No cumplió ninguna de las metas encomendadas y su postura en favor de un Banco Central activo chocó con las recomendaciones de “dólar libre” del FMI. Caputo lo reemplaza y Dujovne suma Finanzas.

 

Confiamos en que podemos contar con su apoyo”, dice la última línea de la carta de presentación del Memorando de Entendimiento dirigida a Christine  Lagarde. ¿Los firmantes? Nicolás Dujovne y Federico Sturzenegger. Podría interpretarse que al primero se le cumplió el deseo; recibirá el apoyo del FMI, que bendice su nombramiento al frente de las reunificadas carteras de Finanzas y Hacienda. Al segundo, Sturzenegger, el desplazamiento de la titularidad al frente del Banco central y su reemplazo por Luis Caputo, quien deja la cartera de Finanzas en manos de Dujovne, el ministro coordinador del ajuste que dispondrá el Fondo Monetario. En medio del caos económico, medidas contradictorias, alejamiento de los grandes capitales que empujaron a Mauricio Macri a la presidencia, el gobierno intenta reordenar las piezas, poniendo en cabeza de los funcionarios más confiables a criterio de la directora gerente del FMI, la gestión del programa de ajuste que se aprobará en Washington el próximo miércoles 20.

Ni baja de inflación ni estabilidad cambiaria. Para peor, un clima económico financiero que hace más propicia la especulación financiera que la más rentable de las inversiones posible. Estos fueron los resultados de una política económica, financiera y cambiaria que ejecutó, durante dos años y medio, “el mejor equipo de los últimos 50 años”, como lo calificó el Presidente de la Nación, con un integrante “que juega en la Champion League”, como dijo Marcos Peña de Caputo, por su pasado como operador en los mercados especulativos de Nueva York. Pero en el punto más profundo –hasta ahora– del colapso financiero, el gobierno encontró un chivo expiatorio: a Federico Sturzenegger (a quien no se le podrán restar méritos para ocupar ese lugar) se le endilga, incluso, “no haber sabido aprovechar el impulso dado por el compromiso del Fondo” de acordarle al país un crédito stand by por 50 mil millones de dólares.

 

Página/12