Cuando ocurrió, las pantallas de la televisión no se cansaron de mostrar la destrucción provocada por los tsunamis en diversos puntos de la tierra. La devastación que padece hoy la Argentina tiene mucha semejanza, aunque no por efectos climáticos sino por decisiones políticas. Por Silvia Torres

 

 

Como si fueran necesarias mayores evidencias, recientemente se conocieron declaraciones del ex presidente de la Alianza I, Fernando de la Rúa, festejando que el gobierno de la Alianza II macrista-radical está “completando la tarea que él no pudo finalizar”, durante su mandato (10/12/1999-22/12/2001), porque debió renunciar dejando 30 muertos en Plaza de Mayo, 54 % de pobres, 27 % de desocupados, deuda multiplicada por canje y megacanje, más corralito y corralón y unos miserables 3 mil millones de dólares de reservas en el BC.

El ex presidente festeja, aunque la Argentina haya alcanzado el podio de la economía más frágil del mundo, según la consultora Standard & Poors, luego de que, hasta octubre/2017, estuviera en el segundo lugar, después de Turquía, país al cual superó por la continuidad de las políticas de endeudamiento en dólares ejecutada por Macri y su ministro de Finanzas, Luis Caputo, quien atiende en los dos lados del mostrador: endeuda y es uno de los endeudadores/prestamista/usurero, en connivencia mediante los decretos que firma el presidente.

La deuda es pavorosa y alcanza al 54 % del PBI. Durante 2017 demandó el pago de intereses por 50.600 millones de dólares (permitiría construir e instalar unos 37 mil jardines de infantes); en el corriente año, los pagos demandarán 44.400 millones (cifra que permitiría cubrir 102.631.000 jubilaciones mínimas); en el 2019, año electoral, tenemos suerte: solo habrá que pagar 27.430 millones; en el 2020, 28.000 millones (14 veces el presupuesto destinado a la Ciencia); en el 2021, 33.500 millones (se podría construir y equipar 11.521 escuelas); en el 2022, 32.060 millones (alcanzaría para más de 40 mil kilómetros de rutas). Todo esto con la deuda que se registró hasta fines de enero del corriente año.

La necesidad de dólares para cumplir con los compromisos externos es una de las razones por las cuales la divisa continuará su ruta ascendente, con fuerte impacto en el bolsillo de los argentinos, de todos los estratos sociales, ¡sin excepción! La única diferencia entre un asalariado común y corriente y un exportador de productos agropecuarios o un empresario socio del estado en la obra pública o un banquero, no es otra que la facilidad o no de acceder a dólares. Dicho en otras palabras, intervenir o no en la timba financiera, con lo cual se produce el efecto ansiado por De la Rúa, que no logró llevar a feliz (¿?) término: que quienes entran en la timba, ganen y quienes no, -o sea asalariados, ocupados y subocupados, desocupados, jubilados, pequeños y medianos productores, pymes, etc.-, ¡pierdan! Porque no tienen posibilidades de multiplicar sus ingresos, sobre los que también pesa el saqueo en concepto de tarifas de servicios y combustibles.

La destrucción de la estructura del Estado destinada al fomento, la promoción, el control, el financiamiento, el desarrollo económico-social, la creación de industrias de vanguardia (culturales, comunicacionales, biotecnología, nanotecnología, satelital, audiovisuales, etc.), a cargo del tsunami neoliberal presidido por Macri y diseñado en las altas esferas del poder internacional, permitió que se condonen deudas en concepto de multas a empresas (entre ellas a las grandes prestadoras del servicio eléctrico), por 2.315.000.000.000 de pesos: léase 2 billones 315 mil millones de pesos, en concepto de incumplimiento de contratos de concesión y por evasión fiscal*. De allí que era imprescindible el triunfo de Macri, no solo para eludir estas sanciones sino también para el blanqueo** –unos 130 mil millones de dólares-, además de que se eliminó el impuesto a los bienes personales, con lo cual el Estado recauda unos 45 mil millones de pesos menos por año.

Se calcula que con esos dineros que el Estado no recaudó ni recaudará y van a parar a los bolsillos de unos 2.500 tipos que ostentan el privilegio de ser los más ricos, hubiera sido posible sostener: 1) Jubilaciones, sin recortes de ninguna índole, durante 23 años; 2) Subsidios a los servicios, durante 17 años; 3) Fútbol para Todos, por 523 años; 4) Presupuesto para Ciencia y Técnica, 65 años, etc. etcétera.

De la Rúa está feliz con el tsunami que destruye a las mayorías y favorece a pocos. Anhela, seguramente, que el fin de su admirado presidente -acompañado de muchos de quienes fueron sus más estrechos colaboradores, heredados de la dictadura genocida y metidos, también, en el menemato-, no acabe subido al helicóptero y dejando nuevamente más sangre de argentinos derramada en las calles de la patria, como ya viene ocurriendo.

 

 

*Las multas por incumplimiento de contratos de concesión castigaban a grandes empresas prestadoras de servicios de agua, luz, peajes, ferroviarias, etc. Entre ellas, Suez, cuyo contrato fue rescindido por Néstor Kirchner y reemplazada por Aysa (Agua y Saneamientos Argentinos SA, que provee de agua potable y cloacas a la CABA y a 17 partidos del Conurbano bonaerense). La empresa demandó a la Argentina ante el CIADI que, obviamente, dictó sentencia a su favor y obligaba a nuestro país a abonar un resarcimiento por 400 mil u$s, resistida por el gobierno K, pero que fue abonada por Macri en su reciente viaje a Francia, con la intención de lograr el tan ansiado convenio de libre comercio, pero que fue denegado por el gobierno francés de Emmanuel Macron, un liberal a ultranza, pero incapaz de tomar decisiones que afecten a sectores económicos de su país, como ocurriría de ingresar productos agropecuarios argentinos, que competirían con los de origen galo, a pesar de que los mismos están fuertemente subsidiados por el Estado.

** Las personas cercanas a funcionarios nacionales que blanquearon son, entre otros: 1) Marcelo Mindlin , comprador de IECSA, la empresa constructora de Angelo Calcaterra, primo hermano de Macri, que blanqueó 44 millones de dólares, un precio similar al que pagó por la constructora; 2) Gianfranco Macri, hermano presidencial, blanqueó 35,5 millones de dólares o, en pesos, 622 millones, según la cotización de entonces. Vale tener en cuenta que la declaración jurada de Mauricio Macri comprendió bienes por 82,6 millones más los 44 del fideicomisos ciegos. Gianfranco, el menor, contaría sin embargo con cinco veces más patrimonio que su hermano presidente (¡!); 3) Otro hermano de Mauricio, pero éste hermano de la vida”, Nicolás Caputo, eterno contratista de obra pública durante la Jefatura de Gobierno en la CABA en manos del PRO y en la actualidad, declaró 26,5 millones de dólares; 4) Alejandro Jaime Peña, primo de Marcos Peña, jefe de Gabinete, blanqueó u$s 6,2 millones; 5) Manuel Lucio Torino Ortiz, cuñado de Pablo Clusellas -secretario de Legal y Técnica desde el 10 de diciembre de 2015, además de directivo de SOCMA (Sociedad Macri) y quien le organizó el fideicomiso al presidente-, ingresó al blanqueo con 20,1 millones de dólares. (Fuentes: Diario Página 12, Perfil, Crónica, Hispanoticias, El País y The Guardian).