Aunque la sociedad mire y/o atienda otros aspectos de la vida cotidiana, la gigantesca deuda externa e interna argentina ya ingresó a la casa de cada uno y tendrá un duro impacto, no solo sobre la vida de todos, sino también sobre la de varias generaciones futuras. De cada 5 dólares que se presta en el mundo, uno es tomado por la Argentina. Por Silvia Torres

 

Sorprende que no sea un hecho que conmueva públicamente a los argentino, ni a los gobernantes ni a los representantes opositores a Cambiemos. Sin embargo, el gigantesco crecimiento de la deuda externa argentina, con intereses abusivos y condiciones leoninas, es un factor que ya está metido en la vida cotidiana de los argentinos de hoy y de los de varias generaciones por venir.

Se conoció recientemente que uno de cada cinco dólares que se coloca en deuda es tomado por el gobierno de la Argentina o, dicho de otro modo, el 20 % de la deuda del mundo es tomada por el país, en lo que va de 2017, con un crecimiento importante en relación con el año pasado, cuando alcanzó 12,47 %. Y no lo es todo, ya que es inminente otra colocación por 2 mil millones de dólares más que, tal vez, no sea en esa moneda sino en euros o francos suizos equivalentes, según lo informó Luis Caputo, ministro de Finanzas y (ex) operador de empresas offshore, según se informó en la última filtración de datos secretos, conocidos como Paradisse Papers, que los periodistas de los diarios Clarín y La Nación, que participaron de la investigación, no dieron a conocer en los mencionados medios.

¿Por qué el gobierno de la alianza macrista-radical-massista hace este proceso de feroz endeudamiento, mientras elimina medicamentos gratuitos a jubilados y les congela el salario, mientras le niega subsidios a los discapacitados, paraliza la obra pública y no pone en funcionamiento servicios de salud, recorta inversiones en obra pública y en todo otro orden, lesiona la distribución de recursos con las provincias, etc.?

La primera respuesta es porque, al haber eliminado recursos fiscales como los provenientes del negocio de la soja y de la minería, además de los que se prevén en la próxima contrarreforma fiscal, necesita endeudar para cubrir gastos. En segundo lugar, porque al ser un gobierno eminentemente oligárquico, comprometido con las grandes corporaciones, el endeudamiento les garantiza contar con dólares frescos para la fuga y, en tercer lugar, porque deja jugosas comisiones para bancos y operadores gubernamentales. En el caso argentino, involucra al propio Macri y a su gabinete económico financiero, además de otros funcionarios y legisladores que aprueban a libro cerrado estas políticas.

LeBaC        

Por otra parte y en la misma dirección de la economía política, el Banco Central, con la conducción del procesado Federico Sturzenegger, pergeñó el complemento ideal para la timba financiera: Las Letras del Banco Central, más conocidos como LeBaC que, con la finalidad de “controlar la inflación” determina altas tasas de interés, que ahora baten todos los récords históricos por lo que facilitó la formación de una gigantesca bicicleta financiera: Los capitalistas o los propios empresarios “nacionales” ingresan dólares al país los canjean por pesos, compran las LeBaC, cobran las ganancias y vuelven a comprar dólares haciendo una suculenta diferencia, que deben pagar todos los argentinos, sin excepción de ninguna índole.

Así, se originó una deuda que supera el calificativo de “gigantesca”, con una cifra ilegible para el común de los mortales: 1.152.044.965.000.750 pesos, es decir, más de 1 billón de pesos, que exigen el pago de intereses por 750 millones diarios. Dinero que se extrae del circuito económico argentino y se esfuma en los bolsillos de los especuladores, mientras que la inflación no se domina, se cierran fábricas, aumenta la desocupación, desciende el consumo y, en breve, la contrarreforma arrasará los derechos de jubilados, trabajadores, provincias y municipios.

Empresas

Hay que destacar también que dos empresas argentinas se encuentran ranqueadas entre las diez primeras del mundo en tomar deuda: YPF y Pampa Energía. La primera no necesita demasiada descripción y la segunda, es la más importante distribuidora mayorista de energía, propiedad de Marcelo Midlin, un dilecto amigo (¿socio?) de Macri.

El endeudamiento de ambas es un verdadero disparate, debido a que YPF descendió notablemente sus trabajos exploratorios y en la extracción y elaboración de petróleo. Situación similar ocurre con la segunda, beneficiada además con sucesivos tarifazos que multiplicaron por mil el costo de la electricidad, siendo que su plan de inversiones es realmente paupérrimo.

La única explicación posible es que el endeudamiento está destinado a la bicicleta financiera y la consecuencia, archi conocida por los argentinos, será la imposibilidad de sostener a YPF por ineficiente y endeudada y, por lo tanto, justificable su privatización por chirolas, en tanto que Pampa esperará tranquila que su deuda sea privatizada por alguna dupla tipo Cavallo-Melconián, que ande rondando como buitres hambrientos, por sobre la destrucción imperante.