Los números de la economía argentina están al nivel de los subsuelos, excepto los que se refieren al aumento de la inflación, a la fuga de divisas y a las ganancias que acumulan las empresas eléctricas, gasíferas, de combustibles líquidos y las contratistas del Estado, beneficiadas por la poca y carísima obra pública. Por Silvia Torres

Los trabajadores argentinos perdieron ya 33 % de sus salarios, gracias a los tres años de gobierno de la alianza macrista-radical, esa que durante su campaña electoral aseguraba que cada argentino pueda vivir mejor y alcanzar hasta pobreza cero, mientras explican que no conocían el estado de desastre en que se encontraba la Argentina, tal vez porque durante el gobierno anterior vivían en la estratósfera. Si no, ¿cómo puede explicarse tal pretexto?

Encima, avanzan los índices de desocupación que, en algunas regiones del país, sobrepasa los dos dígitos, castiga especialmente a mujeres y jóvenes por lo cual, el descenso en el consumo de bienes imprescindibles es abrumador, impactando sobre toda la cadena industrial y productiva. Es por ello que Argentina se ubicó en el segundo lugar en el mundo por su descenso en la actividad industrial, con menos 11,50 %, después de Burundi* (-15,40%) y sobre Togo* (-11,30%), circunstancia que explica el achicamiento de todos los números que impactan sobre la vida cotidiana de la población, incluido el empleo y salarios de calidad, que solo es posible si hay desarrollo industrial, sea en grandes empresas pero, muy especialmente, en pymes que eran las generadoras de la mayor cantidad de puestos de trabajo, en blanco y buena cotización, justamente el sector más jaqueado por la política neoliberal de esta segunda alianza.

El deterioro de la economía tuvo su impacto en la capacidad adquisitiva de los salarios, carcomidos por la inflación, fogoneado desde el gobierno por sucesivos e interminables tarifazos: 85 % de aumento en combustibles líquidos en lo que va del año, que se agrega a los que impactan en la energía eléctrica y el gas. Así, durante 2018, cada salario en blanco promedio en el sector privado perdió 57.470 pesos y durante los tres años de la alianza macrista-radical, 117.581 pesos. Si se suma en totales, el conjunto significa 362.000 millones y en los tres años, 740.000 millones, según el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas.

Otros datos provistos por el mismo instituto, dan cuenta de que los salarios estatales también padecieron del mismo saqueo: Sobre un promedio 100 de la paritaria 2017/2018, que se define en mayo, se prevé que en la de 2018/2019 al mismo mes tendría un descenso de 23 %, con una leve recuperación –siempre por debajo-, en diciembre/2018, para quienes cobren el bono de $ 5.000.

Asimismo, la AUH perdió en el corriente año $ 2.109 y, en los tres años, $ 4.337, que suman, en el primer caso, $ 4.600 millones y en la gestión macrista-radical $ 9.500 millones. A esto hay que sumarle lo que pierden los jubilados, que, con la nueva fórmula, es de casi 20 %, sobre una inflación anual de 33/35 % de inflación, que no será, ya que a estas alturas nadie duda que alcanzará por lo menos 45 % anual.

Esos extraordinarios montos que ya no reciben los sectores sociales van a parar a manos de los ricos cada vez más ricos, que no son otros que los grandes pool de siembra, los propietarios de empresas prestadoras de servicios eléctricos y combustibles, los bancos y los timberos nacionales y extranjeros, además de afrontar lo que todavía no es demasiado impactante, los servicios de la deuda. Pocos, en verdad, para sostener la economía de un país que necesita –como cualquier otro-, fomentar procesos de expansión económica y no como ocurre con el modelo macrista-radical, que se centra en la concentración.

Es neoliberalismo puro, que se contrapone a lo que se llamó, en tono bien despectivo, como populismo, con mala prensa en manos de los medios hegemónicos que usufructúan de la concentración, que ponía al PUEBLO como fundamento de todas las políticas, incluidas las económicas.

Por ello es que, viendo estos números y todos los que se agrupan en el dibujado presupuesto del año próximo, se pone en evidencia una vez más la estafa electoral de la que fue víctima el pueblo argentino.

 

*Burundi y Togo son dos pequeñísimos países africanos. El primero, fue ocupado como colonia por Alemania y Bélgica, a principios del Siglo XX y, convertida en república, padeció sucesivas guerras civiles, una de las causas de su pobreza, junto con la corrupción post colonial, sumado a las epidemias de SIDA, el pobre acceso a servicios de salud y educación, la carencia de infraestructura y a pesar de contar con recursos naturales de alto valor como el cobalto y el cobre, que solo beneficia a una clase dirigente, asociada a empresas multinacionales que los extraen. Togo, de su parte, fue primero un protectorado alemán y luego una colonia francesa independizada en los 60. Su proceso independentista y la creación de la república fue traumático, situación que continúa, al igual que su desarrollo económico, fundado en la agricultura y la explotación rudimentaria de minerales. Ambos son dos de los países más pobres del mundo.