No por previsible, el fracaso de la gestión macrista-radical deja de impactar salvajemente sobre sobre el presente y el futuro de la ciudadanía. Su manifestación más descarnada es el aumento del endeudamiento externo y de la pobreza. Por Silvia Torres

 

 

El abrumador crecimiento del endeudamiento externo de la Argentina va de la mano con el crecimiento desmesurado de la pobreza, dos efectos que se repiten históricamente en dramáticos ciclos. La pesada mochila sobre las espaldas de los argentinos es obra de un gobierno que fue elegido por el sufragio popular, centrado en un discurso cuya síntesis era: “Podemos vivir mejor” vociferado en campaña, pero que rápidamente fue cambiado por “vivíamos demasiado bien” y por el más reciente, “tienen que aguantar”. Es probable que si hubieran hecho campaña con sus verdaderas intenciones, más que votarlos, los argentinos ciertamente los hubieran “internado en un manicomio”.

Si se tienen en cuenta estos mensajes, el fraude a la opinión pública por parte de los elegidos en 2015, es manifiesto e indiscutible. Por eso, también es cuestionable el argumento de sostener la gobernabilidad por parte de opositores que, a lo largo de estos tres años y pico, prestaron el aval político en el Parlamento nacional para aprobar todas las leyes que condujeron a esta desesperante situación, a cambio, seguramente, de algunas monedas, para transitar el camino que condujo a este presente. Presente sin monedas para nadie.

Al próximo gobierno, y al pueblo argentino, les queda la pesada mochila de tener que afrontar vencimientos por 150 mil millones de dólares, en los cuatro años que le toque gobernar. Será de una manera, si los argentinos resuelven votar a un gobierno que elija un rumbo diametralmente opuesto del que tomará MM y su “mejor equipo de los últimos 50 años”, quien ya se comprometió a “ir por el mismo camino, pero más rápidamente”. O sea, mucha más deuda –en vez de solo para los próximos cien años, podría ser para las próximas 2 ó 3 centurias-, y que el nivel de pobreza ronde el mismo que el de la tan mentada Venezuela, 60/70/80 %… Lo que sea necesario, con tal de garantizar la concentración de la riqueza en manos del multimillonario presidente y sus amigos más próximos: algunos monarcas europeos, los dueños de las energéticas, los bancos y los sojeros. ¡Nada más!

Los 150 mil millones de dólares que dejan como pato de la boda, monto que conjuga intereses y capital, para pagar en los próximos cuatro años, implican una exacción descomunal sobre las exportaciones: 27 % de las mismas, en 2020; 48 %, en 2021; 73 %, en 2022 y 62 %, en 2023. Esta es una situación notablemente distinta de la que debió afrontar la gestión macrista-radical, la famosa “pesada herencia” dejada por el kirchnerismo, a saber, en 2016 absorbía 21 % de las exportaciones; en 2017, 31 %; en 2018, 21 % y para este año era de tan solo 19 %. (Datos del Observatorio de la Deuda).

Para colmo de males, el creciente endeudamiento no fue un motor para el desarrollo de la Argentina y, una vez más, como ocurrió siempre con gobiernos que ataron su acción a la vocación de endeudadores seriales, solo fue el recurso para facilitar la fuga de divisas a lo que, con total desparpajo, el gobierno ahora trata de despojar de connotación delictiva.

En cambio, la pobreza continúa su interminable  ascenso, incorporando  a millones de argentinos que pierden sus trabajos e ingresos, en virtud de miles de empresas de todo tipo y tamaño que cierran. En el último trimestre del 2018, la pobreza alcanzó al 35,9 % de la población -en el mismo período del 2017 fue 26,3 %-, significa que 16 millones 100 mil ciudadanos son pobres, o sea 4 millones 400 mil más que en 2017. (INDEC)

El otro dato escalofriante es también el crecimiento de la indigencia que paso de 4,5% a 7,4 % medidos los cuartos trimestres de 2017 y 2018, respectivamente. Implicó que  1.344.665 ciudadanos cayeron a esa categoría en un año, para engrosar el total de 3 millones 350 mil personas en esa condición. (INDEC)

Mucha pena” les producen estos datos a los funcionarios gubernamentales, pero nada más. Y es lógico. Quienes presentaron sus DDJJ muestran crecimientos patrimoniales en cantidades que son inversamente proporcionales al crecimiento de la pobreza. No deben presentar DDJJ, pero de sus balances se desprenden crecimientos millonarios de empresas energéticas y bancarias. Todo ello explica cómo se distribuye la riqueza y la pobreza en el país. También explica el porqué de la furia persecutoria contra la oposición, la más dura, al modelo imperante, hecho que también es histórico en el devenir argentino.

Es imprescindible que los argentinos comprendan que tienen un futuro plagado de espinosa miseria y que, de nuevo, habrá sopa por un largo tiempo a favor de reconstruir lo destruido y recuperar lo perdido. Siempre y cuando la mochila sea puesta en los hombros de quienes en verdad tienen la voluntad de sacarlos del infierno.