La obra pública fue (¿y es?) el foco de corrupción más grande del macrismo, desde la jefatura de Gobierno de la CABA hasta la actualidad. La prueba más evidente es que durante ocho años de su mandato, no se hicieron obras de envergadura a tal punto que como presidente, Macri debe recurrir para reuniones y eventos protocolares, a lo hecho por el gobierno kirchnerista. Por Silvia Torres

 

Si en algo se torna patente la corrupción macrista es en la obra pública, durante los ocho años que estuvo al frente de la jefatura de gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, cargo al que arribó prometiendo, entre otras cosas, la construcción de 10 kilómetros anuales de subtes, pero solo cumplió con 458 metros y continúa ahora favoreciendo a sus amigos y parientes. Claro que, como presidente, tiene otras alternativas como la quita de retenciones a las exportaciones de granos y a las mineras, el perdón de multas millonarias a prestadoras de servicios eléctricos, los tarifazos a los combustibles y el feroz endeudamiento que engorda la fuga de divisas.

Si de obra pública se trata exclusivamente, el Hospital de Villa Lugan, CABA, proyectado en 1986 e iniciado en 2006, es uno de los ejemplos más paradigmáticos, porque estuvo a cargo del “entrañable amigo” Nicolás Caputo, alias Niki quien, a pesar de haber cobrado el monto total, no finalizó la obra civil, por lo que jamás se montó al hospital como servicio de alta complejidad, según el proyecto original, sino solo para atención primaria y, como consecuencia de una sentencia judicial, la gestión actual porteña comprometió su finalización ¡para el 2020!

A pesar de este incumplimiento del amigo, no fue impedimento para que le llovieran contratos directos o por licitación varias veces millonarios, lo cual le permitió que, en el primer año de gestión macrista, la empresa de Caputo tuvo ganancias por 143,8 millones de pesos, 43 % más de lo contabilizado en el ejercicio anterior, por lo que se cotizó 7 veces más en el mercado bursátil.

Todo eso es posible y seguirá siéndolo porque, además de ser dueño de la distribuidora eléctrica Edesur, que abastece una vasta región del Conurbano bonaerense -y recibió el favor de fabulosos tarifazos y una serie de perdones por multas millonarias, por parte de su amigo, el Presidente-, logró ganar licitaciones para incursionar en el mercado de la energía nuclear por unos $ 2.500 millones; para generación eléctrica convencional, Central Puerto, 500 millones de dólares; 10 gasoductos en Córdoba por $ 9 mil millones, junto a IECSA -la ex empresa de Macri, ex de Calcaterra (primo de Macri) y ahora propiedad de Marcelo Mindlin, amigo de Macri-, además de obras de mantenimiento de escuelas en varias comunas capitalinas, por 1.400 millones de pesos.

El primo

La otra figura paradigmática de la corrupción M es Angelo Calcaterra, primo hermano de Mauricio, quien compró sin abonar un solo peso la empresa paradigmática del grupo, la mencionada IECSA, la cual, hasta octubre del año pasado, había recibido contratos por montos superiores en cinco veces al total de los percibidos por Lázaro Báez, durante todo el kirchnerismo.

Entre las más destacadas por su envergadura, se pueden mencionar: Construcción de las centrales termoeléctricas Ensenada de Barragán (prov. de Buenos Aires) y Brigadier López (Santa Fe); Ruta 64, tramo Santiago del Estero, Catamarca, Tucumán; 43 escuelas en Córdoba; Hospital Bicentenario de Ituzaingó, Bs. As, terminado en un 95 % en diciembre del 2015, paralizado y parcialmente saqueado por la misma empresa; renovación total de vías del Ferrocarril Gral. Belgrano, Santa Fe, donde se cumplieron con los primeros 100 km de los 1.600 del recorrido, entre otras muchísimas más que sería demasiado tedioso enumerarlas, pero fáciles de encontrar en la web.

Lo que no se puede dejar de mencionar es que por la innumerable cantidad de obras y los montos en manos del primo se vio obligado a desprenderse de IECSA, venderla a un dilecto amigo de Mauricio, el ya mencionado Mindlin y crear otra, con nombre menos expuesta que la anterior: CREAURBAN, que acaba de estrenarse como contratista de la Municipalidad de Rosario, para la restauración del Monumento a la Bandera, cuyo presupuesto inicial era de $ 136 millones, pero que, al final, se redondeó en $ 150 millones, 70 % de los cuales corren por cuenta de la Nación (es decir, plata de todos los argentinos) y los restantes a cargo de la municipalidad mencionada.

Estos datos no agotan la interminable lista de la obra pública entregada por Macri y cuya finalización debería ser puntillosamente controlada por los partidos opositores y los organismos pertinentes del Estado, incluidos los del Poder Judicial y, en virtud de que durante su dos mandatos en la CABA no se encararon obras de envergadura para la ciudad y/o no fueron finalizadas, excepto algún maquillaje como los metrobús, las bicisendas, el enrejado de plazas y la terminación del túnel para desagüe de un arroyo, a pesar del exorbitante endeudamiento en dólares

Argenpapers

Unas líneas finales para señalar que en Argenpapers, el libro de los periodistas Santiago O’Donnell y Tomás Lukin recientemente editado, que se ocupa de los argentinos que fugaron, lavaron y evadieron impuestos a través de empresas off shore en Panamá, tiene un capítulo íntegro dedicado a Mauricio Macri, uno de los seis presidentes del mundo mencionados en los documentos; otro, que se ocupa de sus funcionarios y, el más extenso, se refiere a los empresarios. Esos que se llenan la boca hablando de la Patria y piden a gritos por la flexibilización laboral.

Muchos están en el gobierno nacional, en el bonaerense y en el de la CABA, mientras que otros frecuentan los mismos ámbitos sociales. Por eso, no es descabellado pensar que, en materia corrupción, no todo tiempo pasado fue el peor.