“Pasaron cosas” y por eso aterrizó el FMI; porque no fue suficiente el gigantesco endeudamiento en pesos y dólares que creaba nuestro “bienestar”, con abundante desocupación, cierre de empresas, disminución del consumo, hambre…La huelga es la reacción obligatoria y necesaria para, por lo menos, tener presente que existimos. Por Silvia Torres

 

 

El motivo por el que hubo que recurrir al FMI, la institución que maneja como ninguna otra la usura internacional y que sojuzga a los pueblos que recurren a sus agobiantes servicios, es porque “pasaron cosas”, según la explicación de Mauricio Macri, ¡tan bien que venían las cosas en el país! Apenas con miles de millones de dólares de endeudamiento, más el billón y pico de las LeBaC, una política fundada exclusivamente en la timba financiera y en garantizar que los ricos se lleven todo, mientras la pobreza se extiende sin pausa asolando a los sectores populares para comenzar a lesionar también el bienestar de la clase media.

Con ese marco y ya sin escapatoria, la CGT conducida por condescendientes dirigentes, debió convocar a una huelga general, una tarea nada fácil con gremialistas que comparten negocios con empresas macristas en todos los tiempos y, entonces, habrá que ver si en lo inmediato tienen la intención de asumir la genuina representación de los trabajadores.

Una representación que debe erigirse en vanguardia para revelarse contra la pobreza, contra el hambre, contra el avasallamiento de los derechos, contra la ausencia de puestos de trabajo o tienen el carácter de mayor esclavitud, contra la pérdida del techo, de los medicamentos, el abrigo, la desaparición de las oportunidades, la censura y el manifiesto deterioro de los servicios de justicia.

Las palabras de los hombres y mujeres del gobierno no pudieron explicar ni ocultar este estado de cosas y, menos que menos, referirse al saqueo, al robo, a la insaciable codicia de los ceos que conducen los destinos del país, que comprometen por incontables años el futuro de los argentinos ya nacidos y de los que van a nacer en los próximos quinquenios, como la causa que da origen a este deterioro dramático en las condiciones de vida de las grandes mayorías, que se expresan en que 6 de cada 10 familias no alcanzan a cubrir los gastos mensuales, en que se reduce el consumo, incluido el alimentario y el acceso a medicamentos, entre tantas otras privaciones.

Algunas definiciones fueron sorprendentes, como siempre que algún funcionario abre la boca, empezando por el primer mandatario. Además del “pasaron cosas”, hay que agregar la calificación, con intención de desprestigio, de “política” a la huelga que se desarrolla con contundencia. Con lo cual, más que devaluar la decisión, la revalúan, la aprecian, la exaltan como lo que es: un instrumento propio de los trabajadores, como sector activo de la sociedad, para encarar luchas en pos de la obtención de derechos y reivindicaciones, sean salariales o en las condiciones de trabajo. La huelga siempre es política, pero se entiende que estos burócratas de pacotilla no alcancen a dimensionar este tipo de definiciones, preocupados como están en acumular más y más riqueza.

El paro de los trabajadores tuvo un alto acatamiento en casi todas las actividades económicas y a lo largo y a lo ancho del país, para expresar una protesta en contra de las políticas antilaborales, antiindustriales, que agreden las actividades económicas sin distinción, excepto aquellas que se expresan en la timba financiera y el acuerdo vergonzoso con el FMI. El gobierno llenó las calles con gendarmes y prefectos –que ya no cuidan fronteras ni las aguas territoriales-, además de policías, para amedrentar a los trabajadores movilizados para expresar la indignidad que azota la vida cotidiana.

Pasaron cosas en esta Argentina del retroceso, del saqueo, de la expoliación, de la pérdida de derechos. Pasaron cosas y es casi seguro que seguirán pasando, mientras no haya respuestas al clamor de un pueblo que no está dispuesto a vivir de rodillas