Los países latinoamericanos que abandonaron las políticas soberanas y de cooperación entre sí, han deteriorado todos los índices económicos, sociales e institucionales y clausuraron cualquier posibilidad de alianzas estratégicas. De repúblicas a republiquitas. Por Silvia Torres

Los países latinoamericanos que mayoritariamente abandonaron las políticas soberanas y de cooperación, enterraron la Unión de Naciones del Sur (Unasur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), con lo cual provocaron un gran retroceso en las condiciones de vida de sus pueblos y en el desarrollo de sus economías.

Uno de los aspectos en la vida de las naciones que más deterioro padeció y padece es el institucional y, dentro de ese marco, el poder judicial fue el que más quebranto padeció, como consecuencia de la injerencia del poder político, tal como ocurría en años de dictaduras o cuando el poder era patrimonio exclusivo de las elites económicas. Como una especie de oleada, en las últimas tres décadas aproximadamente, los países al sur del Río Bravo/Grande, tuvieron un proceso de recuperación democrática y de reparación paulatina de sus instituciones. Sin dudas, el arribo de Hugo Chávez al gobierno de Venezuela y la puesta en marcha de la Revolución Bolivariana, fue determinante para que las fuerzas políticas populares fueron imponiéndose y creando las condiciones para implementar modelos soberanos, al mismo tiempo que se concretaban instituciones internacionales aptas para la cooperación y la resolución de conflictos entre las Naciones, como las mencionadas.

Esta primavera de los pueblos duró poco, pero dejó huellas en la memoria histórica, que se espera florezcan de nuevo, ante el cambio que provocó la imposibilidad de avanzar con el desarrollo económico y social y un notable retroceso en lo institucional. Si se tiene en cuenta de que los únicos países que mantienen políticas anti neoliberales son Bolivia y Venezuela –en tanto Cuba encara un proceso de apertura hacia el capitalismo, sin perder su soberanía-, se observa que el primero continúa registrando un crecimiento de 5 % anual y se ocupa de desplegar las obras para cubrir las necesidades de infraestructura, mientras que Venezuela se debate en medio de una fuerte crisis económica y en una cuasi guerra fría con el imperio del Norte, que hoy por hoy, vuelve a imponer reglas de juego a través de gobiernos lacayos.

En el caso particular de Argentina, el deterioro democrático e institucional es patético y se pone de manifiesto en el empobrecimiento de las grandes mayorías populares, incluidos grandes sectores de clase media que caen en la pobreza por efecto del avance de la desocupación, creada por el achicamiento y/o desaparición de las industrias, el comercio y los servicios.

Sobre la seguidilla de errores políticos del gobierno de la alianza macrista-radical, los conflictos internos se tornan en otro factor que agrede a la estabilidad democrática y republicana. Se suceden declaraciones hasta con amenazas al propio presidente, como las vertidas por una dilecta aliada, Elisa Carrió que, como ocurre habitualmente en tiempos preelectorales, agrava su feroz ambición en pos de ser reconocida como la salvadora de la Nación y colocada al frente de una candidatura para ocupar la Casa Rosada… (El tiempo pasa, la vejez avanza y Carrió se encuentra con el pescado sin vender).

A su vez, la ministra de Seguridad, la nefanda Patricia Bullrrich, desprestigia las políticas públicas dirigidas a los sectores pobres e indigentes a los que acusa de ser refugio del narcotráfico, en tanto el poder judicial pone sobre la mesa todo su descarado deterioro, con indiferencia por los abusos de las prisiones preventivas contra opositores y por procesos y fallos antijurídicos por donde se los mire –vicios reconocidos hasta por el propio ministro de Justicia-, que llegan al paroxismo por los enfrentamientos públicos entre el actual y el ex presidente de la Corte Suprema.

En medio de tanto desaguisado, ocurren episodios no exentos de comicidad, como por el protagonizado por algunos comunicadores –o casi-, que amenazan con irse del país en el hipotético caso de que CFK volviera a ocupar la presidencia de la Nación. En esta línea, vale la pregunta: Si Novaresio, Pamela David, Baby Echecopar y otros se fueran del país y, por ejemplo, volvieran los científicos, ¿no tendríamos un país más viable?

Mientras tanto, se suceden las manifestaciones multitudinarias populares en contra de las políticas oficiales, no solo con trabajadores, desocupados o sub ocupados, sino, también, con empresarios y profesionales en defensa de sus intereses (pymes, abogados, maestros, trabajadores de la salud, etc.). Lo cual pone en evidencia de que la Argentina y, no solo ella sino también varios otros países, dejaron de ser repúblicas con ambición de crecimiento y desarrollo para convertirse en empobrecidas y despretigiadas republiquitas. No solo chiquitas, sino también y, lo que es peor, enfermas y embrutecidas.