La paradigmática clase media argentina, otrora protagonista y destinataria de muchas políticas económicas y sociales, se encuentra en franca decadencia por los golpes que recibe del gobierno macrista-radical el que, sin embargo, recibió el aval electoral mayoritario de este sector. Por Silvia Torres

 

 

Como ocurre con cualquier persona que se deja conquistar por palabras que suenan bellas para el oído, que seducen y enamoran, la clase media argentina se volcó masivamente a apoyar a Mauricio Macri para ocupar la presidencia de la Nación, alejada de la más mínima sospecha de que la alianza presidida por el empresario iría a traicionar vilmente las expectativas de mayor ascenso social, de acumulación de bienes y riqueza, tal como prometía el candidato que reunía, desde el aspecto físico hasta el discurso ideal para la pequeña burguesía nacional.

La sospecha de la traición se manifestó de inmediato, siempre y cuando los ciudadanos quisieran verlo, en tanto otros, persisten en la repetición del relato construido en los laboratorios comunicacionales de la alianza, con la finalidad de hacer perdurar el mayor tiempo posible que el relato es la realidad y no que la verdad es la realidad que se registra en los tarifazos; los aumentos de precios de los alimentos, los combustibles, los alquileres; en el descenso del poder adquisitivo de los ingresos y del consumo, etcétera.

Según algunas empresas que estudian los efectos sociales de las políticas aplicadas por el macrismo coinciden en que, en dos años, la clase media se achicó entre 5 y 8 % -se cree que en los últimos seis meses ese porcentaje aumentó, por el impacto de la inflación sobre los sueldos-, pasó a formar parte de una clase media baja, que linda con los índices de pobreza, conforme la relación entre sus ingresos-egresos.

Los precios de alimentos, combustibles y servicios públicos en constante aumento, que no son acompañados por similar comportamiento de salarios, impactan en el nivel de consumo de la clase media que comienza a desplegar todo tipo de cambios de hábitos para estirar el dinero disponible: desde achicar los servicios del personal doméstico a compras de alimentos, salidas, vestimenta, vacaciones, etcétera. Ocurrió en los últimos dos años que familias con cuotas de autos 0 km y del Procrear, por ejemplo, no pudieron salir de vacaciones, por primera vez en años.

Asimismo, se siente el impacto negativo sobre otros rubros de consumo menos habituales, como el cambio de muebles, arreglos y ampliaciones del hogar, cambio de automóviles, ingreso y permanencia en universidades privadas, en virtud de que, tanto los asalariados de este sector como los trabajadores independientes –profesionales, comerciantes, pequeños industriales, etc.-, han visto disminuir sustancialmente sus ingresos.

Las perspectivas económicas de la Argentina, a pesar de los discursos rimbombantes del oficialismo cada día menos atendibles y creíbles por la realidad adversa, son desalentadoras, debido a la gigantesca deuda y del escollo que implica el sometimiento al FMI, con su tradicional programa de ajuste para garantizar el cumplimiento del pago de la deuda.

¿Qué puede esperar la clase media argentina? Ninguna otra cosa distinta que todos los otros sectores sociales, excepto aquellos que forman la elite de grandes productores y exportadores agropecuarios, los banqueros y los titulares de las corporaciones nacionales y multinacionales. Más bien, debiera comenzar a convencerse de que es imperiosa la unión con los trabajadores y las organizaciones sociales, para resistir. Caso contrario, el paraíso estará cada día más lejos de ser alcanzado.