Hace algunas semanas, el INDEC dio a conocer la inflación del mes de abril (2,7%) que profundizó la tendencia alcista de 2018, ubicándose en los niveles más altos del año. Entre las causas más importantes de esta suba se encuentra el incremento en los precios de las tarifas y los combustibles. El tarifazo hizo lo suyo en el mes de abril. Ahora bien, mayo estuvo atravesado por una fuerte devaluación del peso (casi un 25%) lo que permite prever que también será un mes con inflación alta, pero esta vez vinculado a lo que en economía se conoce como pass through: el traslado del incremento en la cotización del dólar a los precios internos.

 

En primer lugar, vale la pena repasar la evolución en el tipo de cambio desde la asunción de la actual gestión. Mientras que en noviembre de 2015 el dólar oficial se ubicaba en $9,6 promedio mensual, hacia marzo de 2018 contábamos con un dólar a $20,2 promedio mensual. Sin embargo, el lapso de tiempo que nos interesa destacar es el transcurrido entre los meses marzo y mayo del corriente año, donde se produjo una devaluación cercana al 25% (considerando una cotización del dólar a $25, el promedio mensual lo hará mermar un poco).

El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) junto al Instituto de Economía Popular (INDEP) a partir de un relevamiento de precios de los productos que componen la canasta básica, realizaron el informe “precios en dólares, salarios en pesos”, donde dan cuenta del fuerte incremento en gran parte de los productos entre marzo y mayo, el período involucrado en la “corrida cambiaria”. Allí, se demuestra que el total de la canasta relevada sufrió un aumento de 14,44%, casi alcanzando el 15% que opera como tope de la suba salarial impuesto por el Gobierno.

Los productos que más aumentaron, de los 37 que componen la canasta básica, tuvieron incrementos entre 44% y 22%. El chorizo parrillero, alimento muy extendido en los sectores de menores ingresos, tuvo un aumento de 44%, el tomate rendondo tuvo un incremento de 40%, considerando que en el caso de las frutas y verduras también operan factores estacionales, el pan aumentó un 38%, la harina común y la carne picada un 24% y la gaseosa cola de dos litros y medio 22%. Esto configura un escenario de aumentos contundentes asociados al aumento del tipo de cambio.

Ahora bien, la dificultad en el control de los precios en general y de los alimentos en particular no es un problema característico sólo de “la corrida” sino que ha estado presente a lo largo de la actual gestión desde que asumió. La corrida aceleró momentáneamente el problema, pero las dificultades en el control de la inflación están desde el inicio. El informe de CEPA – INDEP demuestra que, desde diciembre de 2015 hasta la actualidad, productos de la canasta básica han manifestado incrementos entre el 200% y 300%.

En síntesis, a partir del relevamiento de precios detallado en el informe, es posible inferir que el incremento en la cotización del dólar impactó sobre los precios internos. El informe muestra incrementos en los productos de la canasta de entre 44% y 22% en los casos más importantes pos devaluación. Por otra parte, los incrementos de la canasta en general llegan casi al 15%, idéntico al techo impuesto a las paritarias. Esto configura un escenario de pérdida de poder adquisitivo para los sectores con ingresos fijos, asalariados, jubilados y perceptores de asignaciones, generando efectos recesivos en la economía a partir de la contracción de la demanda agregada. Si cae el poder adquisitivo, hay menos porcentaje del salario para consumir.

Por otra parte, el relevamiento muestra enormes dificultades para el control de los precios desde el inicio de la gestión y es posible enumerar algunas medidas que contribuyeron fuertemente a ese desequilibrio. En primer lugar, la quita de retenciones a las exportaciones, instrumento clave para desacoplar el precio internacional de los alimentos de lo que ocurre en el mercado interno. Habitualmente, se asocia a las retenciones estrictamente con un mecanismo recaudatorio; sin embargo, operan también como mediación frente a un escenario de aumento del dólar que encarece el precio productos exportados (en Argentina son fundamentalmente alimentos). De no existir mediación alguna, los exportadores traducen ese incremento en el precio internacional de los alimentos al mercado interno generando un proceso inflacionario. En segundo lugar, el desmantelamiento del programa “Precios Cuidados” también constituyó una medida en detrimento del control de los precios, ya que abordaba el problema de la concentración de la oferta y la capacidad de remarcación de los supermercados. Por último, la liberalización del mercado de capitales volvió al país muy vulnerable a los shocks externos, en la medida que impide el establecimiento de un tipo de cambio estable, obligando a devaluar la moneda en momentos de fuga hacia el dólar como fue la última corrida.