“Cuando vez a tu vecino afeitarse, pon tus barbas en remojo”, dice el viejo refrán popular y, como una consecuencia casi obvia de lo ocurrido en el Brasil, una jueza argentina –cuándo no-, ordenó la intervención del partido político más grande de América. Por Silvia Torres

Con 81 años a cuestas y resistiendo a cualquier conato por jubilarla, Romilda Servini de Cubría, una famosa jueza del fuero Electoral, dictaminó la intervención del Partido Justicialista, para dar respuesta a un pedido de un dirigente gremial con inciertos antecedentes como trabajador, en menos de 24 horas, que echa por tierra la insistente queja popular acerca de la “lentitud de la justicia”, pero que fue inocentemente desmentida por el flamante interventor, nombrado Luis Barrionuevo, pero que, en el apuro, Su Señoría no identifica con documento de identidad alguno. El hombre expresó, en un reportaje publicado en el “gran diario argentino”, que recibió una llamada de la jueza para citarlo en su despacho, adonde concurrió y fue coronado interventor del PJ, en virtud de que por sus “venas corre sangre peronista”, pero que el anuncio se guardó el tiempo necesario antes de que tomara estado público, dijo.

El hecho se produce en medio de otros, que no solo lo enmarcan históricamente, sino que lo explican, como las encuestas que dan cuenta de la opinión popular sobre el gobierno nacional y el de la provincia de Buenos Aires en franca caída, lo que prendió la luz roja en el PRO y sus aliados. Las consultoras de todo pelo y señal dan cuenta de que Mauricio Macri dilapidó nada menos que 50 puntos de su reputación política, en 27 meses de gobierno, en tanto que la gobernadora Vidal, pierde más de 30, en el mismo lapso.

Romilda, que se quejó hace un par de años, ni bien instalada la alianza macrista-radical en el gobierno, acerca de “presiones nunca vistas” durante su larga carrera. Pero, sin embargo, siempre demostró ser una jueza permeable a ellas y, a su edad, se entiende que quiera vivir tranquila, continuando con su antiquísimo y preferido hábito de tomar té con sus amigas. Entonces, generó una sentencia muy pero muy estilo de época, que quedará en la historia como un escrito judicial único y, tal vez, irrepetible: No hay ninguna referencia judicial; ninguna jurisprudencia; ni una sola argumentación legal; no se menciona ningún artículo, ley, ni convenio internacional. ¡Nada!

La designación de Barrionuevo, el mismo que quemó urnas para evitar un acto comicial en la provincia de Catamarca –de donde es oriundo-, el 2 de marzo del 2003, que suma decenas de declaraciones lindantes con la barbarie y es uno de los creadores del sindicalismo empresario –por lo tanto, aliado al macrismo-, completa el gesto patoteril de la jueza, porque el dirigente gastronómico es parte del conflicto que la sentencia dice que existe, conflicto que no es judiciable, sino político.

Lo que debe quedar muy claro es que, si en el PJ hay un conflicto, el mismo debe resolverse en el campo de la política y, si doña Romilda, en carácter de jueza electoral, tiene una preocupación lógica por esa situación, debiera de tomar medidas previas a la intervención, para garantizar que el conflicto sea resuelto con métodos democráticos, con las formas propias de los partidos políticos, pero no con medidas judiciales traídas de los pelos, que solo generan desazón, desconfianza y repudio entre dirigentes, afiliados y simpatizantes.

Tan peligrosa es la decisión de la Servini, que se ratifican en las primeras declaraciones del interventor dando cuenta de las reales y verdaderas intenciones de la decisión: Quebrar las posibilidades de unidad, evitar que se garantice la diversidad de opiniones que caracteriza al Movimiento Nacional, que tiene en el PJ a su columna vertebral y, con ello, eliminar las posibilidades de un triunfo electoral en el 2019.

No es la primera vez que el gigantesco partido político debe pasar por estos avatares: Fue intervenido con fines de su desaparición en: 1955, por el golpista Pedro E. Aramburu; 1966, por el golpista Juan Carlos Onganía; en 1976, por el genocida Jorge Rafael Videla y ahora, el 10 de abril del 2018, presidencia de Mauricio Macri.

El creador del Movimiento, Juan Domingo Perón, decía: “Que nadie se confunda. Cuando los peronistas más se pelean, en realidad se están reproduciendo”. Si los poderes fácticos unidos al poder judicial ayudan, como ya ocurrió tantas veces acorralando a la democracia, tengan la seguridad el pueblo argentino y los pueblos del mundo que ¡hay peronismo para rato!