La gigantesca movilización del 21/02 lleva en sí misma la impronta de una repetición de época, justamente tres días antes de conmemorarse el primer triunfo de Juan Domingo Perón, en 1946. El reverdecer del movimiento nacional. Por Silvia Torres

 

La gigantesca movilización del 21 de febrero pasado en la Av. 9 de Julio de la CABA, en la que confluyeron diversos sectores sociales, encolumnados o individualmente por las suyas, retrotrae a eventos similares protagonizados por el pueblo argentino en el largo camino de la lucha por su emancipación y por la conquista de sus derechos.

Desde aquél evento bélico de las invasiones inglesas (1806/1807); la revuelta popular del 22 de mayo de 1810 que culminó con la formación de la Primera Junta de gobierno; el estallido de la Revolución del Parque (1890); el 17 de Octubre de 1945; el Cordobazo (29 y 30 de mayo de 1969) y las manifestaciones populares del 20 y 21 de diciembre del 2001, conforman hitos de la participación ciudadana que toma las calles en protesta por acciones gubernamentales que destruyen sus derechos y lesionan su calidad de vida. Sin ser los únicos, pero sí tal vez los más paradigmáticos, explican la movilización popular de la semana pasada.

Uno de los aspectos más sobresalientes del 21F fue la diversidad social del público que se dio cita, conformada por trabajadores encolumnados bajo el paraguas de sus organizaciones gremiales y, también, sorprendió la presencia de grupos de trabajadores cuyos sindicatos no adhirieron al acto, como el caso de conductores de algunas líneas de colectivos, empleados municipales, de fábricas de productos alimenticios, ferroviarios, obreros de la construcción, empleados de provincias, en tanto que docentes, camioneros, estatales, sanidad, bancarios, entre otros, conformaban las columnas más nutridas. Fue numerosa la presencia de trabajadores de la cultura, conformada por escritores, actores, artistas plásticos, cineastas, productores de medios audiovisuales, etc. que daban cuenta de la crisis de las industrias culturales, sobre las que el gobierno macrista-radical les pasó con una aplanadora.

Otras columnas gigantescas estaban conformadas por las organizaciones sociales, que reunían a vastos sectores populares, especialmente del conurbano, de municipios de la provincia de Buenos Aires, pero también de villas y barrios populares de la CABA, cuya presencia se caracteriza porque se nutren con todo el grupo familiar: abuelos, madres/padres y niños. Una mención aparte merece la presencia de ciudadanos por las suyas y, en tal sentido, las redes sociales dieron cuenta de un gran número de jubilados, discapacitados y familias de clase media, que daban testimonio de la acuciante situación por la que atraviesan, en virtud de los flagelos sembrados por la gestión del gobierno nacional: desocupación, reducción de salarios, eliminación de beneficios médicos y farmacológicos y tarifazos.

La movilización, cuya consigna unificadora no fue otro que el repudio al gobierno presidido por Mauricio Macri y, queriéndolo o no, con intencionalidad o no, casualmente o no tanto, al coincidir con el 72º aniversario del primer triunfo electoral del peronismo, también estaba creando un hito con vistas al futuro: Sentar las bases de una unidad entre sectores gremiales y sociales, para dar origen a la construcción de un espacio en donde converjan las demandas que hacen a la vida de los trabajadores y que impulse una expresión política que permita hacer frente electoralmente a la alianza neoliberal de macristas y radicales, que solo expresa la voracidad del establishment, con una programa popular y nacional que vuelva a centrar en el tope de la agenda el interés supremo de las mayorías.

Esta expectativa política se nutre con la presencia de gruesas columnas de organizaciones políticas del radicalismo alfonsinista, de los partidos de izquierda marxista y del peronismo kirchnerista, así como también de dirigentes del ámbito político nacional y popular, así como también fue notable la ausencia de otros que, diciéndose opositores en medios de comunicación, no mostraron la cara.

Si a este hecho de profunda connotación política, ocurrido en el momento en que se discute el salario de los trabajadores, los masivos despidos, el desmantelamiento de la educación pública y del Estado, en su rol de conciliador de la puja intersectorial, se le agregan consignas en contra del Presidente coreadas masivamente en eventos deportivos, culturales, en medios de transporte como el subte, dan cuenta del humor social imperante.

El sufrimiento popular se expresó con meridiana claridad para exigir la rectificación del rumbo del oficialismo y, al mismo tiempo, conminar a la oposición a deponer mezquindades y crear las condiciones de unidad, que permitan reconquistar el manejo del Estado, para ponerlo a disposición del interés del pueblo y del desarrollo de la Nación.