Desde Salud Pública de Misiones se anunció que el gobierno nacional no financiará la campaña contra el dengue, en virtud del achicamiento de las partidas presupuestarias para salud pública, entre otras que afectan el financiamiento de obras y servicios para el desarrollo económico social. Por Silvia Torres

El anuncio del ministro de Salud Pública de Misiones sobre el retiro del financiamiento para la campaña anti dengue por parte del gobierno nacional, no hace más que desnudar cómo afecta a la gente de a pie la gigantesca reducción del Presupuesto federal, que destruye las estrategias que habían permitido el control del avance de la enfermedad, en una provincia de frontera, rodeada por focos muy importantes y con altos índices de infección.

No deja de sorprender esta situación, en virtud de que sigue siendo un leitmotiv del gobierno provincial que la gobernabilidad con gobernabilidad se paga, lo que determina que los representantes misioneros en el Parlamento nacional votan en consonancia con el oficialismo macrista-radical y el massismo, al igual que muchos otros partidos provinciales. Por lo tanto, este retiro de Nación en el financiamiento de una campaña vital para la salud del pueblo misionero resulta paradójico, en el marco de la gobernabilidad recíproca porque, ¿puede haber algo más prioritario que la salud de la población, como para eludirla en la mesa de la negociación por la gobernabilidad? ¿Cuál puede ser la repercusión de un brote de dengue sobre el prestigio del gobierno provincial, que se auto define como el legítimo intérprete de las necesidades e intereses de los misioneros?

En la misma línea se enmarca el endeudamiento para continuar con las obras de Itaembé Guazú y otras, por el mismo motivo de lo que ocurre con salud, algo totalmente impensado durante la administración kirchnerista, cuando la obra pública se masificaba en todo el país y generaba soluciones para infraestructura y para el desarrollo económico social de todos los sectores, ¡sin endeudar! Así, fue posible que la Argentina diera un salto cuantitativo y cualitativo en su condición de país soberano en vías de desarrollo, porque la generación de puestos de trabajo con salarios dignos, sumado a la atención de factores determinantes como salud y educación, permitió que una provincia periférica como Misiones pudiera generar, a su vez, las leyes y los servicios para superar años de marginalidad y atraso.

Es notable el proceso de desinversión que se opera en la provincia, que pone en evidencia los efectos del catastrófico endeudamiento de la Nación y dispara el interrogante: ¿A dónde van a parar los 125 mil millones de dólares del endeudamiento externo, de los últimos veinte meses, más un monto que supera largamente el billón de pesos en Letras del Banco Central (LeBaC) si, ni aun canjeando gobernabilidad por gobernabilidad, se pueden obtener los recursos para el desarrollo?

En la actualidad se transita una etapa de franco retroceso, de contrarreforma para desestructurar el sistema económico social que permitió una más justa y equitativa distribución de la riqueza. Por lo tanto, es impensable continuar con la construcción de escuelas y hospitales para satisfacer los déficit que, en doce años benignos, solo fue posible paliarlos, infraestructura que debiera atender la demanda de los zonas y de la población de la provincia más desprotegidos o con mayores exigencias, como es el caso de las escuelas para discapacitados, las técnicas creadas con la ley provincial y prestar también los servicios de salud.

Todo ello además de otra infraestructura imprescindible para el desarrollo económico, como la provisión de energía eléctrica eficiente y a costo accesible, en virtud de la paralización de la llegada del Gasoducto del Nea, o la pavimentación y el mantenimiento de rutas y caminos vecinales, o la construcción de los puentes fronterizos.

Estas postergaciones dan cuenta de la perversidad del proceso de endeudamiento macrista, disparador de la contrarreforma que dilapidará años de esfuerzos, y pondrá un freno a las realidades construidas y los sueños alcanzados que, aparentemente, no tendrán continuidad, a pesar de la bien intencionada frase gobernabilidad con gobernabilidad se paga y que, por ello, se torna dolorosamente vacía de contenido.