Vetar una ley que alivia el bolsillo de la mayoría del pueblo, tratar de continuar con una estafa al Estado pagando una antigua deuda familiar con un bien que no vale ni la cuarta parte, quitarle el derecho a los pobres de acceder a la universidad pública y gratuita y mentir, mentir y seguir mintiendo, no son más que algunos de los hechos protagonizados por el gobierno macrista, en una seguidilla que muestra su coherencia antipopular y antinacional. Por Silvia Torres

 

Era harto previsible que Mauricio Macri vetara la ley que retrotraía las tarifas de servicios a diciembre del 2017 –como lo hizo con la ley antidespidos-, continuando con su coherencia política para saquear los bolsillos del pueblo argentino y favorecer a pocos potentados que, como él, conforman la flor y nata de los ricos de la Argentina plagada de sus parientes, amigos y socios. Es la esencia de su modelo de gobierno: la concentración de la riqueza en pocas manos.

Macri había anunciado su decisión y, luego, explicó que no tenía la “varita mágica” para obtener el dinero para cubrir las tarifas y desafió al Parlamento porque no le dio instrucciones al respecto. ¡Sorprendente! Que un mandatario, que maneja SOBERANAMENTE todos los recursos y las posibilidades económicas financieras de una Nación, no sepa de dónde obtener recursos para cubrir las fabulosas ganancias que se llevan las prestadoras de servicios eléctricos, por ejemplo, que, en dos años, se elevó a 16 mil millones de pesos* y va en crecimiento.

¿Cómo se podrían cubrir los efectos económicos de la ley vetada y que Macri no sabe cómo hacerlo? A esta escriba se le ocurrieron algunos tips, como por ejemplo: 1) Disminuir el nivel de ganancias de las empresas (claro que una no tiene ni una mísera acción en ellas); 2) Establecer algún porcentaje en las retenciones a las exportaciones agrícolas y mineras; 3) Frenar los gastos en compra de armas y en movilidad de la gendarmería en acciones represivas; 4) Aumentar ciento por ciento las alícuotas de las importaciones en bienes que no sean imprescindibles para el desarrollo industrial; 5) Reponer el impuesto a los bienes personales; 6) Frenar la fuga de dólares de las empresas extranjeras hacia sus casas matrices. En caso de los inversionistas golondrinas, aplicar puntualmente los impuestos que corresponden.

Claro, para que esto sea posible, Macri no debiera ser Macri y su gobierno no debiera estar integrado por los 40 principales operadores que integran el Barcelona de los fondos buitres y del mundo financiero.

Su decisión es coherente, como es coherente toda la lista de mentiras vertidas durante las dos últimas campañas electorales –no incluimos las que llevó a cabo como jefe de Gobierno de la CABA, porque ya sabemos que los porteños son otro mundo-, para hacer todo lo contrario siendo gobierno, porque ese cinismo, esa vocación desprejuiciadamente expoliadora es una marca registrada de la oligarquía.

Macri es el modelo más perfecto, por eso fue candidato del establishment. Pero no es el único, como se pudo comprobar con los papelones de la gobernadora Vidal que no puede manejar su subconsciente, que aflora como agua pútrida de cloaca: desde aquel “cambiemos futuro por pasado” a su última pregunta, acerca de si era justo “llenar la provincia de universidades públicas cuando todos sabemos que nadie que nace en la pobreza llega a la universidad”.

Es la profunda y dramática ignorancia de los oligarcas, encerrados en cotos sociales, educativos, deportivos, que no conocen nada de lo que ocurre por fuera de los muros de sus cómodas vidas. Conocen a los pobres a través de los relatos telvisivos o película y la única carnadura de los mismos son sus mucamas, jardineros, choferes, niñeras debidamente uniformados y despersonalizados en toda su dimensión humana. No son personas, son pobres.

Muy oportuna y necesaria fue la reacción de decenas de rectores de universidades y decanos de facultades dando cuenta del craso error del macrismo. Concretamente, Javier Gortari, rector de la UNaM, informó que de 25 mil alumnos con los que cuenta la institución, 80/90 % son los primeros de sus familias que asisten a ese nivel educativo, además de que de 27 mil profesionales con que cuenta la provincia, 21 mil son egresados de la alta casa de estudios misionera.

 

 

 

*Ganancias en millones de pesos de las empresas que prestan servicio eléctrico en CABA y GBA, en 2017: Edenor: 491; Edesal, 193; Transener, 2.300; Central Puerto, 3.728; Central Costanera, 369; Pampa Energía, 4.716.Estas exorbitantes ganancias provocaron que las acciones aumentaran su cotización en la Bolsa en porcentajes que van de 177 % a 706 %. Muchas de estas empresas son propiedad de amigos (¿socios?) de Macri.