Las garras de los buitres, las garras del imperio sobrevuelan el continente en una nueva versión del Plan Cóndor. Poderes fácticos hacen de pista de aterrizaje, una vez más, para garantizar la voraz concentración de la riqueza y poner en evidencia que si hay algo que sobra en la región, son los pobres. Por Silvia Torres

 

En la historia de los países latinoamericanos, ¿alguna vez fue beneficiosa la invasión imperial yanqui, en cualquiera de sus formas, más o menos violenta, pero indefectiblemente esquilmadora de los pueblos? ¡Nunca!

Durante todo el siglo pasado se sucedieron los golpes de Estado y las dictaduras promovidas y avaladas por los yanquis, con el pretexto de garantizar la Libertad y la Democracia, aunque sólo sembraron miseria, dolor, muerte sobre los pueblos y, en esos procesos, contaron con la colaboración desembozada de las FFAA, de los sectores empresariales concentrados, de la jerarquía eclesiástica y de los partidos políticos conservadores y liberales.

En la post guerra mundial, los imperios crearon organismos que hasta hoy les garantizan la dominación financiera del mundo occidental, el FMI y el BM, con los que endeudan y sepultan las posibilidades de desarrollo de los pueblos, al tiempo de que actúan como aspiradoras de los recursos financieros, mediante endeudamientos interminables y siempre expoliadores.

Con el país desendeudado y en franco crecimiento, en el 2015 –conforme toda la información nacional e internacional reconocida por el flamante gobierno macrista-radical en el paper que presentaron en Davos y ante “inversores” en NY-, tres años después el país es otro: Hoy, en el diario argentino que más protege el modelo, se afirma que solo en la CABA –el distrito con mayores ingresos per cápita-, hay 125 mil nuevos pobres; la inflación del año pasado, 47,6 %, fue la más alta en 27 años solo superada por 84 %, en 1991, alimentada por descomunales tarifazos ordenados por el gobierno nacional; la caída de la actividad económica no tiene piso, en noviembre sumó 7,7 % a la tendencia ininterrumpida, desde el 2016. Tampoco hay techo para el endeudamiento, uno de cuyos principales fines es la fuga de divisas: 2018 registró 27 mil millones y se calcula que para éste, llegará a 40 mil millones de dólares cómodamente, de allí que el FMI continúa con su “generoso” desembolso, para: 1) alimentar el negocio de los millonarios, 2) para que sean más millonarios, 3) para que cada día haya más pobres y 4) para que muchos sigan creyendo que la zanahoria está apenitas delante del hocico del burro.

Este proceso tiene un solo fin, harto conocido por los argentinos memoriosos, ya que no será la primera vez que ocurra el colapso y el estallido del sistema financiero. Es muy posible que, mientras esté la alianza macrista-radical garantizando el robo y que las garras imperiales estén cómodamente instaladas sobre la cabeza de los argentinos, el FMI va continuar irrigando con sus dólares, justamente para evitarlo. Las evidencias de sus aviesas intenciones son muy claras: felicitan públicamente a los ejecutores del endeudamiento y anuncian que sería un riesgo para la Argentina que sus ciudadanos voten en contra de la actual política económica.

Desde el punto de vista de los usureros del mundo y de sus socios locales, que haya un cambio en la dirección política del Estado y en el modelo a implementarse serán motivo suficiente para dejar de proveer divisas y conformarse con cobrar los suculentos intereses. Ellos ya saben que todas las decisiones tomadas garantizan que la soga está bien sujeta al cuello de generaciones de argentinos.