La conmemoración por el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia de 2019 tuvo una clara impronta: reivindicar derechos esenciales que hacen a la dignidad de millones de argentinos sometidos a la pobreza, a la desocupación y a la expoliación económica. Por Silvia Torres

Los muchos actos por el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia que, en el caso de Misiones, se desarrollaron durante una semana entera y contó con diversos actos en distintas localidades y en Posadas, tuvieron el sello de reivindicar los derechos económicos de trabajadores, desocupados, jubilados, hombres y mujeres que cayeron en la pobreza, como consecuencia de ser víctimas de una política de despojo, para facilitar la concentración de la riqueza en manos de amigos y socios de quienes conducen el gobierno nacional.

No fue distinta la connotación que sobrevoló sobre la multitudinaria marcha en Plaza de Mayo, en donde, por primera vez, inmediatamente después de la columna de Madres, Abuelas e Hijos se ubicó la gigantesca columna de gremios que adhirieron y acompañaron las consignas, que este año, hicieron referencia a la situación económica de la Argentina y su nefasto impacto sobre la vida de millones de ciudadanos a los cuales se les lesiona el derecho inalienable de una vida digna, conforme lo establece la Constitución Nacional. Su violación sistemática es moneda corriente: en el último año, por ejemplo, se sumaron casi 2 millones de personas a los índices de pobreza, situación que se acentúa en el Conurbano bonaerense y en algunas otras regiones del país.

La conmemoración, todos los 24 de Marzo, tiene como punto de partida la instalación de la última dictadura, en 1976, que dejó como herencia la desaparición de 30 mil ciudadanos, la apropiación ilegal de cientos de bebés nacidos en cautiverio, la destrucción de gran parte del aparato productivo con su secuela de desocupación y pobreza, además de una escalofriante deuda externa de 45 mil millones de dólares, que formó parte del paquete –alimentado suculentamente por los sucesivos gobiernos-, que heredó Néstor Kirchner, la reestructuró con importante quita, pudo liquidar la deuda con el FMI y despedir a sus agentes, quienes interferían en las decisiones sobre la política económica nacional.

Los efectos de la dictadura no son muy distintos de los que ocurren actualmente. No en vano se dice que los genocidas fueron los hijos de la revolución autodenominada Libertadora, de 1955, que luego de bombardear Plaza de Mayo derrocaron al presidente Juan Domingo Perón, en tanto que la alianza macrista-radical que hoy gobierna está conformada por los nietos de aquellos. Conforman tres hitos signados por las políticas de destrucción de la industria y, por tanto, demolición del empleo legal con salarios dignos, desaparición de las condiciones para el ascenso social, avance de los flagelos de la pobreza y el eclipse del Estado como rector y moderador de las tensiones socio económicas.

El gobierno de MM quitó todo apoyo a la lucha por la reconstrucción de la verdad en manos de organismos de DDHH, que marcaron escuela en el mundo entero y convirtió a la Secretaría nacional en un organismo vacío de misiones y funciones, además de que presionó al poder judicial para el otorgamiento de prisión domiciliaria a los represores condenados. No obstante, el esfuerzo por la mantener viva la Memoria, en procura de alcanzar la Verdad y la Justicia, por parte de las grandes mayorías populares no fue ni es un factor de negociación en los 43 años transcurridos, desde aquel aciago 24 de marzo. La presencia masiva, entusiasta y comprometida de miles de jóvenes en los actos y movilizaciones es una incuestionable demostración de que tampoco lo será en el futuro.