Desde la instalación de neoliberalismo rabioso en el gobierno nacional, la provincia de Misiones debió implementar una serie de medidas económicas para paliar la difícil situación, en virtud de su dependencia con la recaudación federal. La eliminación del FFS es uno de los más lesivos y tendrá efectos devastadores. Por Silvia Torres

 

 

La provincia de Misiones, al igual que todos los estados provinciales, viene siendo jaqueada en las posibilidades de su desarrollo económico social, a partir de la instrumentación de un modelo neoliberal duro, que el gobierno de la alianza macrista radical impuso al conjunto de la Nación.

El hiper endeudamiento externo y la estrangulación del aparato productivo -debido a los tarifazos, la inflación, la apertura indiscriminada de importaciones, la reducción del poder adquisitivo de los salarios, la creciente desocupación y la desaparición de incentivos para la producción primaria e industrial-, puso en situación dramática a la industria nacional, que apenas emergía luego de años de inoperancia y que estaba lejos de consolidarse. De allí que, al poco tiempo de la asunción del macrismo-radicalismo, se comenzó a padecer el declive de las pymes y la pequeña y mediana producción agropecuaria, en primer término, para luego afectar a sistemas industriales más desarrollados y complejos.

Dentro de ese marco, a Misiones le tocó padecer efectos negativos sobre la industria maderera, mientras que su condición de provincia de frontera recibía el impacto de las asimetrías sobre el comercio, en tanto que los pequeños productores frutihortícolas, cárnicos y lacteos, que habían consolidado su actividad mediante la venta directa en ferias francas y mercados concentradores, comenzaron a padecer la caída de la demanda por efecto de la caída del poder adquisitivo.

Ante esta situación, el gobierno provincial viene instrumentando distintas medidas para paliar los estragos sobre la actividad económica y la destrucción de fuentes de trabajo. Lo hizo imponiendo tarifas eléctricas diferenciadas al comercio, a la industria y más recientemente, a la elaboración de pan, para permitir un precio accesible sobre un producto básico de la mesa familiar.

Asimismo, cumple puntualmente con el pago del incentivo docente y con los subsidios que corresponden a la actividad tabacalera, que provienen del impuesto a los cigarrillos, que recauda la Nación, pero que jamás distribuye en tiempo y forma, motivo por el cual la provincia afronta el pago con sus propios recursos, para evitar el padecimiento de los chacareros.

La actividad comercial y turística son dos pilares de la economía misionera. Pero también aquí la provincia debió intervenir para sostener, en el primer caso, las desventajas con los países vecinos, tanto por el incesante alza de los precios como por las asimetrías cambiarias. Es así que se implementaron programas para incentivar la compra local, mediante el Ahora Misiones, que permite compras en doce cuotas y descuentos con plásticos de varias instituciones bancarias, sistema que se aplica también para fechas paradigmáticas para el comercio.

El turismo es otra de las grandes apuestas en Misiones, por lo que el gobierno viene implementando una fuerte promoción en el ámbito nacional e internacional, con el fin de continuar con la tendencia creciente de llegada de visitantes, a pesar de las condiciones poco favorables que imperan en el país.

Esfuerzos y creatividad para paliar los efectos nefastos con que el macrismo-radicalismo azota al conjunto de la nación. Aunque la continuidad inacabada de los ajustes, ahora con el zarpazo sobre el Fondo Federal Solidario (retenciones a la soja) FFS, que ataca los recursos con que contaban los municipios, sumados a los 100 mil millones de pesos que las provincias deben “ahorrar” en rubros esenciales como obra pública, subsidios al trasporte, remedios y vacunas, fondo docente, FONAVI, seguridad alimentaria, más los que afectará a servicios de la administración nacional como PAMI, jubilaciones, etc. habrá que convocar a Mandrake para subsanar la debacle económica-social en puerta.

El pueblo deberá ajustarse hasta el hambre, la subalimentación, la enfermedad y la muerte, porque los recursos económicos de la Argentina tienen un solo destino: pagar la fiesta de pocos, que se quedan con toda la riqueza del granero del mundo, que fugaron los millones de dólares de la deuda y de los tarifazos de los servicios públicos. Esos pocos, no son otros que Mauricio Macri, su familia y sus amigos.