El próximo 16 de junio se cumplen sesenta y tres años del bombardeo a Plaza de
Mayo por parte de aviones de la Marina, con la intención de asesinar al presidente
Juan Domingo Perón. Casi 400 muertos y más de 600 heridos fue el saldo del
siniestro atentado. Por Silvia Torres

 

El 16 de junio de 1955 los aviones Avro Lincoln y Catalinas de la Armada argentina,
que lucían la inscripción Cristo Vence, procedieron a bombardear y ametrallar
durante varias horas la zona de Plaza de Mayo y la residencia presidencial, el Palacio
Álzaga Unzué-demolido luego de 1955 y donde se construyó la Biblioteca Nacional-,
con la intención de asesinar al presidente Juan Domingo Perón, que cumplía su segundo
mandato.

Este hecho, que fue la culminación de un proceso de odio y violencia de la oligarquía en
contra del carácter eminentemente popular y antiimperialista del gobierno, constituyó
un atentado que tiene un siniestro privilegio en el mundo entero: haber convertido a la
ciudad de Buenos Aires en la única que fue bombardeada en tiempos de paz y por sus
propias fuerzas armadas.

Hecho aberrante, sin dudas, en la historia de la Humanidad, casi increíble para el
común de la gente en el mundo y materia de estudio y análisis en altas casas de
estudios de gran prestigio (Harvard, La Sorbona, los archivos de la Unesco, entre
otros), que reunieron documentación de gran valor histórico y que fue la única fuente de
información y consulta para investigadores argentinos, hasta la llegada de la
Democracia, cuando fue posible repatriar copias, ya que luego del golpe que depuso al
gobierno peronista, el gobierno de facto se ocupó de destruir todo lo que pudiera
significar algún rastro del peronismo.

La oligarquía no dejó de llevar adelante diversas manifestaciones violentas y
antidemocráticas contra la organización de los trabajadores y el ascenso social, que
provocó la novedosa legislación del Trabajo, que fue muy resistida, así como también
los demás derechos sociales para proteger a la niñez, a la ancianidad, a las mujeres, a los
enfermos, especialmente que se trataran de los sectores más pobres y vulnerables del
país. La violencia que desató la oligarquía pretendió contrarrestar la voluntad
emancipadora del pueblo argentino y, sobre todo, hacer un escarmiento por la
distribución de la riqueza, lo cual también disparó la violencia genocida posterior en la
Argentina.

Una escueta síntesis de aquel luctuoso hecho da cuenta de:
Coordinador: Almirante Samuel Toranzo Calderón. Comando: Capitán de navío
Enrique Noriega. Idea y organización: Capitán de navío Jorge Bassi, sobre el ejemplo
de lo ocurrido en Pearl Harbour.
12:40 Hs.: Cayó la primera bomba de 110 kg sobre la Casa Rosada. Mató a dos
ordenanzas.
Objetivos: Matar a Perón y escarmentar al movimiento obrero y al pueblo en general.
Provocar el levantamiento de unidades militares de Entre Ríos, a cargo del general
Bengoa, así como también las de Córdoba, las unidades navales de Puerto Belgrano y
desplegar infantes de marina. Accionar los comandos civiles, que eran grupos de civiles,casi todos jóvenes de las clases altas porteñas, que estaban armados y ejercían
sistemática violencia sobre los sindicatos y los trabajadores, a la salida de las fábricas y
en los barrios populares. Todo ello para derrocar al gobierno democrático.
Complicidad: Sectores eclesiásticos; de la oposición política: Radicales, como Miguel
Ángel Zavala Ortíz, Roque Carranza, Roberto Sanmartino, entre otros; socialistas:
como Américo Ghioldi; nacionalistas católicos, como Mario Amadeo, padre del actual
diputado Eduardo Amadeo, etcétera.
Bombardeo: Se desarrolló mediante 3 ataques –El 1º y 2º sobre Plaza de Mayo y
adyacencias, sobre gente reunida para ver el desfile aéreo en desagravio a San Martín.
El 3º, fue más sobre la zona de la residencia Presidencial. Sobre la Casa de Gobierno
cayeron 29 bombas, que provocaron la muerte de 12 personas.
Jefes: Los jefes de la Armada eran: el almirante Emilio Olivieri, ministro de Marina,
quien tenía como estrecho colaboradores a Emilio Eduardo Massera, a Horacio
Mayorga y al capitán Cacciatore, quienes tuvieron destacada participación en la
dictadura genocida de 1976-1983. Los jefes del atentado propiamente dicho fueron el
almirante Toranzo Calderón y el vicealmirante Benjamín Gargiulo, quién, ante el
fracaso del operativo, se suicidó.
Leales: El ejército se mantuvo leal a la institucionalidad: el cuerpo de Granaderos, el
Regimiento 3 de La Tablada, la base aérea de San Luis, que tenían aviones a reacción,
entre otros. Hubo una férrea resistencia de los Granaderos, que libraron un combate
muy desigual en cuanto al número de hombres y de armas: 40 vs. 300 infantes de
marina y máuser vs fusiles automáticos belgas. También se activaron defensas
antiaéreas y tanques Sherman, apostados en Palermo
Rendición y asilo en Uruguay: Los terroristas huyeron con los aviones al Uruguay,
donde encontraron asilo. Los que permanecieron en el país, fueron juzgados,
degradados y puestos en prisión, pero con el golpe de estado que depuso al gobierno
democrático, en septiembre, fueron de inmediato liberados.