La Argentina se destaca entre los Papeles de Panamá como uno de los países con los sistemas más aceitados para evadir fortunas a paraísos fiscales. Según el libro ArgenPapers, entre las personalidades más destacadas está el presidente Macri y su familia. Por Silvia Torres

 

El fenómeno de los Panamá Papers, la gigantesca filtración de información del estudio jurídico Mossack-Fonseca radicado en Panamá, especializado en crear empresas off shore en paraísos fiscales, permitió reconstruir la ruta de la evasión multimillonaria que padece la Argentina, mediante la fuga de divisas que tiene a los empresarios como protagonistas de estos hechos delictivos y  que lesionan mortalmente la economía del país.

El acceso a esos papeles, que fueron a parar a mano de dos periodistas del diario alemán Süddeutsche Zeitung, también involucró a los periodistas argentinos Santiago O’Donnel y Tomás Lukin, entre otros, quienes son los autores del libro ArgenPapers, en el que dan a conocer los datos que encierran esos papeles y que involucra a argentinos.

Luego de una introducción en donde los autores explican cómo acceden a los papeles y cómo es la presencia de argentinos, en el Capítulo I se narra cómo es el funcionamiento de los paraísos fiscales y cómo se opera en Panamá, casi siempre con la intervención de estudios jurídicos argentinos y, sobre todo, de otros altamente especializados en la materia, radicados en Uruguay. De inmediato, el libro describe en sus capítulos II y III la presencia de Mauricio Macri en operaciones de fuga de divisas y el apurado cierre del proceso judicial abierto, sin siquiera se hayan descifrado todos los 11,5 millones de archivos, en donde se detectaron 61.857 menciones de la palabra “Argentina”. Los autores se refieren a las empresas que involucran a familiares del presidente y a altos directivos de la empresa Socma (Sociedades Macri), al frente de unas 50 empresas, además del nombre de varios de sus funcionarios de primera y segunda línea, como Claudio Avruj, secretario de Derechos Humanos; Néstor Grindetti, ex ministro de Hacienda de la CABA, durante la gestión de MM y luego, intendente de Lanús; Pablo Clusellas, secretario de Legal y Técnica y Fernando de Andreis, secretario general de la Presidencia, en la actualidad.

Lo sustancioso además, es la lista de sus parientes que figuran en los papers: desde su padre, Franco, un típico empresario enriquecido por negocios con el Estado; sus hermanos Mariano y Gianfranco –éste último protagonista del blanqueo de 35 millones de dólares, gracias al toque mágico de su hermano presidente en el decreto reglamentario de la última ley-; el tío materno Jorge Blanco Villegas, ya fallecido, que supo desplegar innumerables tejes y manejes financieros, bordeando o cayendo en la ilegalidad; el primo hermano por parte de padre, Angelo Calcaterra, titular de IECSA –holding que tuvo como cabeza a MM-, embargado en 54 millones de pesos por sospecha de evasión, aunque no detenido por la justicia como clara demostración de que usa varas distintas según sea la cara (¿?) del cliente y un segundo primo, Jorge Macri, intendente de Vicente López, provincia de Buenos Aires.

O’Donnel y Lukin hacen luego un pormenorizado relato acerca de cómo las empresas periodísticas retacearon la información, porque involucraba a los propietarios y gerentes y, seguidamente, se abocan a desmenuzar los manejos financieros ilegales de los prohombres de la Argentina, empresarios inescrupulosos cargados de fama y oropeles, que amasan sus fortunas evadiendo, lavando, fugando la riqueza que acumulan en el país. Muchos de ellos suelen ser tapa o centro de notas de las revistas top del país, las que centran su interés en la superficie del lujo y la ostentación, pero descartan la moral de sus personajes.

De las respuestas que los autores obtuvieron en la consulta con algunos de los fugadores, se puede obtener una coincidencia: Se victimizan diciendo que la inestabilidad del país no les permite tener asegurada su fortuna acá y, por ello, deben sacarla de manera ilegal para guardarla en lugares seguros… O sea, la Argentina es un lugar apto para ganar dinero, pero no para reinvertirlo y ¡mucho menos!, para conservarlo (¡!).

Si es que en este entramado de delitos se puede sacar algo positivo es el que se refiere que, a contrario de lo que considera la opinión pública, no son los políticos los más corruptos en esta materia y, del listado que se obtuvo de quienes utilizaron los servicios de Mossack –Fonseca, los políticos son sustancialmente menores que los de los empresarios: “… la cantidad de políticos argentinos presentes en la filtración está en línea con las estimaciones realizadas por Raymond Baker* sobre las fuentes de los flujos financieros ilícitos. De cada 100 dólares que se mueven por esos canales, 63 están explicados por los actores económicos privados y 37 corresponden a actividades criminales de todo tipo y, de esa porción, la corrupción gubernamental alcanza ‘apenas’ a 3 dólares”.

 

* “El talón de Aquiles del capitalismo. Dinero sucio y cómo revisar el sistema de libre mercado”.