Uno de los argumentos meneado y repetido un millón de veces por la alianza macrista-radical-massista entronizada en el gobierno nacional, es el de la “corrupción K”. Sin embargo, la corrupción que los mancha, al no ser difundida masivamente, pasa inadvertida. En tiempo electoral, bueno es refrescar la memoria. Por Silvia Torres

 

Convengamos que los antecedentes éticos y morales de Mauricio Macri para presidir los destinos de la Nación son de los más flojos, en comparación a todos cuantos han ocupado ese cargo a lo largo de estos años de gobiernos democráticos. Proveniente de una familia con pedigrí oligárquico, aunque no con demasiada fortuna, por parte de madre, en tanto que su padre, Franco Macri, es un italiano arribado a estas tierras con una mano atrás y otra adelante y muy pocos escrúpulos, que supo amasar una fortuna prendido de la teta del Estado.

Macri padre fue uno de los empresarios favorecidos con la estatización de la deuda privada en dólares, pergeñada por Cavallo y ejecutada por Carlos Melconián, que le permitió quedarse con unos 2 millones de verdes sin tener que dar cuenta a nadie, además de que fue proveedor permanente del Estado y dueño de una de las empresas constructoras que no siempre cumplió en tiempo y forma con sus compromisos, tal como lo evidencia una comunicación telefónica de Ramón Puerta, amigo de los Macri. Mauricio fue formado en ese ámbito de negocios y acumulación de fortuna a como dé lugar, por la influencia de su desprejuiciado padre y sus no menos desprejuiciados tíos maternos.

Tan es así que, siendo muy joven, fue procesado y condenado por contrabando de autopartes y salvado, entre gallos y medianoches, por la no menos corrupta Corte automática menemista, razón que les valió a los autores de tal aberración jurídica, la destitución por juicio político. A partir de aquel episodio judicial, Mauricio ya no tuvo empachos en convertirse en adalid de los negocios turbios y hacerse acreedor de centenas de denuncias y de procesos judiciales. A tal punto que asumió la Presidencia con un proceso judicial en marcha por las escuchas ilegales, que se hacían desde dependencias del gobierno de la Ciudad Autónoma, cuando él era el Jefe de gobierno y, de apuro, el juez federal Sebastián Casanello, decidió sobre su inocencia. Un fallo que recuerda el que eximió de culpa y cargo a De la Rúa, sobre los muertos en las protestas del 2001; o el de Duhalde, sobre la falta de mérito de su responsabilidad política en la muerte de Kosteki y Santillán.

Un somero relevamiento de hechos escandalosos por corrupción que salpican a la gestión macrista incluye:

Memorando con Qatar: Un acuerdo que contemplaba un depósito de 300 millones de dólares provenientes del Fondo de Sustentabilidad de los jubilados, en el cual también se inmiscuyó la vicepresidenta Michetti, por gestión del ex tenista Gastón Gaudio. Fue un episodio realmente escandaloso, porque el país árabe es una guarida fiscal, sospechada de financiar el terrorismo internacional.

Panamá Papers: Esta filtración, que llega a manos de periodistas alemanes del diario Süddeutsche Zeitung, permitió una investigación por parte de periodistas de muchas nacionalidades, entre ellos uno del diario La Nación, Hugo Alconada Mon, quien anticipó a los alemanes el interés por encontrar empresas offshore de los Kirchner, según se lee en el libro homónimo*. ¡Sorpresa! No hubo tal cosa, sino que se encontró un fabuloso entramado de ilegalidad a nombre de los Macri, que involucra al presidente argentino en 19 casos, como integrante del directorio de esas empresas activas, con depósitos millonarios y que, luego, dispararon el descubrimiento de otras en otros paraísos fiscales. Rondan alrededor de cincuenta las empresas ilegales de los Macri, con montos de dinero fugados ilegalmente de la Argentina en torno de los 400 millones de dólares.

 

*Obermaier, Frederik y Obermayer, Bastian, Los papeles de Panamá, El club mundial de los evasores de impuestos, Buenos Aires, Planeta, 2016.

(Continuará)