En un año clave por las elecciones para la renovación del Poder Ejecutivo en todas sus categorías y parcialmente el Legislativo, la situación económica y social de la Argentina sigue cayendo sin solución de continuidad. ¿Cuál será el piso en el que se iniciará un nuevo período, el 10 de diciembre? Por Silvia Torres

 

Los índices económico-sociales de la Argentina muestran el rostro de la despiadada realidad en la que se vive cotidianamente y el empobrecimiento paulatino de todos los sectores –excepto de aquellos que, en sociedad con el presidente MM-, no tienen límite para la concentración de su gigantesco enriquecimiento, a costa de exprimir los bolsillos de la ciudadanía.

La descontrolada inflación fue una de las tónicas del 2018 y parece haberse instalado con toda su furia en el corriente año, alimentada por las decisiones del gobierno nacional con la aplicación de los interminables tarifazos sobre los servicios públicos, que actúan como una aspiradora sobre los ingresos del pueblo y afectan, obviamente, a toda la cadena de precios sobre bienes y servicios, lo que reduce dramáticamente la capacidad de compra de los consumidores, cuyos ingresos están lejos de acompañar la inflación incesante.

La caída en el consumo se manifiesta mes a mes y alcanzó -8,7 % en diciembre pasado, impacta no solo sobre comercios medianos y chicos, sino también sobre las grandes cadenas de supermercados que comenzaron a despedir empleados, a cerrar locales y es evidente la contracción del comercio en la innumerable cantidad de locales comerciales vacíos que hay en cualquier ciudad del país, incluida Posadas. El descenso del poder de compra de los salarios –con mermas de 13 a 26 %, durante 2018-, sumado a la desocupación creciente y la precarización laboral, más la desaparición de programas que fomentaban el consumo (Precios Cuidados, Ahora 12, etc.), son razones suficientes. Con una inflación que rondó 48 % anual, más de 172 mil puestos de trabajo registrado menos, el retraso manifiesto de los ingresos de jubilados, pensionados y AUH, es el cóctel perfecto para que la tendencia decreciente del consumo destruya industrias, pymes, comercios de todas las dimensiones y servicios. Un cóctel que el gobierno de la alianza macrista-radical se ocupa de alimentar con su programa de austeridad selectiva, bajo la batuta del FMI.

Solo para ejemplificar el descenso del consumo, especialmente en aquellos bienes que demandan mayor participación de la mano de obra especializada y con mejores salarios, se destacan: Los automóviles registran caídas de 54 % en ventas; televisores 26,5 %;  heladeras 35,6 %; aires acondicionados 23,2 %;  lavarropas 29,2 %; cocinas eléctricas 42,2 %; cocinas a gas 29 %; pequeños electrodomésticos 33,8% y la recaudación del IVA, 8 %.

De allí que los programas Ahora creados por el gobierno de Misiones, juntamente con bancos y las cámaras empresarias, son un alivio invalorable para el comercio de la provincia, como factor dinamizador para el consumo y para mitigar los desequilibrios fronterizos. El sostenimiento de la actividad comercial le permite a Misiones, además, eludir el endeudamiento y hacerse cargo de cada vez mayores compromisos económicos financieros, por el retiro de la Nación en el cumplimiento de sus obligaciones, aunque no de su rol recaudador. Solo, porque hay que alimentar la voracidad incontrolable de los pagos de la deuda contraída y la no menos voraz vocación fugadora que sostienen Macri y sus boys.

El Indec se ocupa de informar sobre esta asfixiante situación, donde la inflación hace lo suyo y también otras decisiones gubernamentales como la apertura indiscriminada de las importaciones, que dieron por tierra con la actividad industrial textil, calzado, electrónica, automotriz, alimentaria, electrodomésticos, entre otras. Esto se hizo patente en el reciente viaje de MM por países de oriente, en los que se ocupó de vender productos frescos (frutas, verduras, huevos), para comprar productos farmacéuticos, automóviles y electrodomésticos: ¡El sueño finalmente concretado del Macri Blanco Villegas!