Terminada la fiesta, con las cuentas pendientes a cargo del pueblo argentino, la cumbre del G20 solo dejó un acuerdo entre EEUU y China, para posponer por 90 días su guerra comercial y un documento con suficiente cantidad de excepciones ante la nueva postura yanqui de proteger su industria. Argentina, sin gloria y con mucha entrega. Por Silvia Torres

Terminó el G20 con un documento lo suficientemente intrascendente que no incorporó las grandes tensiones que azotan a las democracias de países centrales y periféricos, y colocar al comercio como uno de los factores que podrían paliar esa situación, con aclaraciones sobre el proteccionismo y el impacto del desarrollo industrial sobre el ambiente –no aclare, porque oscurece-, dos aspectos que fueron esenciales en declaraciones anteriores del grupo.

Si bien, la ubicación geográfica de la Argentina aisló los efectos de las gigantescas y violentas manifestaciones de los franceses, iniciadas por un aumento de los combustibles de mayor consumo, van tomando otros carriles contra la concentración de la riqueza y el aumento constante de los impuestos, que se aplican en los servicios imprescindibles para la vida de los ciudadanos. La protesta se extendió, aunque no en la misma magnitud, por ahora, pero sí por los mismos motivos, a Bélgica; en tanto que dos dirigentes separatistas catalanes inician una huelga de hambre, en protesta por el estancamiento de las negociaciones con el gobierno español. La rica y sofisticada Europa, ¡se queja y protesta!

Mientras América Latina no tuvo impacto alguno en el G20, aunque más no sea mediante discursos encendidos y conmovedores como eran los de CFK, tampoco hubo presencia alguna del Mercosur, como jugador dentro del comercio mundial. MM no es un hombre preocupado por la situación comercial de la Argentina, mientras pueda aplicar el ajuste sobre el cuero de sus compatriotas y garantizarse el ingreso de divisas con endeudamiento externo –que incesantemente recibe el aplauso público de la titular del FMI-, a pesar de las declaraciones en contrario del ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, durante su paso por Misiones. Y, hablando de AL, hay que destacar el arribo de Andrés Manuel López Obrador como presidente de México, quien promete un cambio en el rumbo de la política furiosamente neoliberal, para atacar la extrema pobreza y, por lo tanto, se convierta el país en un interesante mercado al cual la Argentina debiera dirigir la mirada –siempre y cuando en la cabeza de sus gobernantes entre alguna idea de cambio-, para filtrar algún intercambio entre los sucesivos acuerdos de libre comercio con EEUU y Canadá, que volvió a reverdecer con el gobierno saliente.

Los grandes del mundo, es decir, yanquis y chinos, volvieron a tener la sartén por el mango del G20 y lograron un acuerdo a la medida de sus exclusivas necesidades: posponer por 90 días la aplicación de aranceles al intercambio de sus productos de mayor impacto económico: seguirá entrando acero chino a los EEUU a cambio de que éste país compre productos agropecuarios a los chacareros yanquis. Negocio redondo y nuevo golpe para las economías periféricas, productoras de materias primas, por ejemplo, la Argentina. Todo ello, en medio del aplauso y la manifiesta alegría de MM y su séquito, porque el temor era el fracaso de la cumbre: Que no haya acuerdo, mientras en paralelo, arreglaba con el indigerible Trump la compra de más armas.

Además, cerraba acuerdos con Gran Bretaña sí que rayanos con delitos de traición a la Patria: Hubo guerra y hay entrega de soberanía contante y sonante, para que los piratas puedan explotar a gusto y placer recursos naturales y posibles cuencas petrolíferas en torno de las Islas Malvinas, así como también, aceptó gustoso prestar el servicio aéreo para que todo el personal británico que esos quehaceres demanden, puedan trasladarse desde territorio argentino. Todo, absolutamente todo, sin que haya intervenido ni el portero del Parlamento nacional.

¿Es la consolidación de la democracia formal que permite la apropiación de la riqueza mundial por parte de un 5 % de la población? ¿Es la entronización de la dominación del capital financiero, el que no recibe ningún tipo de límite ni control, desde la mayor cumbre económica mundial? ¿Es el fin de la posibilidad de los países pobres de inmiscuirse en el reparto de la torta, con un poco más de justicia?

Países que se incendian, pueblos que emigran corridos por la miseria y la violencia, líderes mundiales que deben encapsularse para montar una escenografía que consolide su poder, donde la Argentina, de rodillas y desnuda ante los poderosos, solo montó el salón de fiesta, para que nadie moleste lo que parece ser el único objetivo del gobierno: Consolidar negocios y garantizar ganancias (¿también comisiones y prebendas?), para unos pocos.