Desaparecido es una palabra con connotaciones inconmensurablemente dolorosas para los argentinos, porque remite al genocidio -o a los genocidios-, que padeció el país a lo largo de su historia. Ahora, vuelve a cobrar vigencia por la condición de tal del joven Maldonado y, luego, por el submarino ARA San Juan, desaparecido con 44 tripulantes. Por Silvia Torres

 

Desparecido fue y es la condición de miles de argentinos a lo largo de la Historia nacional, que la dictadura genocida llevó a su paroxismo cuando sometió a esa condición a 30 mil ciudadanos, incluido menores y, más recientemente, volvió a tomar cuerpo en la persona del joven Santiago Maldonado, desaparecido durante 74 días, luego de una represión contra una comunidad mapuche, por parte de la Gendarmería Nacional, en la Patagonia, que culminó con la aparición del cadáver en las aguas del río Chubut.

 

A ese episodio se suma la desaparición del Submarino ARA San Juan, con 44 tripulantes, dos de los cuales son comprovincianos: Eliana María Krawczyk, oficial submarinista y Jorge Isabelino Ortiz, cabo principal submarinista. El hecho se tiñe de un profundo dramatismo porque transcurridos 20 días no se encuentra rastro alguno, a pesar de la movilización inmediata que varios países desplegaron. El primero que intervino fue los EEUU, ya que un avión de la Nasa partió desde Ushuaia, en vuelo de observación sobre la zona donde habría desaparecido el submarino y otro, de la IV flota de la USS Navy, ambos sin contar con autorización del Congreso Nacional, para estar en la capital austral.

 

La presencia en Ushuaia de científicos y militares yanquis e israelíes desde el 25 de octubre y de una nave y aviones de la Nasa, desde el 31, solo tomaron estado público cuando desapareció el San Juan, mediante datos filtrados por expertos que siguen los movimientos militares de la potencia hegemónica. Todo ilegal, ya que el gobierno de Macri solo logró media sanción (del Senado, ¡cuándo no!), para que ingresen tropas, buques y material extranjeros para las maniobras Cormorán, además del uso de las bases navales de la costa atlántica, en octubre pasado. Proyecto que teóricamente quedaba trunco por la traba impuesta por Diputados, con sólidos argumentos del legislador Guillermo Carmona, centrados en la problemática de la Soberanía nacional.

Sin embargo, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrrich, siempre diligente en todo los asuntos en los que está involucrado el gobierno del país del Norte, estuvo el 31 de octubre en Ushuaia, oportunidad en la que firmó un acuerdo pactado en 2016 con la gobernadora, Rosana Bertone, para la instalación de un Centro de Inteligencia Criminal Regional, CICRE, como “oficina” central, pero con agencias en todo el país, de tal manera de crear un sistema de inteligencia para combatir el crimen organizado y el terrorismo, hecho que tuvo escasísima repercusión en los medios (ver Telam). Muchos funcionarios acompañaron a la ministra en esa oportunidad y es realmente sorprendente cómo no vieron, ni fueron informados de la presencia de fuerzas extranjeras en la ciudad. ¿O sí? ¿Y el CICRE no es otra cosa que el primer paso para la instalación de una base yanqui en Tierra del Fuego?

En esa situación es cuando parte el ARA San Juan para regresar a su base en Mar del Plata. Su desaparición, entonces, dispara el interrogante, ¿estaba en un lugar y en un momento inoportuno? Una sospecha que se abona porque el submarino salió a flote para informar sobre problemas con las baterías, pero no le ordenaron regresar a Ushuaia, a apenas 30 millas de distancia, sino dirigirse a su base en Mar del Plata, un trecho mucho más largo. Luego se supo que hubo una explosión, detectada por la Comisión para el Control Integral de Pruebas Nucleares, con sede en Viena, mediante sus dos censores ubicados en el Índico y en el Atlántico Sur, hecho conocido en el exterior y por los propios militares yanquis, pero no por el gobierno argentino, lo que provocó que el vocero de la Armada lo comunique a los familiares cuando ya habían transcurrido ocho días de búsqueda.

Las conjeturas abundan en las redes sociales. Pero, sorprende, que no se hayan difundido algunas “informaciones” que dan cuenta del arribo de gigantescos aviones con materiales y personal militar. Una de ellas destaca la llegada nada menos que de “6 mil hombres, entre norteamericanos e israelíes” (¡!).

Si se tiene en cuenta que el Poder Ejecutivo demostró una calamitosa indiferencia ante la desaparición del submarino y que, desde el presidente Macri, hasta la ministra de Seguridad y el de Defensa, Oscar Aguad, además de otros conspicuos dirigentes de Cambiemos son integrantes de Ongs vinculadas y sostenidas con recursos de la Cía, se explica el rápido desmantelamiento de las industrias de Tierra del Fuego y la feroz persecución a los pueblos originarios, de tal manera de empujarlos a la emigración compulsiva para despoblar al máximo la región patagónica y permitir la infiltración imperial.

Con una sólida red de inteligencia, con armas flamantes, con el criminal auxilio de las fuerzas del imperio, con el silencio cómplice de los medios hegemónicos, con la anuencia del poder judicial y del poder político –visto esto en los últimos acuerdos con 23 gobernadores y con la votación a favor de la contrarreforma previsional y fiscal-, es fácil prever el desmantelamiento de un poder popular organizado que fue el sostén del estado de derecho de avanzada, que caracterizó a la Argentina. Eso, también pasará a ser un desaparecido más.