El 7 de agosto se conmemora a San Cayetano, el protector del pan y del trabajo, y todos los años moviliza a miles de creyentes que se acercan a los templos a agradecer, en tiempos de vacas gordas o a implorar, en tiempos como los actuales. Por Silvia Torres

 

San Cayetano erigido en protector del trabajo y proveedor del pan para los hombres y las mujeres del mundo católico, moviliza a miles de personas que se acercan a los templos bajo su advocación, para agradecer cuando son tiempos benignos para el pueblo, cuando el trabajo es un bien al alcance de todos al igual de los medios indispensables para una vida digna y para el desarrollo normal de las familias.

Sin embargo, esto cambia cuando los tiempos están marcados por la impiedad de gobiernos indiferentes al interés de las mayorías, sometidas a políticas de despojo, de miseria y de hambre. Entonces, San Cayetano se erige en el refugio ineludible para las grandes mayorías católicas, que se acercan implorantes, sufrientes a pedir el milagro, tarea improbable hasta que no ocurre el cambio de las políticas que determinan los efectos nefastos sobre los pueblos.

Es imposible que no haya lugar –ciudad grande o pequeña, pueblo grande o pequeño-, que no tenga una capilla dedicada a San Cayetano y es motivo de interés, para los medios de comunicación las infinitas filas y las pobladas misas que se llevan a cabo, en homenaje al santo. Se toman testimonios en donde se registran las dolientes y hasta desesperadas peticiones que la gente emite, para implorar por lo que es indispensable para la vida, todo lo cual conforma un cuadro doloroso de cómo es la realidad que se vive.

Es lo que caracteriza y se acentúa en los últimos años en cada conmemoración de San Cayetano, reflejo fiel de la realidad imperante en la Argentina, donde se pone en evidencia el saqueo que padece el pueblo debido a la acción de un gobierno desprejuiciado, corrupto y mentiroso, que da la espalda a las necesidades esenciales de todo ser humano.

La gigantesca cantautora Teresa Parodi compuso una canción reflejando esta realidad que se da cada 8 de agosto, con el título Bendito San Cayetano, que dice así: “Tímidamente los hombres/ llevando sombrero en mano/se inclinan mordiendo un ruego/ llegando al viejo santuario./ Las mujeres y los niños/En corrillos apretados/ Se persignan y le rezan/ Su amor a San Cayetano./ La procesión encendida/ Con sirios y con reclamos/ Corea un cántico antiguo/ Corea un antiguo salmo:/ San Cayetano te pido/ Que tenga pan y trabajo/ No nos dejes sin tu ayuda/ Bendito San Cayetano./ “El que debe responder/ No ha de ser San Cayetano/ Los que deben responder/ Están mirando a otro lado.”/ El pueblo muy bien lo sabe/ Pero se aferra al milagro/ En tierra quieren el premio/ De algún cielo anticipado./ El olvido siempre empuja/ Con pena a los olvidados/ Buscando amparo en la fe/ No conocen otro amparo./ La procesión encendida/ Con sirios y con reclamos/ Corea un cántico antiguo/ Corea un antiguo salmo:/ San Cayetano te pido/ Que tenga pan y trabajo/ No nos dejes sin tu ayuda/ Bendito San Cayetano./ “En otra puerta será/ En otra puerta el reclamo/ El que debe responder/ No ha de ser San Cayetano.”