En el cúmulo de argumentos para explicar el frustrado partido que determinaría el campeón de la Copa Libertadores, entre River y Boca, quien lo centra en una “sociedad enferma” es el menos cierto, sino más bien por la incompetencia de los gobiernos nacional y local y las conducciones de los clubes, responsables de la seguridad. Por Silvia Torres

 

 

No fue culpa de la sociedad. No hay motivos para exclamar “siempre los argentinos haciendo estos papelones”. No hay justificación alguna para que la inoperancia de las conducciones deportivas y políticas, involucre a toda la sociedad. Mucho menos, es valedero el argumento del jefe de senadores del “neoliberalismo blando”, Miguel Ángel Pichetto, quien responsabilizó a Néstor y Cristina Kirchner, cuyas reformas “impiden reprimir” (¿?).

No, no es cierto. No son argumentos que se condicen con la realidad, aunque se repitan por muchos medios y en boca de gran cantidad de periodistas. Lo cierto, la verdad de la milanesa, es que se puso de manifiesto –una vez más-, la falta de profesionalismo de quienes conducen la seguridad en el país, justamente los que forman parte del mejor equipo de los últimos cincuenta años que, a estas alturas, debieran ya llamarse autoridades de la represión –no de la Seguridad-, porque es lo único que saben hacer: Reprimir.

El hecho que desató el cataclismo el sábado último fue un hecho menor: el arribo del ómnibus trasladando al equipo de Boca y que fue atacado por hinchas de River, apostados en la curva previa del ingreso al estadio. O sea, no hubo un operativo de seguridad eficiente, precisamente en el lugar que se convertía literalmente en una boca de lobos, por lo estrecho de la calle. Allí, ni bien el ómnibus dobla la esquina, comenzó a recibir todo tipo de proyectiles que rompieron algunos de los vidrios de las ventanillas, para herir a algunos jugadores y al chofer. Cuando el micro iba a introducirse por el portón correspondiente y ante la continuidad de las agresiones, la policía procedió a lanzar gases que también afectaron a los atletas.

Estos hechos dejan en claro la falta de idoneidad, la torpeza, la improvisación y la incapacidad de los funcionarios de la CABA y nacionales, responsables de idear y ejecutar el operativo de seguridad, junto con los dirigentes de los clubes participantes.

Insistimos, no es un problema de la sociedad, que no interviene para nada en este tipo de  decisiones. No es la sociedad la que se torna violenta ante un hecho relativamente multitudinario, porque la sociedad vivió eventos mucho más gigantescos en cuanta a la presencia de personas sin que ocurra un solo episodio que lamentar, como en los festejos del Bicentenario, en donde se vio a mandatarios del continente caminando por un simple corredor en medio de la multitud o disfrutando del gran espectáculo artístico cultural en un palco, con millones de personas alrededor.

¿Que no era un evento en donde se enfrentaban dos rivalidades? No se puede asegurar tal cosa, porque ya los medios hegemónicos habían esparcido buena parte de su veneno en contra del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y solo con un excelente sistema de seguridad, centrado en la inteligencia y en el control serio, sesudo y pormenorizado de todas las variables, fue posible que la conmemoración transcurra como debía ser: Una fiesta para el pueblo argentino, que ponía sobre el tapete una interpelación a su conciencia histórica y elevaba su autoestima.

Queda en claro que esas no fueron las coordenadas por las cuales transitó la organización de la seguridad del partido de la Libertadores, cuando también es posible elucubrar sobre las consecuencias que podrían provocar la agresión al equipo de MM, un hombre que no está acostumbrado a perder y, menos, cuando las encuestas solo le traen la certeza del pavoroso descenso del favor de los votantes.

La suspensión del partido podría definir el triunfo automático de Boca y evitar el golpe de una derrota. Cuando estos episodios ocurren, sobre todo en el fútbol, en donde intervienen ingredientes como barrabravas; negocios ilegales y dinero sucio; corrupción por evasión y coimas, etc. etc., cualquier análisis –aunque no esté híper recontra chequeado-, puede ser razonable tratándose de personajes que no eluden estar en permanente contacto o protagonizando delitos.

Estos personajes, ¿serán capaces de organizar la seguridad del G20 o, de verdad, es pertinente que sugieran a los porteños abandonar en masa la ciudad?