Los datos sobre la situación general  del pueblo argentino dan cuenta del despojo de que es víctima por la aplicación de políticas económicas que, en honor de la verdad, no tienen otro objetivo. Desocupados, empobrecimiento de quienes trabajan y escándalos judiciales son el alimento de los cada vez más numerosos ruidazos. Por Silvia Torres

 

 

“Vivíamos por encima de nuestras posibilidades”, fue la frase acuñada por Mauricio Macri para explicar por qué es necesario que mayor cantidad de ciudadanos caigan en la desocupación y que, aun trabajando, engrosen los índices de pobreza e indigencia. Según su criterio –el actual, no aquel que exponía en sus entusiastas declaraciones de campaña-, los argentinos debemos vivir en la pobreza, en la indigencia, en las privaciones porque la Argentina no es un país con “posibilidades” para todos o, en todo caso, hay que privarse ahora –incluso de comer-, porque los “brotes verdesparece que van a llegar solo a partir del año próximo o más allá (¿justo cuando el país debe afrontar gigantescos desembolsos en concepto de pago de intereses de la no menos gigantesca deuda externa, por él contraída? Mmmhhhhh…).

En la provincia de Misiones la mishiadura es paliada por una serie de programas constituidos por el gobierno provincial con la intervención de la Cámara de Comercio y el banco líder, que son los Ahora Misiones, que permiten compras con la tarjeta del mencionado banco, en comercios que adhieran, en los que se pueden adquirir desde alimentos, materiales de construcción, vestimenta, etc., con descuentos de 15 % y financiamiento hasta en 12 cuotas sin intereses. Asimismo, se implementaron programas para comprar gas y pan, con precio diferenciado, así como también para la adquisición de útiles y vestimenta escolar, que atrae la atención de la población.

Pero no es lo que ocurre en todo el país y tampoco es la solución definitiva en la provincia,  jaqueada por los flagelos desatados por la ineficiencia del “mejor equipo de los últimos 50 años”, como la inflación galopante, el cierre de empresas industriales, comerciales y de servicios, con su consecuente tendal de desocupados.

MM anunció que la inflación estaba bajando, justo… justo… en enero, el día antes de que el Indec anunció + 2,9 %, que alcanzó a + 3,4 % en alimentos y bebidas; con lo cual, el crecimiento del índice, de enero a enero, fue de 49,3 %…  Y el Presidente decía, un día antes, que “la inflación comienza a bajar”. ¿Gracioso o trágico? Asimismo, se anunciaba con el mismo ímpetu un plan de quita de impuestos para pymes… Bien, pero solo para el 3 % de las mismas y, por ejemplo, un beneficio que no cubre a ninguna de las pymes misioneras, golpeadas no solo por la realidad nacional, sino también por las asimetrías de la frontera.

El ajuste despiadado del 2018 era justificado en la necesidad de “evitar una crisis”. Sin embargo, la crisis se vistió con casi un 50 % más de inflación, con una devaluación de 100 % y exorbitantes tarifazos, con aumentos promedio de más de 2000 % en todos los servicios vitales para la vida de las familias, que se siguen repitiendo en el corriente año, sin que se tenga muy en claro cuál será el techo de los mismos.

Este panorama convierte en pobres a millones de argentinos y hunde en la indigencia a otros tantos. Jubilados, docentes y empleados estatales (nacionales, provinciales y municipales), encabezan el ránking de empobrecidos. Los jubilados perciben salarios de hambre; 80 % de los docentes percibe salarios por debajo de la línea de pobreza y perdieron en promedio de más de 70 mil pesos al año y hay miles de asalariados estatales que están 50 % por debajo de la canasta básica.

La pobreza ya no es un riesgo de los trabajadores informales o menos calificados, sino también jaquea el bolsillo de los sectores medios, que deben ajustar sus gastos –se manifiesta en la caída de patentamientos de automóviles, en las dificultades para afrontar los créditos UVA, en el descenso del número de familias que se fueron de vacaciones, etc.-, en virtud de que los ingresos ya no se lucen como entonces, es decir, en los tiempos en los que la política era el instrumento para irradiar el bienestar general, para lograr que el país fuera el ámbito de posibilidades para todos.

Las elecciones primarias de este fin de semana en la provincia de La Pampa, en donde se registró el triunfo del candidato kirchnerista, Luciano Di Nápoli –integrante de La Cámpora-, para intendente de Santa Rosa, la ciudad capital y la contundente derrota del ex secretario de Deportes macrista, Carlos Mac Allister, ante el candidato radical, Daniel Kronerberg, puede ser un síntoma de los tiempos que corren que pone en serio riesgo la continuidad del modelo de la alianza macrista-radical… ¡Para bien de todos los argentinos!