Hace pocos días tuvo lugar en el Parlamento nacional una conferencia de prensa a cargo de figuras de la oposición, en Defensa de la Democracia, denunciar el deterioro del estado de Derecho y hacer un llamado a la sociedad para rechazar el avance de un estado totalitario y policial, en favor de la Constitución Nacional y la vigencia de las leyes de la Nación. Por Silvia Torres

 

Un grupo de intelectuales, dirigentes de derechos humanos, gremialistas, legisladores y numeroso público que superó la capacidad de una de las salas del Parlamento Nacional y permaneció frente al edificio, llevó a cabo el jueves 9 de noviembre pasado, una conferencia de prensa en Defensa de la Democracia y para denunciar el deterioro del estado de Derecho en la Argentina, que avanza con la sucesiva violación de la Constitución Nacional y el incumplimiento de las leyes nacionales y las normas internacionales con rango constitucional, que convierte a todos los argentinos en potenciales víctimas de esta violencia institucional.

En la oportunidad fueron oradores Eugenio Raúl Zaffaroni, Horacio González, Mempo Giardinelli y Estela de Carlotto. La escasísima difusión que tal evento tuvo en los medios nacionales y locales, a pesar de la envergadura de los conceptos vertidos, lo cual da cuenta de la dramática presencia de la censura, justifica que en este espacio se publiquen las declaraciones en sucesivas entregas.

Se inicia con la disertación del doctor Zaffaroni, el jurista argentino con el mayor prestigio internacional, ex integrante de la Corte Suprema de la Nación, quien renunció cuando cumplió 75 años, edad máxima para integrar el órgano según la CN, violado por juristas como Carlos Fayt –retirado con 92 años- y, en la actualidad, por Elena Highton de Nolasco, con 75 años ya cumplidos. Zaffaroni dijo:

“Queridos amigas y amigos: Rápidamente el deterioro del estado de derecho está avanzando y está llegando a un punto crucial, un punto en que asoma por el horizonte la figura siniestra del estado de policía, en que el que todos estamos asustados, con miedo y sometidos a la voluntad omnímoda y arbitraria de los que mandan.

”Como se dice en el documento se ha restablecido la picota, aquella columna de piedra en la que se ataba para humillar a los condenados. Sí, a los condenados. Ahora, la picota es televisiva y no se atan a condenados sino a personas que no solo no se saben si son culpables, sino que ni siquiera se les ha comunicado de qué se los acusa. Todos los jueces sabemos que no se debe exhibir a ningún detenido para escarnio. Es una regla. Pero parece que ése es el destino de los opositores y el juez se disculpa diciendo que está coaccionado, que se vio obligado a hacerlo, que no tenía alternativa.

”En lo personal, no estoy deprimido, pero estoy triste. Triste sí, porque esto lo hacen jueces que pasaron por el sistema de concursos, jueces que creímos que debían ser designados por ese procedimiento porque era el mejor y que tratamos de perfeccionar, jueces que por eso debían saber más Derecho, mejor el Derecho. Los gobiernos pasan y los jueces quedan y creímos que eso iba a impedir que alguno acompañase a ningún gobierno hasta dentro del cementerio, que, por lo menos por dignidad, se quedasen en la puerta. Parece que se olvidaron que todo cambia. Parece que se olvidaron de la dinámica del tiempo. Parece que se olvidaron que nada es eterno, que ni la dictadura más férrea es eterna. Que solo Dios es eterno. Lo demás, todo, cambia. Hasta nuestras células cambian… Y, bueno, insólitamente han dejado de lado el tiempo.

”El peor criminal -que puede ser atroz, feroz, repugnante en el momento de su crimen-, cuando está delante del juez, detenido, es un ser vencido, impotente, está indefenso y a un indefenso no se lo humilla. Eso equivale a algo así como patear a quien está en el piso. No, ¡es peor! Porque el que está en el piso muchas veces un momento antes le dio una trompada y el otro actúa con emoción violenta. El juez que lo hace fríamente, el juez que lo hace o que permite que suceda lo hace con frialdad, lo hace con cálculo. Y para colmo lo hace en un caso en el que, todos sabemos, la mano política como la cola del diablo puede estar metida y pese a eso lo hace y su única disculpa es que se vio forzado. Yo no sé qué queda en el fondo de la conciencia que hace o permite hacer eso. Esto es el fracaso total del Derecho.

”Yo no sé qué piensa un juez que se basa en una jurisprudencia conforme a la cual cualquier ex funcionario, por el hecho de haber sido funcionario, puede ensuciar una investigación. Me pregunto, si lo puede ensuciar cualquier ex funcionario, ¿no lo podrá ensuciar más un funcionario en actividad y los jueces mismos no son funcionarios? Entonces, cuando hay denuncias contra funcionarios en actividad o contra jueces, ¿va proceder de la misma manera, va aplicar esa jurisprudencia, va a justificar una prisión preventiva con personas que se presentan ante todas las convocatorias, que van al tribunal cuando se los cita y la va a realizar humillándolo, permitiendo que circule una filmación humillante, vejatoria cuando le alcanzaba citarlo y decirle “lo constituyo en detenido”, en la sede del juzgado?

Temor, miedo a perder el cargo por manejo político, a ser escrachado por el monopolio mediático corporativo, a ser victimizado por invento publicitario, por noticias falsas, por los manejos de Goebbels hoy teorizados exitosamente por especialistas en campañas de difamación bien pagas… ¿Cómo puede hacer todo esto un ser humano –ya no un juez-, un ser humano que se puede olvidar del tiempo, de la dinámica del tiempo, de que todo cambia?”

”Creo que nos equivocamos en 1994. Creo que fallamos. No sé. Por lo menos tengo la gran duda al respecto. Me gustaría conversarlo con el doctor Alfonsín, que lo incluyó en el Pacto de Olivos con la mejor de las intenciones y con los que apoyamos esta fórmula de designación, también con la mejor de las intenciones.

 

(Continuará)