El pasado ya llegó. Empleo y salarios en franca decadencia, tarifazos, conflicto social creciente y ajuste en aumento, junto con los precios y la deuda, dan la pauta de que lo que, en 2015 era el futuro, es cada día más idéntico del pasado y se torna premonitoria la famosa frase de la gobernadora bonaerense, cuando el triunfo electoral. Por Silvia Torres

 

La semana pasada, además de haber estado dominada por una nerviosa incertidumbre por los movimientos de los mercados, fue oportuna para que, el ahora coronado “coordinador general del área económica”, Nicolás Dujovne y el inefable jefe de Gabinete, Marcos Peña, tuvieran un ataque de sinceridad. El primero, afirmando que el crecimiento sería menor que la inflación y un bien que se atrasaría en llegar, en una Argentina que esperaba ansiosamente el “próximo semestre”, en tanto que, el segundo, anunciaba la preparación del presupuesto del año próximo eludiendo las “mentiras”, “hablando con todos”, en procura de llevar adelante el propósito presidencial de crear el Gran Acuerdo Nacional (GAN), emulando al dictador Agustín Lanusse, creador de la figura para atraer con fines de conducción/ domesticación del peronismo, cuyo creador, Juan Domingo Perón, se encontraba exiliado desde 1955 y cuando corría julio de 1971.

Todo ello, mientras el acuerdo con el FMI sigue cosechando rechazos en la ciudadanía, a pesar de que los funcionarios macristas-radicales pregonan las mejoradas diferencias del organismo –positivas, bondadosas, generosas-, en relación con el horrendo pasado que marcó a fuego la memoria de los argentinos. El arreglo se llevó puestos los índices de opinión positiva, que favorecían al Presidente, a la gobernadora Vidal y al gobierno en general indicando, además, la poca expectativa favorable de la ciudadanía sobre el futuro del gobierno y la situación del país.

No obstante, el gobierno presiona al Senado, con algunas bancadas harto permeables a sus requerimientos, para retrasar la aprobación de una ley sobre el precio de las tarifas que, de aprobarse, correría el riesgo de ser vetada, porque Macri insiste en su teoría de que las tarifas no son caras, a pesar de que los ciudadanos de los sectores más vulnerables manifiestan que o comen o pagan las facturas y cunde el modelo enganche ilegal a todos los servicios que lo permiten.

La caótica situación económica social es producto del cierre de miles de pymes, la crisis de las economía regionales, el desmantelamiento de servicios del Estado y el desfinanciamiento de los que sobreviven, etc., abonado por más ajuste por orden el FMI que, entre otras cosas, arrasa con 30 mil millones de pesos en obra pública, lo cual significa que las provincias no contarán con financiamiento para la continuidad y/o finalización de muchas que forman parte de la “pesada herencia”, con impacto lapidario sobre el sostenimiento y/o creación de puestos de trabajo que, a su vez, jaquea el poder adquisitivo de las familias.

Todo este panorama, a dos años y medio del gobierno de la alianza macrista-radical, pone en evidencia el rotundo fracaso, una vez más, de la oligarquía conduciendo el Estado. Con la repetición casi calcada de las fórmulas aplicadas en dictaduras militares que marcaron la historia nacional en el siglo pasado, la famosa frase de la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal -promovida como sucesora de MM-, el día que la alianza festejaba el triunfo en el 2015: “Cambiemos futuro por pasado”, que no fue un acto fallido, sino la definición contundente de para qué venían a gobernar.