Seis países, entre ellos la Argentina y Brasil, decidieron abandonar la Unión de Naciones de Suramérica (Unasur), aduciendo que la organización no tiene un “funcionamiento adecuado”. ¿Por qué y para qué se creó la organización? Por Silvia Torres

Hay que dejar en claro, como punto de partida para esta nota, que la unidad de los países de Sudamérica solo tiene razón de ser si existe, en la cabeza de sus gobernantes, la voluntad de favorecer el desarrollo soberano de sus naciones y el bienestar de sus pueblos. Por lo tanto, cuando tienen otros objetivos, desaparece la razón de ser de un organismo como la Unasur.

Fue creada en 2008 por iniciativa de Hugo Chávez, líder fallecido de la Revolución Bolivariana que gobierna Venezuela, para generar y consolidar un espacio de integración, de colaboración y de intercambio entre los doce estados de Sudamérica. El primer secretario general fue Néstor Kirchner, elegido por unanimidad cuando había cumplido su mandato como presidente y participado activamente en su constitución, junto con Luiz Inácio Lula Da Silva y el mencionado Chávez.

La Unasur no es otra cosa que la culminación del propósito de los Padres Fundadores que hicieron la guerra de la independencia contra los imperios español y luso-brasileño, en el Siglo XIX, que pretendían conformar las Provincias Unidas de Sur América, intención que se frustró por la injerencia de los conquistadores-colonizadores que, en connivencia con las oligarquías locales, fueron desmembrando la unidad en decenas de estados pseudo independientes, que continuaron siendo víctimas de la voracidad ilimitada –como cuando eran colonias-, lo que socavó las posibilidades de desarrollo económico y social de los pueblos del continente.

Hay que señalar que los ejércitos Libertadores eran plurirraciales y plurinacionales, lo mismo que la cooperación regional para coordinar el sostenimiento de la Independencia y la organización política, en congresos donde la mezcla de “nacionalidades” era moneda corriente. No se puede dejar de mencionar que, José de San Martín, Padre de la Patria, libró una sola batalla por la independencia en territorio argentino: todas sus luchas fueron en territoriosextranjeros”. Sin embargo, las pujas de las oligarquías locales fogoneadas por los intereses de viejos y nuevos imperios desataron enfrentamientos bélicos sangrientos, que desbarataron las posibilidades de consolidar a las Provincias Unidas.

Ya en el Siglo XX, continuaron los esfuerzos por alcanzar la unidad entre los países, desplegando estrategias para la cooperación en momentos de catástrofes naturales, como en tiempos de Evita y de Juan Domingo Perón, cuando la Argentina socorría con todo tipo de recursos materiales y humanos al país que lo necesitara y se conformó un interesante antecedente de unidad: el ABC, la alianza estratégica entre Argentina, Brasil y Chile; años después se conformó el Mercosur, integrado por Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, a los que se sumaron Venezuela y Bolivia.

La Unasur cumplió un rol muy importante en defensa de las democracias, siempre frágiles, siempre agredidas por los poderes fácticos internos y externos, empezando por el gobierno de Evo Morales, jaqueado por un intento de desestabilización (2008); defensa del gobierno constitucional de Manuel Zelaya, en Honduras, finalmente derrocado (2009); Declaración de Bariloche que estableció a “Sur América como Zona de Paz”, por la instalación de bases militares en Colombia (2009); fuerte acción diplomática de Kirchner, ante la ruptura diplomática entre Colombia y Venezuela y el riesgo de un enfrentamiento bélico entre ambos países (2010); se frustró el golpe de Estado para derrocar a Rafael Correa, en Ecuador (2010); expulsión del Paraguay por el derrocamiento del presidente Fernando Lugo (2012); múltiples gestiones diplomáticas para desmontar los intentos desestabilizadores en Venezuela (2013 y 2015).

Además, y siempre con la sustancial impronta del respeto irrestricto a la Democracia y a la libre determinación de los pueblos, la Unasur fue un ámbito ideal para crear vínculos de cooperación y de realización de acciones solidarias y de ayuda ante catástrofes, complementar bienes y servicios, coordinar operativos de alfabetización, educación, capacitación y de salud, favorecer el intercambio económico, científico y tecnológico, etc. Vale la pena recordar uno de los operativos con mayor carga humanista y solidaria, la Operación Milagro, que consiste en las cirugías oculares que se llevan a cabo en Cuba, financiadas por el gobierno venezolano, que lleva atendidas a 2,6 millones de pacientes americanos y africanos.

Las características de los gobiernos de los seis países que abandonan la Unasur: Brasil, Argentina, Paraguay, Chile, Perú y Colombia ponen en evidencia que las acciones llevadas a cabo por el organismo están muy lejos de sus agendas y no forman parte de sus intereses que, como es sabido, pasan por la defensa de las corporaciones nacionales y extranjeras, la entrega de los recursos naturales a cambio de suculentas comisiones, la timba financiera y el alineamiento con la voracidad del imperio.

Sin embargo, la Unasur es una añeja aspiración de los pueblos suramericanos y queda en pie la fortaleza de los países que la continuarán y de los pueblos que no se marginan ni aíslan de la organización, a pesar de sus circunstanciales gobiernos. Como una demostración de esa voluntad de supervivencia queda la sede en un lugar paradigmático: la Ciudad Mitad del Mundo, en Quito, Ecuador, en donde se levanta el bello edificio como un símbolo de la Libertad, obra del genial artista plástico y arquitecto Diego Guayasamin, que tiene en su entrada una estatua muy representativa de Néstor Kirchner, con su eterno saco desabrochado y la corbata al vuelo del viento patagónico que, con él, supo llegar a todos los confines de la América morena.