La Argentina avanza aceleradamente a convertirse en un país rentístico en reemplazo del modelo anterior, centrado en el desarrollo industrial, con apuesta a la creación de puestos de trabajo de calidad, salarios acordes y, por ende, con fuerte inversión en educación, ciencia y tecnología. Por Silvia Torres

 

Recientemente se conocieron los índices de crecimiento de las importaciones de automóviles, 103 %; de ropas confeccionadas, 83 %, en tanto que se torna paradigmático que la Fábrica Argentina de Aviones, FAdeA, despide personal, interrumpe su tarea originaria, fabricar aviones y se dedica a hacer vallas para la contención de personas, elemento que últimamente limita decenas de cuadras en la CABA, conforme sea el trayecto que deba hacer el presidente Mauricio Macri, los temas que se deban tratar en los ámbitos parlamentarios y toda dependencia gubernamental.

Es tal el avance de las importaciones de todo tipo de productos que dirigentes agremiados en la Unión Industrial Argentina (UIA) –esos que oficiaron de aplaudidores de Macri desde su campaña como candidato presidencial-, comenzaron a emitir quejas acerca de la política económica del macrismo-radicalismo, porque afecta seriamente a sus industrias, algo que solo percibieron ¡después de 26 meses de modelo económico en vigencia! Se entiende, los grandes empresarios argentinos estaban felices pudiendo comprar dólares sin limitación alguna y enviarlas legal o ilegalmente al exterior; pudiendo despedir, suspender, disminuir salarios sin mayores consecuencias pero, con el ilimitado ingreso de mercaderías comenzaron a sentir que los zapatos apretaban. Aducen que están de acuerdo con “los lineamientos generales de la política económica”, pero quieren límites para las importaciones, recurso éste que el macrismo usa para “controlar la inflación” (¿?).

Sorprende, sin embargo, que los industriales no extendieron su protesta por el desmantelamiento del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), -conducido en la actualidad por un barrabrava (¡!) del club de los amores del presidente Macri-, que en momentos de esplendor de la industria nacional les proveía soluciones y, también, de controles de calidad al servicio de los consumidores. La omisión, tal vez es consecuencia de ese primitivismo subdesarrollado que los empresarios argentinos no logran superar del todo.

Tanto la queja empresaria como el modelo en vigencia tienen un solo objetivo: concentrar la riqueza en pocas manos, claro que, cuando los industriales ven que sus intereses se ven afectados, no quieren quedar afuera del reparto y de la fiesta rentística que hoy reina en el país: Quieren ganancias para mantenerse aunque sea en la mitad de la cresta de la ola, continuar comprando LeBaC y luego dólares y su ruta con la timba financiera.

Desde el gobierno les contestaron con poca cortesía, porque no aceptarán que se les estropee el estofado con demandas de quienes tanto han recibido, sobre todo en materia laboral y haciendo la vista gorda en cuestiones fiscales.

En el caso particular de Misiones, recientemente hubo un encuentro de empresarios madereros con dirigentes macristas. Las expectativas del sector son inagotables y muestran una paciencia propia de monjes tibetanos, esperando que se cumplan algunas de las promesas que sucesivamente les vienen haciendo desde la Nación, a través de funcionarios que se van sucediendo uno tras otro. Ahora lo tienen al senador Humberto Schiavoni –aquél privatizador y endeudador compulsivo de los gobiernos puertistas-, que oficia de interlocutor y prometedor ante los expectantes madereros. Pero lo cierto es que la crisis del sector no termina de resolverse.

Para los trabajadores, en particular y para el pueblo argentino, en general, lo mínimo esperable es que se mantengan las industrias –pymes o no-, que lograron llegar hasta aquí, ya que es impensable la radicación de inversiones genuinas provenientes del exterior, mientras continúe este proyecto político-económico que está conducido por funcionarios que tienen sus fortunas en el exterior y lejos están de repatriarlas. Se dice que quien lo manifestó con todas las letras fue la canciller Angela Merkel, durante el encuentro de los multimillonarios del mundo en Davos. Palabras más o menos, eso fue lo que le manifestó a Macri: Si los argentinos tienen su dinero en el exterior, ¿cómo esperan que hayan inversiones extranjeras?