La seguidilla de declaraciones de empresarios del primer nivel que desisten de continuar apoyando al gobierno nacional, es el más claro ejemplo del deterioro de la alianza macrista-radical al frente de la conducción del Estado. Por Silvia Torres

 

Es posible que la asfixiante situación económica-financiera de la Argentina haya sido el disparador de la seguidilla de declaraciones de empresarios del primer nivel, en contra del gobierno de la segunda alianza macrista-radical. A ello se suma que, vía judicial, se desenmascararon algunas “verdades” sobre la corrupción del gobierno anterior, pergeñadas para alimentar las fakes news que el establishment fabricó para triunfar en las elecciones del 2017 y que tuvo como principales difusores a los medios de comunicación hegemónicos, liderados por el Grupo Clarín, así como también que supuestos testigos de corrupción, expuestos hasta el cansancio en la Tv, se desmienten abiertamente en medios judiciales.

Estos hechos constituyen elementos sustanciales para evaluar un posible cambio de época en el país, ya que era impensado, hace un tiempo atrás, que algún juez osara emitir sentencia alguna en contra de las grandes verdades difundidas por los showmen que construyen realidades y, mucho más imposible aun, que un super millonario se queje por el descenso del valor de sus activos, por culpa de las políticas oficiales; que el vicepresidente de la UIA declare que “sería un suicidio social continuar con este gobierno”; que un empresario automotriz afirme que “el país no es creíble” y que por ello habrá que esperar por las tan meneadas inversiones internacionales, al tiempo que la Sociedad Rural –que incluye intereses de la familia presidencial-, se quejó por la baja rentabilidad ganadera y la presión impositiva, con el regreso de las retenciones.

Como si todo fuera poco, empresarios, banqueros e inversores del exterior se reunieron con líderes del kirchnerismo, incluida CFK, en una sucesión que trató de ser secreta pero que se filtró y se difundió como reguero de pólvora, como señal de que ya no son los temibles cucos y a los que hay que recurrir en búsqueda de información, para el hipotético caso de que fueran la sucesión gubernamental de este presente.

Lo que se evidencia es que las alianzas que sostenían al gobierno nacional se van desgajando, perdiendo peso y, en honor de la verdad, hoy por hoy el macrismo-radicalismo se sustenta en bancos, energéticas y medios de comunicación hegemónicos y sus satélites, en tanto que otrora simpatizantes y adherentes abandonan el barco y no escatiman acercamientos con los populistas, que construyen poder para afrontar un posible regreso.

Las explicaciones abundan y están a la vista de quien quiera ver. El neoliberalismo –esa temible alianza conservadora-liberal-, una vez más hace lo único que sabe hacer: Devaluar, endeudar, reducir los salarios, desocupar, pulverizar el mercado interno y abrir el comercio, sin cuidados de ninguna índole. Consecuencia: no hay a quien vender y, por ende, para qué fabricar, producir o comerciar, en un mundo que no está dispuesto a tener en cuenta a las economías periféricas, sino todo lo contrario, que se cierra en defensa de sus propios intereses y el de sus ciudadanos.

Por lo tanto, luego de la afectación a los sectores sociales más vulnerables –cuyo número aumenta peligrosamente, si se tiene en cuenta el futuro inmediato y mediato de la Nación-, la crisis empieza a comer las bases de sustentabilidad del empresariado argentino que, con una ingenuidad increíble, volvió a caer en las redes construidas a partir de sus propios prejuicios e ignorancias.

Resta saber si esos sectores están dispuestos a abrir el juego, despojándose de mezquindades y colocando sus lógicas apetencias en el contexto de un proyecto político que involucre a toda la sociedad, o seguirá con su miopía estratégica apostando a aventureros que prometen éxitos con un neoliberalismo educado, suave y condescendiente con los ganadores de siempre.

Abandonan el barco, pero habrá que estar muy atentos observando a qué bote de salvación están dispuestos a subir.