Es de manual que cuando un gobierno no puede dar las respuestas indispensables para una vida digna de su pueblo, opta por el espectáculo, el show indiscriminado utilizando los recursos más despreciables, sean legales o no. En medio del deterioro creciente de la economía ofrecen el circo mediático judicial de cuadernos y “arrepentidos”. Por Silvia Torres

Desde hace unos meses, la tormenta no cesa, según las declaraciones del presidente Mauricio Macri: la devaluación alcanza más de 80 %, en los últimos 12 meses e impacta directamente sobre la inflación y, dentro de esta, sobre los alimentos esenciales de la mesa de los argeninos. Si bien, ese fenómeno provoca una mayor competitividad de la economía argentina, es un instrumento riesgoso, porque significa aplicar una terapia que podría matar al paciente, tal como se observa en muchas ramas de la actividad productiva.

Lo que también se debe decir es que la devaluación no es un fenómeno natural, sino una decisión política que se toma dentro de un modelo económico, que favorece a cierto sector y perjudica a la gran masa de trabajadores ocupados, subocupados y desocupados que ven licuarse el valor de sus ingresos, a dos puntas: por el equivalente en dólares de los mismos, cuando hoy el sueldo básico ronda poco más de 300 dólares, igual a los percibidos en 2004/05 y, también, por el costo de vida: alimentos, tarifas, combustible. Vale decir, que la devaluación está por fuera de una tormenta, que sí es un fenómeno natural.

La otra decisión política que compromete por largo tiempo la economía argentina es el endeudamiento externo que es la dramática cara de la “lluvia de inversiones” que nunca se produjo, aunque el gobierno atribuye su decisión y acción a la famosa tormenta. Hoy mismo anunció el adelanto de nuevos fondos por parte del FMI para sostener el largo túnel que deglute semana tras semana millones de dólares, cuyo destino y quiénes son los que lo adquieren es un total misterio. Un poco las importaciones indiscriminadas, un poco el turismo externo… ¿Y el resto?

Este misterio es el que se trata de explicar mediante un nuevo relato que circula en la opinión pública: El endeudamiento es para pagar las “coimas que se fugaron”, de tal manera de aprovechar el show mediático judicial, aunque hasta ahora, no mostraron una sola prueba de las fugas de las coimas, ni de las coimas que pasen del relato burdo de “arrepentidos”, no menos burdos. A diferencia con otros eventos judiciales que en el mundo investigaron la corrupción, en la Argentina no aparecen los bolsos con dinero, las bóvedas con dinero, las cajas fuertes con dinero, las cuentas secretas ni las offshore, excepto aquellas que tienen como titulares a Macri y su familia, a muchos de sus funcionarios y a muchos de los “arrepentidos”, conforme se expresa en publicaciones serias como PanamáPapers (Obermaier-Obermayer); los ParadissePapers (Consorcio Internacional de Periodismo de Investigación – ICIJ); ArgenPapers (O’Donnel-Lukin) y Radiografía de la Corrupción PRO-De la Ciudad a la Presidencia de la Nación (Maradeo-Damiani). Con información que ninguno de los mencionados en estos trabajos, osó desmentir.

Mientras el show transcurre y llena horas de los medios de comunicación masivos, la desocupación avanza y el desastre impacta en pymes, las principales generadoras de trabajo en la Argentina, que ya registran apenas un 56 % del uso de la capacidad instalada, con una caída de la producción del 7, 3 % de la producción de julio a julio y el tendal de desocupados y cierres de empresas.

Según estimaciones de centros de investigación económica, en el final del 2018 la Argentina habría perdido otra década en el proceso de su desarrollo. Macri suele repetir en todos sus relatos, que todo lo “logramos juntos” y “que somos capaces”, mientras crece el endeudamiento con nuevos envíos del FMI, a pesar del incumplimiento de las metas comprometidas, nadie confía en el país. Ni siquiera sus propios socios y amigos y solo le queda una porción de la población que festeja el circo y aplaude las payasadas.