Con cara de piedra, Dujovne afirmaba que el FMI no es el de antes, sino que ahora está dotado de una gran bondad para con los pueblos a los que engancha como clientes. Despidos, ajustes, mucha más hambre y miseria dan cuenta de la nueva mentira de la alianza macrista-radical. Por Silvia Torres

 

¿Alguien, con un ínfimo de memoria, creyó en las aseveraciones de Nicolás Dujovne, el inefable ministro de economía de la alianza macrista-radical, sobre la bondad del FMI? Es posible que sí, en virtud de que el cerrojo mediático que alimenta la conciencia de muchos argentinos favorece la formación de credibilidades inconducentes y erradas. Pero la realidad, (¡ay la realidad de la heladera vacía!), puso a los crédulos en la senda de la verdad.

Lo cierto, lo verdaderamente cierto es que esa aseveración del periodista que consumía whisky en la tele y luego devino en ministro, forma parte de la amplia e interminable galería de viles mentiras, pergeñadas en los laboratorios político-comunicacionales, que son la esencia del gobierno del meteorólogo Mauricio Macri, timonel de una tormenta por él inventada y desplegada en toda la Argentina, en virtud de su impericia, de su desapego por las normas constitucionales y de su desprecio por el pueblo argentino.

Claro que también hay una responsabilidad social, en la opción del voto en las dos últimas elecciones, ahora bajo sospecha de manipulaciones espurias e irregulares, tal como lo denuncian los medios de información alternativos, que destaparon la olla de corrupción en el financiamiento de las campañas y que extendió la marea de mala espina sobre la manipulación del escrutinio.

Lo que hay que tener en cuenta es que no hubo ni hay “segundo semestre” ni “brotes verdes” ni “luz al final del túnel”, sino exactamente lo contrario, porque la riqueza no “derrama” automáticamente, si no existe un poder político que determina que la torta debe ser compartida entre todos y que quienes más ganan, deben aportar más a la conformación de esa torta.

El FMI es el de siempre y el gobierno de la alianza macrista-radical también es típico del neoliberalismo-conservador, que privilegia sus negocios y el de sus familias y amigos, tal como se palpa cotidianamente y tuvo una nueva demostración con el mensaje de la vicepresidenta Michetti, en la Sociedad Rural. Esa es la mirada, ese el objetivo, ese el modelo de país: dineros concentrados en manos de terratenientes sojeros y vacunos, país donde sobra, por lo menos, la mitad de los habitantes.

Ello explica que se perdieron casi 76 mil puestos de trabajo registrado en el sector privado, en tanto que la industria manufacturera despidió a 78 mil trabajadores en la era macrista-radical, con el marco de una desbocada inflación que pulveriza los salarios que quedan en pie, además de la fuga de 83.232 millones de dólares, con una proyección que alcanza unos 156 mil millones, conformada por la fuga propiamente dicha, la compra de dólares para ahorro, turismo y remisión ilimitada de utilidades de las multinacionales y la importación. Mientras, la mentira vuelve a ser el instrumento imprescindible de los funcionarios, festejando una temporada de turismo invernal exitosa a la que calificaron de récord por las 5 millones de personas que pasearon y olvidaron que en 2015¡fueron 13 millones 200 mil! ¡Ese es el récord!

La disconformidad y el mal humor social aumentan día a día y se expresan en la interminable sucesión de protestas y manifestaciones. Obvio. El empoderamiento de trabajadores, de jóvenes y de mujeres -que conforma la “pesada herencia”-, no se va a quedar con los brazos cruzados, mientras el hambre y la desolación avanzan sobre sus hogares. Por eso, la respuesta de la alianza macrista-radical es poner más fuerzas militares en las calles de las distintas regiones y ¡hacer una nueva promesa!: Los beneficios de las medidas gubernamentales se van a cumplir no en el “segundo semestre”, sino en el “segundo mandato”.

El problema es que ya nos acostumbramos a que, todo lo bueno que está por venir, ¡es mentira!