A lo largo de toda la Avenida de Mayo, mujeres de los más diversos sectores, edades y procedencias mostraron masivamente lo que tienen en común: el reclamo por la igualdad de géneros, el fin de los femicidios y contra el ajuste que golpea particularmente a ellas.

 

La bandera de arrastre de la cabecera de la marcha era una síntesis perfecta del sentido que se le quiso dar, la característica política del reclamo –aunque paro internacional– dirigido al Gobierno: “¡Aborto Legal Ya! Basta de Ajuste y Despidos”, decía en letras violetas sobre fondo blanco, reuniendo los reclamos por políticas de salud que contemplen responsablemente a mujeres y diversidades, con los reclamos por las gravísimas consecuencias sociales producto de las políticas de despidos, cierres de empresas, y brutales aumentos en los servicios. Para dar una marca de la amplitud del abanico que reclamó contra el Gobierno, todas las organizaciones, partidos y colectivos que participaron en las asambleas previas, sostenían la bandera. En el centro, para no perder el hábito, Norita Cortiñas, chiquitita y tan grande, con su pañuelo blanco, junto a otras Madres que se sumaron tras cumplir la histórica ronda de los jueves. Lo demás, cuadras y cuadras y cuadras de columnas de mujeres y pañuelos verdes, y remeras fucsias.

Detrás de la cabecera, porque se había consensuado en las extensas asambleas organizativas de febrero, se concentró el contingente de la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Fue, decididamente, el contingente que le dio alma a la cabeza de la marcha, con sus cánticos por el aborto y contra Mauricio Macri. Mientras, la cadena de mujeres que conformaban el corralito por delante se encargaban de limar, traquetear y perforar las macizas columnas de organizaciones políticas y gremiales que se habían instalado a lo largo de toda la avenida de Mayo en una especie de anticipación de la cabecera.

El marco político lo daba la variedad de presencias en el arranque, todas de índole sindical, laboral y político. Había una representación del Hospital Posadas; del INTI; una joven que asomaba por detrás de la primera fila con un pequeño cartel en el que se leía “No al cierre de Stockl (la metalúrgica de Burzaco que lleva tres meses sin pagar salarios), 130 familias en la calle”; de la Casa de la Moneda; Trenes argentinos; La Bancaria; Ctera también; las Aeronáuticas de Latam. Además de las representaciones específicas como NiUnaMenos, la Campaña Nacional por el Aborto; Ammar, el sindicato de las meretrices, en una de las puntas; Amadh, su oposición y denunciante de la prostitución y trata, en la otra; la representación de las travestis de Diana Sacayán. Y las agrupaciones de izquierda.

El arco era amplio, todas mujeres e identidades de las diversidades. Todas con algo, con mucho para reclamar. A todas, con las enormes diferencias que podía haber, a todas las unía el sometimiento patriarcal y la pauperización macrista. MMLYQTP, empezaron cantando apenas para desacomodar, la corrección de trato fue clara, yuta por puta. Toda una definición política y de criterios. La policía, ausente esta vez, igual es la policía. sobre todo la de Macri, la de Bullrich, la de Larreta.

Pero antes, en una recorrida inicial, antes de las 16.30 –momento en que se constituyó la cabecera en Piedras y Avenida de Mayo–, se podía ver una fila que abarcaba el largo de la cuadra, desde Chacabuco hasta la cabecera. ¿Esta fila? “Es para el pañuelo”. El verde de la Campaña que se entremezcló con el violeta del 8M, del movimiento feminista.

No es no, se había pintado en rojo colorado sobre la mejilla una rubia, que cantaba “Aborto legal, en el hospital”, mientras la consigna surgía desde el contingente de la Campaña. Delante de la cabecera, en el corralito de brazos que armaban mujeres y travestis de diferentes organizaciones, con un megáfono vociferante, divertida, ampulosa, la militante trans Alma Fernández, más oscura que su vestido oscuro cantaba consignas que iban desde vapulear a Macri hasta la ya clásica “Poder / poder / poder popular / y ahora que estamos todas / ahora que estamos juntas / y ahora que sí nos ven / abajo el patriarcado / se va a caer / se va a caer / arriba el feminismo / que va a vencer / que va a vencer.

Y desde atrás competían: “A ver, Mauricio, a ver si nos entendemos / las mujeres nos morimos / por abortos clandestinos / salimos a la calle / salimos a luchar / por aborto libre / seguro y legal”.

La cabeza de la columna, sobre Piedras, arrancó a las 17.30 al grito de “¡Paro / paro / paro / paro general”. El grito, más que cántico, estaba dirigido tanto al gobierno como a la cabeza de la CGT. “No queremos más despidos / no queremos represión / para las trabajadoras / la reincorporación”, cantaba Alma.

Como en todas las marchas anteriores, la sorpresa sobre la capacidad resolutiva feminista para dirigir la brutal desorganización de casi un millón de cuerpos constituidos en columnas abroqueladas o en el amorfo ir y venir de autonomías es ilimitada. Arrancar a las 17.30, para caminar ocho cuadras en más de dos horas, no alcanza a explicarlo todo.

