Es por lejos, el mejor dato económico de un 2017 que fue bastante flojo para la actividad en la provincia de Misiones.

 

 

El Estado provincial revirtió el rojo en sus cuentas fiscales y en el 2017 registró un superávit primario de $2.500 millones, según datos preliminares que maneja la Secretaría de Hacienda.

Esto significa que el Gobierno de la provincia vuelve a tener en 2018 un poco más de margen para otorgar algún aumento en los sueldos (no mucho), realizar algunas inversiones en infraestructura (rutas, puentes, escuelas, edificios públicos) y garantizar el normal funcionamiento del Estado, como la puntualidad en pago de haberes, prestaciones o transferencias.

Una traducción futbolera de la situación económica del Estado provincial podría ser la siguiente: Misiones salió de zona de descenso (déficit) y está cómodo en la mitad de la tabla. No está para pelear el campeonato, pero si la situación económica mejora -algo que está muy opinado por estos días- podría considerar competir por “entrar en alguna copa”.

¿Qué significa el superávit primario? Una vez que pagó sueldos, gastos de mantenimiento, algunas inversiones como obras o uniformes y equipamiento para la policía, etc., al Tesoro le quedó un remanente de dinero.

La noticia es excelente porque aleja el fantasma de atrasos en el pago de sueldos a estatales, transferencias a municipios o despidos que sí aquejan a otras provincias. O que son tapados con endeudamiento o con asistencias extraordinarias del Estado Nacional, como ATNs o adelantos de Coparticipación.

Hay que tener en cuenta que Misiones había registrado en 2016 un déficit primario de $2.700 millones.

La provincia es una de los 10 distritos que logró tener un superavit operativo o primario, según confirmó a Economis, la consultora Economía y Regiones, que moniteorea las cuentas de todas las provincias. De estas 10, unas 8 registraron superávit financiero.

Las otras 14 tuvieron rojos operativos y se suman al gran rojo fiscal del Estado Nacional.

De todas formas, la provincia sigue en déficit financiero. El déficit financiero es el resultado fiscal final computado tras el pago de intereses de la deuda. Hasta ahora, Misiones ha logrado refinanciar la mayor parte de esos intereses y no hizo erogaciones importantes para pagar ese pasivo sino que realizó asientos contables y “pateó para adelante” la deuda, refinanciada a tasas de interés muy razonables.

Cabe aclarar que la provincia tiene una deuda relativamente baja, según afirman agencias de riesgo como Moody’s, que este año subió la nota a Misiones. La agencia crediticia había pronosticado en diciembre que la provincia volvería a los números azules en 2017, algo que finalmente se corroboró.

El Estado gastó el mismo dinero que en 2016

Para revertir el déficit de 2016 en superávit en 2017 fue necesaria una política de austeridad. Prácticamente se congelaron los ingresos de nuevos empleados al Estado, se morigeraron los incrementos salariales y se eligió cuidadosamente qué obras se iban a realizar y cuáles se iban a dejar para más adelante.

“Las erogaciones corrientes se incrementaron un 25% según datos preliminares, lo que representa que en términos reales el gasto de funcionamiento de la provincia se mantuvo constante debido a la fuerte política de austeridad”, señalaron desde Hacienda.

Fue un año donde el gobernador, los ministros y los intendentes se tuvieron que arreglar con lo mismo, sin dejar de poner la cara ante las demandas de la gente, que no siempre se pudieron cumplir. Algunos lo hicieron mejor y otros peor. Passalacqua se destacó mucho en ese rol. Su sencillez, su aire campechano y su empatía con la gente lo hacen un mandatario a medida para esta época de vacas flacas.

Mejoraron los ingresos

Al mismo tiempo, por el lado de los ingresos hubo un crecimiento real (por encima de la inflación) tanto la Coparticipación (que explica 6 de cada 10 pesos que gasta el Estado) como la recaudación de Rentas de la provincia, que logró un incremento de 29% a $10.000 millones en el 2017. Miguel “Pimpi” Thomas -héroe y villano de la economía misionera por igual-, fue otra figura clave para este resultado positivo.

Todo esto le permitió al Gobierno provincial volver a invertir dinero en infraestructura. Mientras mantuvo “pisado” el gasto de funcionamiento del Estado (0,3% aumentó, descontada la inflación), incrementó en un 14% las inversiones en rutas, pavimentos, puentes, etc. Hay que aclarar que se viene de un 2016 muy malo en ese rubro.

Doble mérito al ser una de las que menos Coparticipación recibe

El mérito es doble si se tiene en cuenta que en el principal ingreso del Tesoro, la Coparticipación de Impuestos, Misiones es una de las provincias más perjudicadas del país. En especial ahora que Buenos Aires logró finalmente su reparación histórica después de más de 30 años de reclamos y la gobernadora Vidal se llevó al bolsillo $60.000 millones anuales. Con eso Buenos Aires pasa de ser una provincia “inviable” que siempre depende de las ayudas a la Nación, a ser independiente económicamente.

Pero Misiones es muy perjudicada desde que resignó una porción de la torta que le tocaba mes a mes en pactos fiscales de principios de los 90. Como muestra basta un botón, Misiones recibe cada mes un cheque menor al de Formosa, que tiene menos de la mitad de habitantes que Misiones (500.000 según el censo 2010).

Hace poco se publicó un informe del IARAF donde se analiza la Coparticipación por habitante. Por cada 100 pesos que recibe un formoseño, un chaqueño recibe $70 y un misionero sólo $46.

Es en virtud de esa desigualdad de lo que se recibe de Nación, que es mucho menos de lo que se genera en impuestos nacionales en el territorio misionero (IVA, Ganancias, impuesto al cheque, etc) que la Dirección de Rentas debe salir a “compensar” ejerciendo una fuerte presión fiscal, que se suma a la que también ejerce la AFIP.

En otras palabras, Misiones salió de la zona de “descenso” con el esfuerzo de todos. Por un lado el Estado, que se las arregló con el mismo dinero que en 2016 (a pesar de que la población creció) y muy especialmente, con el esfuerzo de cada contribuyente misionero: sea empresario, trabajador o simple consumidor.

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