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Miércoles, noviembre 14, 2018
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El ajuste como única promesa

La sesión en la Cámara baja quedó signada por la represión fuera del Congreso, que derivó en más de veinte detenciones e impregnó de tensión el debate. El oficialismo logró el quórum con el aporte del bloque de Argentina Federal. Alberto Rodríguez Saá rechazó la postura de los diputados de San Luis que garantizaron el número para sesionar.

El debate del proyecto de Presupuesto 2019 se anticipa extenso y agobiante porque hasta ahora la lista de oradores permite calcular que se extenderá hasta el mediodía del jueves aunque si algunos se bajan de la nómina sólo se ahorrarán algunas horas. En el recinto flota la tensión a causa de la represión que aplicó el Ministerio de Seguridad a poco de comenzar el debate y todo indica que mientras en la calle no vuelvan las golpizas los diputados podrán continuar discutiendo la iniciativa que legisla el ajuste.

La sesión comenzó con el quórum justo. El oficialismo consiguió el respaldo de diputados opositores del bloque Argentina Federal que responden sin miramientos a las órdenes de sus gobernadores. También aportaron los diputados del bloque que conduce Martín Lousteau. Los que dieron la sorpresa fueron los representantes del peronismo de San Luis. Ivana Bianchi, Karim Alume, Victoria Rosso y Andrés Vallone se sentaron en sus bancas para que comience la sesión. Esta llevó a que el gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá, se sintiera “desilusionado” por esa actitud.

Mientras comenzaban las balas de goma y el gas lacrimógeno se distribuía entre los manifestantes, el responsable de defender el proyecto fue el presidente de la comisión de Presupuesto, Luciano Laspina del PRO, a quien se lo notó nervioso y con muchos fallos en la lectura de su discurso que en rigor debe ser realizado sin un texto escrito.

Laspina fue tal vez  el primer oficialista que justificó el presupuesto casi sin compartir un solo dato de los que suele incluir el proyecto. No dio proyección del valor cambiario o los millones que tiene planeado el Ejecutivo nacional invertir en obras públicas, educación o salud. Al contrario, recurrió a la herencia recibida para justificar el momento de crisis que vive el país. Habló del “descontrol fiscal” de los gobiernos kirchneristas y como consecuencia de ello aseguró que es imprescindible “equilibrar” las cuentas públicas.

El diputado sorprendió con algunas frases como que “la pobreza no baja porque en cada crisis genera una distribución de los más a ricos a los pobres”. Laspina se dio cuenta que se había equivocado y se corrigió al sostener que son los pobres los que financian a los más ricos pero eso no significó que el Presupuesto ofrecido mejorará las condiciones de los más desfavorecidos sino que lo utilizó para afirmar que una prueba de lo mal administrada que estuvo el país en los últimos 50 años.

Luego reconoció el “fracaso del gradualismo” que promovió el gobierno de Mauricio Macri pero, como todo integrante del macrismo, no habló de responsabilidades propias sino que sin más se lo adjudicó al “fracaso de un país con una larguísima historia de incumplimientos”. Eso sí, aseguró que mientras la Casa Rosada se concentrará en equilibrar las cuentas van a continuar “priorizando la inversión social” que caracterizó como la prueba de la “valentía y responsabilidad” del gobierno que integra.

La oposición caracterizó el proyecto de Presupuesto enviado por el Gobierno nacional como la corporización del ajuste que exige el FMI. En este sentido el primer diputado en expresar su rechazo fue Axel Kicillof. El ex ministro de Economía no se anduvo con rodeos y aseguró que este presupuesto “del último año del Gobierno de Macri” es “invotable” porque es un proyecto “de ajuste, de endeudamiento, de exclusión social, antifederal y antinacional… Las tiene todas, es un desastre. El último año del gobierno de Macri va a estar signado por un presupuesto vergonzoso”.

En esa línea, Kicillof reclamó por el texto del acuerdo que firmó el gobierno con el FMI: “Tienen que traerlo acá, por eso no se puede aprobar el Presupuesto. No puede ser que lo que hace este parlamento se decida allá en Washington, con el Fondo Monetario Internacional”, indicó.

Poco después hizo su debut como presidente del interbloque Red por Argentina, Felipe Solá, quien argumentó en contra del proyecto. “Ya no hay un solo diputado del oficialismo que hable de brotes verdes” y aseguró que el texto normativo se redactó a las apuradas “para cumplir con el FMI sobre la base de un programa que los diputados desconocemos”.

Solá no solo repudió la represión sino también rechazó la costumbre oficialista de evadir la responsabilidades por la crisis que generaron: “Se viene acusando a los gobiernos peronistas de ser los autores del desastre creado por Cambiemos. En la próxima crisis seguramente van a ir por Hipólito Yrigoyen, Leandro Alem, ‘Chaco’ Peñaloza o Juan Manuel de Rosas. Espero que se salve (José de) San Martín…”, dijo. Luego marcó otra contradicción del gobierno cuando se autodefine como desarrollista: “Entonces ¿por qué se ajuste la inversión? ¿Por qué compensa a las empresas de servicios por el aumento del dólar, pero no dolariza ni por asomo? El salario cayó desde septiembre de 2017 a septiembre de este año un 12,4%”.

El que recuperó su condición de opositor fue Diego Bossio quien para rechazar el proyecto de Presupuesto pidió que “no escuchemos al FMI sino al pueblo”.

El otro bloque que también se opone a la iniciativa oficialista es el bloque del Frente Renovador. Marco Lavagna, uno de sus integrantes, sentenció que “estamos en medio de una fiesta populista financiera y esto lo vamos a tener que pagar”.

Diferente fue la actitud de Martín Lousteau que anticipó su voto favorable a pesar de no compartir el texto del presupuesto 2019. “El presupuesto es grotesco pero no es bueno que no se tenga esta ley y por eso lo vamos a votar”, dijo.

Página/12