Como todas las marchas o concentraciones masivas del movimiento feminista, al menos desde el 3 de junio de 2015, la primera NiUnaMenos, la organización a pulmón y sobre la marcha es por sí sola un aprendizaje de negociaciones para este cronista. En este caso, el de ayer, las ocho cuadras demandaron más de dos horas porque en el recorrido debieron gestionar con columnas de militantes durísimas para ceder medio metro hacia el costado. Y se corrían, y se miraba hacia adelante y había más y más y más banderas. Y nuevamente discusión y negociación y consenso. Al final de cuentas, una era la cabecera de la marcha, sin ella no había marcha; y las otras eran columnas que seguramente habrían de haber ocupado la retaguardia, pero que habían llegado temprano y se habían estacionado. El abanico feminista es amplio y da cabida a ideas y organizaciones con tanta competencia entre sí que podrían desatar una batahola, pero no, no lo hacen.

En el camino, había una multitudinaria presencia feminista. Había varones, para qué negarlo. Habían alcanzado con su presencia la síntesis de las discusiones previas, especialmente en las redes, en las que se debatió si varones sí, si machirulos no, si cubrían a las mujeres y de qué manera, si no las cubrían, si eran necesarios, si no lo eran. Hubo un par de momentos difíciles en la marcha, con tensión corporal al milímetro, y se situaron en los dos extremos pero con dos hombres. Uno, claramente un provocador que quería pasar por donde no podía. El otro, un hombre muy alterado que participaba en la marcha pero le costaba adaptarse al pedido de hacer lugar al paso de la cabecera.

Y entonces estallaba el Mauricio Macri la yuta que te parió, y todo volvía a su cauce. Andar sobre la avenida de Mayo, a esa hora, además de pedir permiso a cada paso, significaba toparse con fotos de Santiago Maldonado y de Milagro Sala, pancartas que decían “MM asesinaste por la espalda a Rafael Nahuel”, o carteles manuscritos en los que se leía “Ni Una Trabajadora Menos. También acusaciones como “terrorismo de Estado, Nunca Más”, algunas fotos de genocidas, ahora que el Gobierno instó a las domiciliarias. “No olvidamos ni nos reconciliamos”, diría más tarde, en pleno discurso de cierre Liliana Daunes.

En el recorrido, antes de llegar al escenario del Congreso, estaban las enormes columnas de la Tupac, CTEP; Barrios de Pie; Partido Piquetero; como las representaciones de AMPA, la Asociación de Mujeres Penalistas de Argentina; las mujeres del Sindicato de Justicia de la CABA; la Conadu; un grupito de sociología por la equidad de Género; otro de Cunita, dependiente de la Comisión de Salud del Instituto Patria; de Jóvenes Científicxs Precarizadxs (del Conicet), que aprovecharon para decir que hoy, desde las 10 de la mañana organizarían un reclamo por el despido de 800 investigadoras/es en el Polo Científico de Godoy Cruz; la agrupación Quinteras Contra el Machismo. Un grupo de mujeres de AHF Argentina, una ong internacional que realiza testeos por VIH en espacios públicos; además de Mama cultiva.

Un muchacho de barba portaba un cartel que decía “Seamos más hombres, menos machos”, fue una de las excepciones. Los varones en general no parecieron buscar protagonismo.

La columna siguió avanzando con mucha dificultad. Al cruzar la 9 de Julio, se podía ver hacia atrás, la Plaza de Mayo, la misma densidad de la marcha como si se miraba hacia adelante. También algunas columnas prefirieron avanzar más rápido por las calles laterales, Rivadavia e Yrigoyen. Al llegar a la Plaza Congreso, la multitud parecía infranqueable. La plaza estaba absolutamente poblada por grupos sueltos, y las calles que la bordean, saturadas de columnas. Una cuadra antes de llegar, a la altura de San José, la marcha se detuvo. Detrás de la cabecera, el contingente de la Campaña tenía su ritual: comenzaron a ulular, da escalofrío en el cuerpo, ulular que se acentúa, se acelera, hasta que estalla al mismo tiempo en bengalas verdes que inundan el espacio mientras el centenar, quizás más, de militantes de la Campaña saltan y corren gritando para llevarse a todas y todos por delante. Las columnas macizas de organizaciones que las anticipaban se disgregaron por el solo efecto del sonido y la vista del brujerío corriendo como una aplanadora.

Después llegó el momento del discurso, en el escenario dispuesto sobre la plaza y que leyó como en otras ocasiones, la locutora feminista Liliana Daunes. “Hoy estamos acá –empezó Daunes– porque construimos juntas un segundo paro internacional feminista. Paramos contra los despidos, el ajuste del gobierno y por aborto legal, seguro y gratuito. Paramos porque venimos a decirle basta a las violencias femicidas y travesticidas y a las violencias económicas y estatales que las sustentan”. También incorporó el paro dentro del marco de la lucha feminista internacional; destacó el mapa del trabajo “en clave feminista” y las alianzas transversales entre diferentes conflictos. Recordó que “paramos porque exigimos el aborto legal, seguro y gratuito”, y para “defender nuestras disidencias sexuales y de género”. “Para decir basta a las violencias”; “paramos para denunciar que el Estado es responsable y los gobiernos son responsables”. “Paramos porque exigimos un Estado laico”; “porque construimos el movimiento de mujeres como sujeto político”.

El 8M cerró ya no como un mensaje al poder, fue mucho más que eso, fue y es acto de presencia, la visibilidad de sus cuerpos, pintarrajeados como guerreras (no es un chiste la corrida de las brujas y su ulular entre la humareda verde, aunque sea un grito de alegría), sus reclamos, la reciente presentación del proyecto de ley por el aborto legal, seguro y gratuito; la contundencia de cientos de miles de mujeres tomando la calle.

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