Noam Chomsky es filósofo y lingüista norteamericano con fama internacional, por su activismo contra el modelo interno y de dominación impuesto al mundo por el imperio del norte, muchas de cuyas opiniones se pueden encontrar en Optimismo contra el desaliento, que reúne una serie de entrevistas que se le hicieron entre el 2012 y el 2017. Libro imperdible para el verano o para cualquier estación del año. Por Silvia Torres

 

 

El filósofo y lingüista norteamericano Noam Chomsky es una de las voces más destacadas a nivel mundial en materia de análisis del capitalismo, el rol que los EEUU cumple como imperio dominante en el orbe, los riesgos de la guerra nuclear, la destrucción del medio ambiente y el cambio social que tiene lugar en su país y en los países europeos, por obra y gracia de la concentración de la riqueza que puso fin al proverbial estado de bienestar que había caracterizado a esas sociedades.

Optimismo contra el desaliento – Sobre el capitalismo, el imperio y el cambio social, es el libro que reúne una serie de entrevistas brindadas por Chomsky en los últimos años, a cargo del economista C. J. Polychroniou, quien forma parte de la plataforma de noticias Truthout (algo así como sacar a la luz la verdad), que centra la información en la deconstrucción del proyecto político del neoliberalismo.

Chomsky confirma el papel dominante de los EEUU de Norteamérica, para lo cual no titubea en usar todas las armas de su vasto arsenal político, económico y armamentístico, sea o no lícito. En principio, porque tiene a su favor una población dominada en un gran porcentaje por las iglesias cristianas del showbusiness, todas adictas al ultra conservador Partido Republicano, que hoy preside el gobierno del país. Y, luego, porque hay una manipulación constante de la opinión pública, sumado a que el bipartidismo no es tal, en cuanto a opción electoral para los sectores más progresistas, representado por intelectuales, artistas y por los trabajadores.

Explica que el proceso de creciente concentración de la riqueza tuvo su inicio con el gobierno de Ronald Reagan (1981-1989), que dio origen a un largo período de gobiernos republicanos a cargo de los Bush, tendencia que se complementó con la ministra Margaret Thatcher (1979-1990), en Gran Bretaña, que actuaron de manera coordinada y sistemática para imponer el neoliberalismo como modelo incuestionable en el mundo entero. Para ello, no tuvieron empacho en invadir naciones, dar golpes de Estado, lograr la caída del muro de Berlín y no cumplir los acuerdos pactados con Rusia sobre límites de la OTAN y, sobre todo, usar a la inversa la teoría marxista de la lucha de clases: Esta vez, los ricos del mundo le declararon la guerra a la clase trabajadora y, en cada uno de los países líderes del modelo, se aplicaron políticas tendientes a empobrecer a los trabajadores, quitándoles derechos adquiridos hacía décadas, para lo cual desalentaron las inversiones en materia industrial y favorecieron su radicación en países con mano de obra barata, lograron disminuir los puestos de trabajo y bajar así considerablemente los salarios. Además, aprovecharon la manifiesta corrupción de la burocracia sindical, que no atinó a reaccionar ante el avance de la voraces patronales.

Este estado de cosas originó, en la mayoría de los países industrializados, la naturalización de la existencia de gran número de desocupados y de altos porcentajes de población en situación de pobreza, que sobrevive merced a los planes sociales. Población que, además, aumenta con crecientes números de refugiados provenientes de África y Medio Oriente hacia Europa, como consecuencia de las guerras provocadas por el imperio y sus socios europeos, que aún hoy son fogoneadas por intereses en torno del petróleo, el gas, el litio y otros recursos minerales. En el caso de los EEUU, los refugiados son producto de las terribles confrontaciones que las maniobras de la CIA desataron en América Central, en los ’80.

El modelo sigue vigente, vivito y coleando en el mundo entero. Pocos países resisten los embates de estas políticas imperiales, que provocan una “democracia descendente”, dice Chomsky, se valora el gasto militar por el sobre el gasto social porque el primero “apenas involucra al público, pero el gasto social sí que lo hace y tiene un efecto democratizador”, por lo tanto, no hubo dudas al momento de optar.

Luego de enumerar todas y cada una de las calamidades que asolan al bello mundo celeste, Chomsky retoma las ideas de John Dewey, el gran filósofo social norteamericano quien, en el siglo pasado, convocó a “la democratización de todos los aspectos de la vida política, económica y social”, lo cual implica que los trabajadores deben ser los “dueños de su propia suerte industrial” y que “los medios de producción, intercambio, publicidad, transporte y comunicaciones” deberían estar bajo control público ya que, caso contrario, la política seguiría siendo “la sombra puesta sobre la sociedad por el gran negocio” y la política social dirigida por los amos.

Un orden social alternativo, es decir, que vaya más allá de la explotación del capitalismo, es factible, según su visión. Confía en que los gobiernos puedan zafar de los dictámenes de las poderosas corporaciones y resistan los embates de las finanzas globalizadas, apoyándose en una estrecha y sincera vinculación pueblo-gobierno, porque, según su criterio, esas tendencias que parecen hegemonizar el poder mundial, son harto peligrosas, pero no están “labradas en piedra”. Por lo tanto, pueden revertirse, en virtud de que es evidente que se topan con resistencias populares en todas partes en donde ponen sus garras. Y esas resistencias pueden crecer y “convertirse en una fuerza poderosa, si es que queda esperanza para nuestra especie y para el mundo que tan ampliamente dominan”.