La capacitación en los EEUU sobre narcotráfico y terrorismo, por parte de la DEA, a fuerzas de seguridad de la región y que, a posteriori, tendrán su base en Posadas provoca inquietud, en virtud de los antecedentes que, en esta materia, se registran en toda América. ¿Qué opinión tiene la Legislatura misionera? Por Silvia Torres

 

El anuncio de capacitación por parte de la DEA en los EEUU a fuerzas de seguridad de la región, para combatir el narcotráfico y el hipotético terrorismo de grupos de Hezbollah en la Triple Frontera –un viejo y gastado cuco que se agita toda vez que las papas queman en el país, por manejos errados en materia socio económica-, es un hecho que provoca inquietud, sobre todo si se tiene en cuenta el papel cumplido por esa organización y otras creadas por el imperio del norte, con accionar altamente ineficiente en cuanto a sus objetivos específicos. Llama la atención que la medida, tomada por el gobierno nacional, haya sido aparentemente inconsulta por el Ejecutivo provincial con la Legislatura.

Países como Colombia, Perú, Paraguay, los de Centroamérica y México han contado con la “cooperación/capacitación” de este organismo en la lucha contra el narcotráfico sin que el fenómeno fuera controlado, sino, más bien, potenciado. Esos países alcanzan, con diversos matices, niveles dramáticos de violencia, especialmente México, el más próximo a los EEUU porque, precisamente, es el lugar de paso casi obligatorio para el ingreso de drogas a ese país y a Canadá, dos de los grandes consumidores de estupefacientes del mundo y son, por ello, un mercado fabuloso e ineludible para el varias veces millonario comercio ilegal de estupefacientes.

Los yanquis decidieron que sus fronteras pueden tapiarse a todo, menos al ingreso de drogas, provenientes de laboratorios pseudo clandestinos radicados en su “patio trasero” y en países orientales. Son incapaces de reconocer el gigantesco consumo de su población y bregar, desde allí -con la DEA, inclusive-, para acabar con la demanda o legalizar el comercio.

Entonces, desparraman sus gentiles “servicios” a todos los países de centro y sur América, para “combatir el narcotráfico y el terrorismo”, que no se logra controlar, pero que sí les permite ejercer una labor de inteligencia sobre toda la actividad política, social, productiva, etc. de los países a cuyas fuerzas de seguridad “capacitan”. Ése, en definitiva, es el objetivo que persiguen: Apropiarse de información que les facilite, luego, establecer políticas de dominación en el mediano y largo plazo, además de contar con personal militarizado adoctrinado con esos principios de dominación.

El ministro de Gobierno de Misiones, Marcelo Pérez, dio cuenta con no discreto entusiasmo sobre este plan ideado nada menos que por el Ministerio de Seguridad de la Nación, a cargo de Patricia Bullrrich -una comprometida agente de las políticas de dominación del imperio, con fuertes lazos con Ongs financiadas por la CIA, de donde se nutrió para imponer una “nueva doctrina” represiva en la Argentina. Entusiasmo del funcionario sostenido por el hecho de que Posadas fue elegida como base y que esa decisión fue producto de la “relación que tiene el Presidente (…) con el gobernador Hugo Passalaqua. Si se puede decir, Hugo es un privilegiado, un mimado del Presidente de la República”, dijo exultante.

Las palabras del funcionario disparan muchos interrogantes, porque todas las definiciones de quienes conducen la cosa pública merecen análisis y consideración. Desde ese punto de vista es que se debe considerar si corresponde que un gobernante sea considerado un “privilegiado”, un “mimado” por el gobernante superior o si, quien debe ser privilegiado, mimado, considerado y tenido en cuenta como principal merecedor de la atención y de favores del poder central es el pueblo misionero, en particular y el pueblo de la Nació, en general.

Sobre todo porque este gobierno nacional se caracteriza por no haber tomado una sola medida que favorezca a la mayoría de la población, especialmente aquella de los sectores más vulnerables, sean trabajadores, jubilados, niños pobres, mujeres pobres, pequeños y medianos productores, etcétera.

El mimo, el privilegio para Misiones debieran ser, por ejemplo, no estar ubicada entre las últimas provincias que reciben beneficios del Plan Belgrano; debieran centrarse en las obras de infraestructura que no se contemplan en el presupuesto nacional; debieran estar presentes en programas que fueron eliminados por la Nación, como el de salud mental, el de médicos domiciliarios, la campaña para control del dengue y tantos otros; debieran manifestarse en más recursos para el desarrollo de la agricultura familiar y el sostenimiento de la producción de alimentos; debieran expresarse en el cierre de importaciones que compiten deslealmente con productos madre, como la madera y subproductos, etc. etcétera.

Estos hechos, entre tantos otros que hacen al bienestar del pueblo y al desarrollo de todas sus capacidades económicas y sociales, debieran ser los verdaderos mimos y privilegios y no las estrategias falsas y harto peligrosas para la seguridad de Misiones, que no pueden ser presentadas y, mucho menos, elogiadas, en virtud del riesgo que implican en el corto, mediano y largo plazo, atento a la historia de nuestro país, de nuestra región y de nuestro continente, cuyo sistema democrático, sus libertades civiles y los derechos humanos están en riesgo permanente, todo lo cual provoca que los pueblos de centro y sur América están siempre sometidos al riesgo de la violencia o a la violencia concreta y objetiva, que no es más que uno de los grandes negocios del imperio.