible para esta acción: Debe haber corrido muchísimo dinero por bajo cuerda, para que se atrevan a semejante entrega, que va disparar una investigación futura en el Parlamento, siempre y cuando en el mismo estén sentados legisladores comprometidos con el interés superior del pueblo argentino.

El Arsat II tenía la capacidad de brindar información a una vasta franja del continente americano, en tanto que el Arsat III, que acaba de vender el macrismo, podía ofrecer servicios a regiones extra continentales.

Es oportuno señalar que la decisión que, lo menos, desprecia el desarrollo científico tecnológico de la Argentina y somete al país y a su pueblo a transitar un camino de subdesarrollo económico y humano, es consecuente en la vida política de Mauricio Macri y de muchos de sus seguidores: Siendo diputado nacional, votó en contra del lanzamiento del Arsat I, en el 2006, junto a los diputados Elisa Carrió y Oscar Aguad, cuyo yerno, Rodrigo de Loredo, está a cargo del programa y es el firmante de la carta de intención con los yanquis. Es el mismo que, el año pasado, había afirmado que le daba “risa los comentarios en torno a la venta del programa Arsat”, denunciado por los científicos y empleados que trabajan en el proyecto y por las empresas argentinas proveedoras de insumos y componentes. Debe haberse reído mucho, firmando la entrega.

Todo pasa a engrosar la larga lista del tendal que está dejando Macri en la Argentina ya que, no solo entrega la construcción de los próximos satélites, la órbita, la explotación económica de los mismos y el cambio del nombre -ya no más Arsat-, sino también autoriza la entrada de los componentes de origen norteamericanos. Y, como si esto fuera poco, el contrato está escrito en inglés y, aunque traducido, solo tiene validez el original en el idioma hegemónico y, obviamente, los tribunales yanquis para dirimir cualquier conflicto. ¡Como con los fondos buitres! ¿Lo recuerdan?

Hay que señalar que la Argentina y los EEUU de Norteamérica, son los únicos países de América con capacidad para operar satélites, en un mundo donde solo hay diez países que pueden construir satélites geoestacionales de telecomunicaciones, una ventaja que irresponsablemente Macri procedió a vender por apenas 230 millones de dólares, que es la valuación del Arsat III. Una venta sin sumarle un solo dólar, de ganancia, digamos, algo que jamás hubiera hecho si se tratara de negocios relacionados con sus empresas.

Hay que tener bien en cuenta que la alianza macrista-radical-massista no tiene dudas acerca de qué quiere y qué busca siendo gobierno del país: Someterlo a la miseria, a la producción básica, a que los ricos sean favorecidos con reducción de impuestos para que puedan acumular más y que tengan a su disposición una multitud de hombres y mujeres miserables y hambrientos, desesperados y dispuestos a esclavizarse por un plato de comida. En la cabeza de estos gobernantes, sobran 20/25 millones de argentinos. ¡Son cipayos declarados y confesos que, ahora, casi no necesitan mostrar espejitos de colores!