Era el único ingrediente que faltaba, para completar el tradicional modelo de la oligarquía gobernando el país: Volver al Fondo Monetario Internacional, para cumplir con su histórica y macabra tarea de saquear a los países y hambrear a los pueblos. Por Silvia Torres

 

La diferencia de los dos modelos vividos por los argentinos en estos pocos dos años y medio se puso en evidencia ayer por la tarde: Hasta 2015, las cadenas nacionales impedían que las señoras pudieran disfrutar de las edulcoradas novelas de la tele, porque la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner necesitaba informar, semanas tras semanas, sobre sus acciones de gobierno para la inclusión, la inauguración de fábricas, escuelas, rutas y autopistas, usinas, entregas de netbooks, etc. etc. y, ayer, la aparición del actual mandatario Mauricio Macri, mucho más lacónico, anunciaba que la Argentina volvía a pedir “auxilio” financiero al Fondo Monetario Internacional.

Macri usó casi las mismas palabras que el ex presidente Fernando de la Rúa en iguales circunstancias, para anunciar su decisión -sorprendentemente preanunciada por el periodista Roberto Navarro, pocas horas antes-, cuando el “mejor equipo de los últimos 50 años” aparentaba no tener certeza alguna al respecto, en virtud del nivel de improvisación con el que se dio la noticia y que, 24 horas después, todavía perdura, ya que no hay especificaciones sobre el acuerdo que la Argentina hará con el organismo financiero internacional.

Se desconoce la letra grande y la chica del acuerdo, pero, si se tienen en cuenta todos los antecedentes en la materia, no puede ser más negro el panorama para el pueblo argentino: Ajuste, ajuste, ajuste… ¡Hasta que todo estalle por los aires!

La situación del país no puede ser más catastrófica y, más aún, si se considera el punto de partida que tuvo este gobierno, calificado por Macri y su equipo como responsable de todos los males, incluso en su escueto mensaje de ayer: Hay que recurrir al FMI por “el desastre que nos dejaron en nuestras cuentas públicas”, “producto del enorme gasto público que heredamos” y porque el país “depende mucho del financiamiento externo”, precisamente como consecuencia de la “pesada herencia”, que jamás figuró en los papers que el macrismo usó en sus raid internacionales en procura de inversiones, en los cuales describían a la Argentina con puntillosa prolijidad como un “país desendeudado”, con “sus cuentas públicas ordenadas”, con un “pueblo educado y capacitado debido a la existencia de numerosas universidades públicas y gratuitas estratégicamente distribuidas en todo el país”, con “desarrollo científico y tecnológico”, etcétera.

Este doble discurso –que tal vez es desconocido por millones de argentinos-, da cuenta de una despreciable falla moral que caracteriza a Macri y sus adláteres y que tuvo su máxima expresión en el discurso de campaña y lo hecho por su gobierno. Contenidos discursivos que, multiplicados al infinito por los mentimedios hegemónicos y las redes sociales, impusieron prejuicios como que los “choriplaneros debían ir a trabajar”, pero sostienen los planes sociales, aunque despojados de toda connotación que implique desarrollo: ahora sí tienen el carácter de miserable limosna, para millones de pobres, que jamás dejarán de serlo y que jamás conseguirán un trabajo digno.

Es que si hay algo que no le importa al gobierno de Cambiemos es el trabajo de los argentinos: La apertura indiscriminada de las importaciones; la falta de incentivos a la producción primaria y al desarrollo industrial; el cierre de fábricas, pymes, comercios y servicios, además de los despidos masivos que desmantelan servicios vitales que debe cumplir el Estado, son una muestra de ello.

No es necesario ir demasiado lejos para saber qué piensan los Cambiemos del trabajo. El desarme del programa Agricultura Familiar -vital para las pequeñas chacras misioneras y cuyo resultado es palpable cotidianamente en los miles de kilos de alimentos que se producen y consumen en la provincia-, disparó la opinión del ex diputado provincial, Alfredo Schiavoni, a quien le sobran chapas de macrista por ser actual funcionario del ministerio del Interior y hermano del senador Humberto Schiavoni, presidente del PRO, quien justificó el desmantelamiento del programa y el despido de su personal, porque “los técnicos no estuvieron a la altura de las circunstancias” (¿?), porque el programa “funcionaba como un sistema asistencialista” (¿?) y que “es mucho lo que se está haciendo desde el 2016, en cambiar la agricultura familiar” (¿?), conceptos lanzados sin ser acompañados por hechos que demuestren la veracidad de tales opiniones, las expliquen, les den encarnadura, sobre todo teniendo en cuenta que los productores misioneros pudieron revertir mucho de la vida y el destino miserable al que históricamente fueron sometidos, gracias al apoyo técnico en recursos humanos y materiales que recibieron con este programa y que tuvo una repercusión favorable directa en la calidad de la mesa de los misioneros.

Este castigo a trabajadores públicos y privados, a millones de pobres que jamás dejarán de serlo, a otros millones que caerán en la pobreza por falta de oportunidades es el corazón del modelo de la alianza macrista-radical, que habrá de profundizarse con la vuelta de la Argentina al yugo del FMI.