En el país de los ricos, la democracia y las normas republicanas pasan a un segundo/tercer plano. Represión, persecución, presos políticos, control social y favorecer a los más ricos son las características del único país que saben construir. Por Silvia Torres

 

El país de los ricos y para los ricos que cotidianamente construye la coalición gobernante Cambiemos es la única alternativa posible bajo el dominio de la oligarquía que, en esta oportunidad, supo armar una estructura política que tiene varios componentes: El oficialismo, conformado por el macrismo y el radicalismo; una pseudo oposición en manos de Massa y Randazzo quienes, por lo tanto, se resisten a integrar un frente opositor que ponga frenos a este verdadero flagelo que azota –cual huracán Irma-, a los sectores mayoritarios de la sociedad. Y, detrás de éstos, los poderes fácticos de siempre, el establishment conformado por banqueros, terratenientes, empresarios monopólicos, medios de comunicación hegemónicos, todos bendecidos y protegidos por un vastísimo sector del Poder Judicial.

Para imponer el modelo de país concentrado e injusto, necesitan aplicar los mismos métodos que usaron todas las dictaduras del siglo XX y los gobiernos de la incipiente Nación argentina, en el XIX. Es decir, la violencia desde el Estado, expresada en represión, persecución a toda expresión crítica de la ciudadanía, presos políticos, estricto control de la sociedad mediante métodos coercitivos y, lo más importante, permitir que los grupos hegemónicos sean más hegemónicos y los ricos, cada día más ricos.

Están apretando la cincha de un tiempo a esta parte y, sobre todo, luego de la derrota electoral en la provincia de Buenos Aires en manos de una candidata –la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner-, demonizada minuto a minuto por las cadenas del odio y los lacayos del Poder Judicial, quien, para imponerse en la contienda, no tuvo otros medios más que un celular y el poder dar la cara ante la sociedad, en cualquier circunstancia.

Una vez más, los gorilas comenzaron a intensificar la represión y sumaron, cual cucarda vergonzosa, un delito de lesa humanidad: Un desaparecido forzoso, el joven Santiago Maldonado, en una manifestación de resistencia mapuche en la Patagonia. Pero no es lo único, persisten en mantener presos políticos –un líder mapuche y dirigentes de la Túpac Amaru-; reprimen a toda manifestación popular que protesta y/o reclama; persiguen y amedrentan a maestros, profesores y estudiantes y vuelve la policía a invadir escuelas y a pedir listas de integrantes de centros de estudiantes, además de que repiten con inadmisible frecuencia los allanamientos ilegales a organizaciones sociales y sedes de partidos políticos opositores.

Es comprensible. Si no hay represión, no hay concentración posible de la riqueza. Ningún pueblo y mucho menos el argentino -luego de sus experiencias de lucha por conquistar derechos y conseguirlos, que colocó a la Argentina a la altura de muchos países desarrollados, en cuanto a educación, salud, trabajo y salarios, infraestructura, etc.-, se va quedar cruzado de brazos viendo cómo la miseria entra en sus hogares, sin pedir permiso y sin haber sido invitada.

Es tan dramática la situación por la que atraviesa la Argentina que se manifiesta en cualquier expresión de la vida cotidiana de los ciudadanos y también, con desparpajo manipulador, en los medios de comunicación. En este último sentido, bien vale la pena destacar el artículo publicado por la senadora Sandra Giménez, en esta misma página, con el título El verde de EMSA, que todos los misioneros sin excepción debieran leerlo. Ahora, antes que sea demasiado tarde.

Giménez se refiere a una nota publicada por el diario decano de la provincia sobre la deuda de la empresa misionera con la mayorista Cammesa, definida como una manifiesta demostración de la ineficiencia de las empresas en manos del Estado. La senadora rebate esos conceptos poniendo de manifiesto que el gobierno macrista favorece a las empresas privadas –muchas de las cuales son de capitales extranjeros, permitiéndoles jugosas ganancias-, y a algunas provinciales prestadoras del servicio eléctrico: Les condona deudas gigantescas y las adorna con todo tipo de prebendas, dejando de lado a otras, como le ocurre a la misionera EMSA.

El párrafo final escrito por Giménez es imperdible e, insistimos, de lectura obligatoria debido a que, en breve, los misioneros deberán votar por sus representantes ante los poderes Legislativos, ámbito donde se define qué tipo de políticas se deben implementar y qué críticas y demandas se hacen, como oposición al oficialismo: “El gobierno nacional tiene representantes misioneros de Cambiemos, candidatos para octubre, que justifican estos aumentos desproporcionados para usuarios y PYMES, -se refiere al 65 % de aumento en el servicio eléctrico ordenado por el gobierno nacional, más otro de igual magnitud, para después de octubre-, que no reclaman por un mismo trato cuando llegan estas notas y suceden estas condonaciones del erario público que pertenecen a todos los misioneros como argentinos que somos. Más bien se los escuchan tibios, tirando a frío, en sus reclamos, declaraciones y gestiones respecto a las asimetrías cambiarias, en los reclamos cuando dejaron afuera a miles de beneficiarios del plan Progresar, cuando llegaron los recortes del PAMI para nuestros abuelos, a la hora de reclamar la reglamentación del artículo 10 de la ley PYMES, por la coparticipación de Misiones que es muy perjudicada, por el retroceso que realizó la EBY en materia de inversiones en Posadas y otros municipios de la Provincia.”

El que apenas se cree rico y no lo es, que lo piense. El ajuste, los tarifazos, la desocupación, los aumentos en el precio de los alimentos y de las prepagas y el agobiante endeudamiento, no tendrán piedad ni miramientos con nadie.