Como hace mucho tiempo no ocurría, en las próximas elecciones legislativas de medio término lo que está en juego es claro y contundente: Optar por senadores y diputados que levantarán la mano en favor del interés de Misiones o ser obedientes al poder central. Por Silvia Torres

 

 

Aunque parezca que las próximas elecciones de medio término para elegir senadores, diputados nacionales y provinciales esté inmersa en una aparente apatía social, lo que está en juego en ellas es de fundamental importancia para el pueblo argentino y en él, el misionero, porque se define la composición de los parlamentos nacional y provincial en donde se plasman las leyes que sostienen las decisiones políticas del Gobierno nacional y provincial.

La madre de todas las batallas lo constituye la consolidación o no de un modelo de país unitario, de exclusión, centrado en el interés de los más ricos, mediante políticas que definen la concentración de la riqueza en pocas manos y somete a millones de ciudadanos a la pobreza y la marginalidad. O, de lo contrario, votar porque quienes se van a oponer a ese proyecto de país, defendiendo los intereses de la provincia y la región, la distribución equitativa de la riqueza entre todos los ámbitos, el fomento del potencial económico de las regiones, en definitiva, el desarrollo económico y social no solo del país central, sino también del periférico, ese que fue acreedor de bienes y servicios en los años recientes, hasta la asunción del macrismo.

Es de público conocimiento la serie de medidas que buscará imponer el gobierno de la alianza macrista-radical-massista, centradas en más ajuste y reformas que lesionen aún más los derechos adquiridos por las mayorías: Jubilados, discapacitados, viudos y viudas, trabajadores de todas las especialidades, para lo cual procura incorporar la mayor cantidad de legisladores posibles que respondan a esos objetivos.

En el caso de Misiones, los legisladores que sin titubear van a apoyar las políticas que eliminan derechos, soberanía y políticas de desarrollo se encuentran agrupados en Cambiemos, la alianza macrista-radical y en Avancemos, que expresa al massismo, indubitable socio de los primeros, al momento de votar en el Parlamento nacional.

En el primer caso, la dupla Schiavoni-Pastori ha dado sobrada fe de qué defienden y qué intereses representan: El primero, por ser nada menos que presidente del PRO, el partido de Macri y haber sido el ideólogo y ejecutor de las privatizaciones, el endeudamiento y la aplicación del IETE, en Misiones, en los ’90. El segundo, actual diputado nacional y ex funcionario de la dictadura, no se cansó de recorrer los medios locales defendiendo las políticas del actual poder central. Asimismo, tienen representación parlamentaria en la Legislatura provincial, en donde sistemáticamente se oponen a la mayoría de las leyes que sostienen al gobierno provincial y, muy especialmente, son fervorosos críticos de la política fiscal que se ha implementado en la provincia, que le permitió eludir un nuevo y desgarrador proceso de endeudamiento.

A su vez, Avancemos, el grupo político que preside el camionero Adolfo Velázquez y su familia, logró incorporar a dos diputados radicales expulsados por enfrentamientos desatados por conductas misóginas dentro del Bloque provincial, que lanzaron una campaña de tipo demagógica copiando propuestas de la Unidad Ciudadana. Sus representantes se muestran opositores en medios de comunicación, pero estrictamente obedientes al momento de votar en el Congreso.

De su parte, los candidatos de la Renovación, Maurcie Closs, como senador y Ricardo Welbach, como diputado nacional, comprometen la continuidad de una senda que se transitó hasta el presente: La defensa del interés superior del pueblo de Misiones, trabajar para incorporar las necesidades de la provincia en la agenda nacional, que permita continuar el proceso de desarrollo, lentificadas por la total ignorancia y el desprecio del gobierno nacional hacia los álgido problemas que golpean las economías de toda la frontera.

Para no abundar en opinión propia, bueno es trascribir una de las últimas declaraciones de Closs, describiendo la realidad y el futuro inmediato de Misiones: “Esto termina mal, -dijo-, como terminó mal con Martínez de Hoz, como terminó mal con Domingo Cavallo. Si vos tenés una provincia que genera recursos, que paga sueldos, el Estado y los privados que producen y esa plata se gasta en otro lugar, esa provincia se va a morir igual y el Gobierno nacional se resiste a mirar una ley que no solo es para Misiones, es una ley que también beneficiará a Clorinda, a Paso de los Libres y que el Estado nacional podrá establecer los límites, pero que nos miren, que atiendan porque esta historia Misiones ya la vivió muchas veces”.

¡Ojo! La misma piedra sigue estando para obstaculizar el camino de los misioneros. La misma que, durante los ’90, la llevó a endeudarse, a privatizar sus bienes y a aplicar impuestos extraordinarios sobre el salario de sus trabajadores.