En apenas unos días, la Argentina pasó de ser un “país ejemplar” a ser un “país tóxico”, según la calificación de los medios especializados internacionales y, casi en simultáneo, con el anuncio del regreso a los brazos del FMI. Por Silvia Torres

 

No puede dejar de ser sorprendente el espectacular giro de las calificaciones sobre la Argentina -expresadas tanto por el discurso de Mauricio Macri, sus funcionarios y allegados (Carrió, por ejemplo), que mencionaban las virtudes de un país en crecimiento, con más trabajo, más inversiones y que “lo peor ya pasó”-, pero que, de pronto, debió recurrir de apuro al auxilio del Fondo Monetario Internacional (FMI), así como también los cambios, en cuestión de días, de las opiniones de los medios de prensa internacionales que pasaron de “país ejemplar” a “país tóxico”, para dar cuenta de la culminación de un proceso de evidente vulnerabilidad, que se viene gestando desde el momento mismo en que Cambiemos asumió el gobierno nacional, en diciembre del 2015.

El discurso oficialista, tanto como las crónicas de la prensa nacional e internacional, no se cansaron de alabar la apertura de la economía argentina y la liberalización de sus instrumentos de política económica, hasta que el barco comenzó a hacer agua, prácticamente a partir del segundo año de gestión, cuando fue imposible controlar la inflación junto con el incesante trepar de la divisa norteamericana, el feroz endeudamiento externo y con las LeBaC, en una sucesión descabellada de medidas económicas tomadas por el macrismo.

Todo ello, mientras Macri no se perdía un solo viaje al exterior en busca de la “lluvia de inversiones” y a pesar de que, en la última reunión de Davos, debió soportar que la inefable Angela Merkel le dijera, delante de no pocos testigos, por qué no “convencía a los argentinos, que tenían sus capitales en el exterior, que los repatriaran”. Es que la Argentina, para los ricos nacionales y/o multinacionales adictos al capitalismo salvaje, no es un país confiable: 1) Si gobiernan los populistas, porque les exigen el pago de impuestos y les impiden la fuga; 2) Si gobiernan los neoliberales, se pueden hacer fabulosas ganancias, pero el país estalla al poco tiempo.

Mientras mañana el Banco Central debe afrontar el vencimiento de 670 mil millones de pesos en LeBaC, algo así como 27 mil millones de dólares, que llevó a que el JPMorgan -uno de los bancos que retiró 4 mil millones de dólares la semana pasada-, a afirmar que ese hecho provocaría cierto “desorden”, o sea, fuerte devaluación del peso. La devaluación implica un automático aumento de precios de alimentos, combustibles y tarifas, hechos que impactan sobre la vida del común y corriente de los ciudadanos que, muchas veces y con sobradas razones, desecha atender los movimientos de los mercados financieros, a pesar del impacto que éstos tienen sobre la vida de la población.

No podía ocurrir otra cosa. La eliminación del “cepo”, la liberación de la comercialización del dólar y la simultánea aparición del dólar especulativo, las altas tasas de interés, la dolarización de la economía, la fuga pavorosa de capitales (casi 23 mil millones de dólares, en 25 meses), la eliminación de las retenciones a exportaciones de granos, carnes y a la minería, la apertura indiscriminada de las importaciones y los vencimientos acumulados en un solo día por la cifra hiper gigantesca mencionada, son las decisiones gubernamentales que crearon el desastre del país tóxico que es hoy la Argentina, no solo para los timberos de las finanzas, sino para los propios argentinos. No hubo “pesada herencia”, sino una seguidilla de decisiones políticas erradas.

Con la soga al cuello, Macri decidió volver al FMI en procura de la tradicional receta: Un stand bay, es decir, el crédito con cuenta gotas que el organismo entrega previa revisión del cumplimiento de las condiciones que impone: Ajuste, ajuste y más ajuste.

Los argentinos conocen muy bien cuál es el resultado de todo este cóctel nocivo que azota al país. Con un Poder Judicial esclavo de los poderes fácticos, ¿será posible que el Parlamento encuentre alguna medida para paliar el veneno que afecta a la sociedad con hambre y violencia? Es una esperanza. De no ser así, el caos es la obvia consecuencia