La resistencia a la aprobación del Presupuesto Nacional 2019 se patentizó en la gigantesca movilización del lunes 24 y en el paro general de ayer, que fue contundente en todo el país, con varias consignas que se sintetizanen la oposición al actual modelo político y su descarnada expresión en el presupuesto del año próximo. Por Silvia Torres

 

La desocupación alcanza 9,6 % en el segundo trimestre del año, la más alta en 12 años, índice que llega a 21,5 % en el caso de mujeres jóvenes, 12 % en la provincia de Buenos Aires; Posadas, sin embargo, es la ciudad que menos desocupación registra entre las del nordeste, con 4,5 %. Con este marco, sumado al yerro constante en todas las predicciones gubernamentales, el gobierno nacional pretende que su proyecto de Presupuesto para 2019 sea aprobado a libro cerrado, una posibilidad que cada día es más remota, incluso por parte de las provincias dispuestas a aprobarlo para no impedir que el gobierno nacional cuente con una herramienta fundamental, pero con sustanciales correcciones, tal como afirmó el ministro de Hacienda misionero, Adolfo Safrán.

Así como está, el proyecto prevé que el dólar fluctúe en un promedio de $ 40, muy improbable si se tiene en cuenta que para el corriente año se lo ubicó en $ 23 y ni aún con reservas de 30 mil millones fue posible sostenerlo. Hoy ya alcanza la cotización prevista para 2019.

La inflación que se estipula es de 25 % anual, otro dato de improbable concreción, en virtud de lo ocurrido desde el 2016, cuando se pasó de que “lo más fácil” es su contención, a los 45/50 % que alcanzaría este año. El crecimiento del PBI es otro de los datos incumplidos: 2018 preveía 3,5 % y cae -2,5%, con lo cual hay un error de 6 %, en tanto que para el año próximo se prevé un leve decrecimiento. Estos números dan cuenta de que el macrismo cerraría sus cuatro años de gobierno con disminución del producto en relación con diciembre del 2015 y, hasta ahora, con un posible promedio inflacionario anual de 35 %.

En medio de todo esto, la obsesión del gobierno macrista/FMI es el déficit fiscal que, con los ajustes en aumento, es mayor que los del modelo heterodoxo kirchnerista.

El presupuesto establece notables disminuciones en todos los rubros, comparándolo con el que corresponde al corriente año el que, a su vez, ya había propuesto disminuciones en relación con el de 2016, excepto las partidas que corresponden al pago de los servicios de deuda: Educación y Cultura, – 23 %; Vivienda y Urbanismo, -48 %; Salud, – 8 %; Promoción y Asistencia Social, -20; Agua Potable y Alcantarillado, -20 %; Trabajo, -30 %.

Sin embargo, las partidas destinadas a cumplir con los servicios de la deuda aumentan 50 % en lo que va del trienio, en un proceso descabellado porque el argumento gubernamental para endeudarse fue precisamente que ello evitaría el ajuste que día a día se torna en el factor de deterioro económico y social de la Argentina, ya que el endeudamiento solo alimentó la fuga de divisas y la timba financiera.

Las víctimas son los jubilados, que pierden un sueldo por año; son los más de 90 mil puestos de trabajo de calidad en el sector privado y otro tanto en el público que desaparecieron, aunque en este último sector se achicó la planta de agentes pero no la reducción de salarios, porque los numerosos ingresantes perciben salarios muy superiores a los despedidos. El impuesto a las Ganancias pasó de afectar a un millón de trabajadores al doble y, ahora, se eliminan todas las exenciones, por lo tanto los trabajadores pagarán más y en el sur del país se aplicarán reducciones a los plus de las AUH.

Los últimos afectados son los municipios, a los que se les retira el Fondo Solidario Federal, que proviene de la soja y se distribuye diariamente a las cuentas de las intendencias del país, en proporción a la cantidad de sus habitantes, en tanto que las provincias no recibirán las partidas para subsidiar el transporte de pasajeros y la tarifa social de la energía eléctrica.

Se prevén ínfimas partidas para el sector industrial, en el marco de 7.500 pymes cerradas y los 6 mil millones de pesos menos para las universidades, la ciencia y la tecnología hablan a las claras de que el futuro es más oscuro que el presente, cuando la vida que merece ser vivida es un triste recuerdo y vaya una a saber hasta cuándo.