Con una democracia lastimada y sumamente frágil, los gigantes vecinos del Este decidieron votar masivamente por el candidato ultramontano, en la primera vuelta. Acá, siguen los tarifazos, los aumentos descarados de precios y una nueva demostración de un poder judicial dispuesto a mostrar todas sus decadentes miserias. Por Silvia Torres

 

Con una apabullante cantidad de votos, el derechista Jair Bolsonaro se erige como el favorito de los brasileños para conducir los destinos del gigante de Sud América, en un acto electoral que tiene como marco una democracia aleijada, porque hace un par de años fue depuesta la presidenta Dilma Rousseff en un irregular impeachment, que no pudo demostrar ninguna irregularidad de su gobierno. Luego, se aceleró el proceso contra Luiz Inacio Lula da Silva por la propiedad de un departamento, que ni el juez ni el fiscal ni la segunda instancia pudieron demostrar, en virtud de la inexistencia de registro alguno que lo indique. No obstante, el líder del PT fue llevado a prisión, cuando había comenzado su campaña electoral y cosechaba la adhesión de multitudes, que lo posicionaban por lejos a la cabeza de la carrera presidencial, al mismo tiempo que era agredido con diversos atentados. Finalmente, fue encarcelado, aislado e impedido de tener ninguna participación en la campaña de Fernando Haddad, su reemplazo de apuro.

De ganar Bolsonaro -un militar formado en la más retrógrada ideología, como es común entre los militares del patio trasero, xenófobo, misógino, homofóbico, violento, emocionalmente inestable con varios matrimonios en su haber, adicto a las religiones más oscurantistas y que propone severo ajuste y la privatización de todo lo que pertenece al Estado, o sea, al pueblo brasileño-, habrán severas consecuencias en todos los países vecinos. En el caso particular de Argentina, ¿seremos como Polonia teniendo como límite a la Alemania nazi? Puede ser una exageración poner las circunstancias en estos términos, tal vez la oportunidad histórica no sea exactamente la misma, pero ello no impide que la comparación tenga algún sesgo de validez.

En tanto, en la Argentina se suceden los desastres que retrotraen la realidad actual a los peores tiempos del pasado: los tarifazos de los servicios públicos se suceden sin solución de continuidad y las autoridades nacionales, haciendo gala de una desfachatez inconmensurable, prometen que el año próximo -electoral, por si alguno no se dio cuenta-, las boletas de gas no superarán $ 700. Difícilmente el precio de los alimentos tengan una retracción semejante, porque es otro de los azotes que padecen las familias argentinas con aumentos escandalosos en virtud de la dolarización de granos, carnes y subproductos: Dolarización + devaluación del peso = al cóctel explosivo, en el que se convirtió la canasta alimentaria y el costo de vida general de los argentinos.

Sobre esta escandalosa situación económica social, el poder judicial agrega lo suyo: se dictó la absolución del ex presidente y actual senador Carlos Menem, en la causa por la venta irregular de armas a Ecuador y Croacia, en razón de que no se cumplió el “principio del plazo razonable” (¡!), como si la misma hubiera estado en manos de judiciales de Burundi y no de Argentina. En fin… Eso sí, como si buscaran limpiar su  ineficiencia, otra Cámara decidió un nuevo procesamiento contra Cristina Fernández de Kirchner, sus hijos y otros en el caso Hotesur: Sospechan que el alquiler del hotel Alto Calafate a Lázaro Báez, con un precio corriente para la categoría del mismo, que se abonaba con cheques y que todo figuraba en las DDJJ de la familia presidencial, era una maniobra para pagar coimas del constructor, por la obra pública. Asimismo, la Cámara (Bruglia, Llorens, Bertuzzi, ninguno de los tres arribados por los caminos normales, es decir, concurso y acuerdo del Senado e, incluso, éste último coronado camarista  luego de condenar a Boudou y negarle la excarcelación), cuestiona que mandatarios hagan negocios particulares, a pesar de que el hotel no era administrado por ningún Kirchner. ¡Imaginamos el trabajo que tendrá el poder judicial cuando este gobierno se vaya, cuyos integrantes no se cansan de vender, traspasar, favorecer con donaciones, tener aportes de campaña truchos, hacer licitaciones y compras directas para favorecer a amigos y parientes y con DDJJ con crecimiento escandaloso!

La Argentina de Macri no es la Polonia pre guerra, ni Brasil en manos de Bolsonaro será exactamente lo mismo que la Alemania de Hitler… En realidad, lo que ocurre, son los nefastos efectos de obedecer al imperio y sus socios locales, de volver a cumplir el triste rol de patio trasero, en donde se instala a la servidumbre; se cultiva la huerta, pero con los mejores productos para los patrones; los niños se revuelcan con los animales, que se engordan, también, para los patrones y no se tiene demasiado cuidado para eliminar los desperdicios y atender la salubridad.