Se cumplen cien años del nacimiento de Eva Perón, ocurrido en Los Toldos, provincia de Buenos Aires, el 7 de mayo de 1919. Por vocación artística se trasladó a Buenos Aires a los 16 años, donde participó en radioteatros, el teatro y el cine, hasta que conoció al coronel Juan Domingo Perón y su vida cambió radicalmente, para acompañar el proceso revolucionario, con un compromiso inconmensurable hasta su prematura muerte, en 1952. Por Silvia Torres

 

 

Eva Perón fue la figura más descollante acompañando al general Juan Domingo Perón, en el proceso revolucionario que se había iniciado con la revolución de junio de 1943 y que se consolidó con la asunción de éste como primer mandatario, en las elecciones de febrero de 1946.

Eva Duarte, como esposa a partir del 22 de octubre de 1945 –a días del mítico 17 de Octubre-, y compañera en esa ruta plagada de avatares, para alcanzar reivindicaciones populares y soberanía política, en un enfrentamiento feroz con la oligarquía nacional y extranjera, que la consideró una de las grandes enemigas y a quien combatieron usando todas las armas espurias de la política, la comunicación y el poder judicial… Nada nuevo bajo el sol.

Por eso, es muy significativo el poema escrito por María Elena Walsh –una mujer que perteneció a los sectores antiperonistas de la Argentina-,  en homenaje de Evita, como una demostración de que fue y es imposible desconocer la trascendencia de su trayectoria histórica, como una actora política insoslayable. Evita es, sin dudas, más que una prócer histórico, un mito enraizado en la memoria colectiva del pueblo argentino y de todos los pueblos, que tienen como norte alcanzar las justicias que gobiernos y poderes fácticos, les tienen negado.

Calle Florida, túnel de flores podridas./ Y el pobrerío se quedó sin madre llorando entre faroles sin crespones./ Llorando en cueros, para siempre, solos./Sombríos machos de corbata negra sufrían rencorosos por decreto y el órgano por Radio del Estado hizo durar a Dios un mes o dos./ Buenos Aires de niebla y de silencio./ El Barrio Norte tras las celosías encargaba a París rayos de sol./ La cola interminable para verla y los que maldecían por si acaso no vayan esos cabecitas negras a bienaventurar a una cualquiera./ Flores podridas para Cleopatra./ Y los grasitas con el corazón rajado, rajado en serio. Huérfanos. Silencio./ Calles de invierno donde nadie pregona El Líder, Democracia, La Razón./ Y Antonio Tormo calla “amémonos”./ Un vendaval de luto obligatorio./ Escarapelas con coágulos negros./ El siglo nunca vio muerte más muerte./ Pobrecitos rubíes, esmeraldas, visones ofrendados por el pueblo, sandalias de oro, sedas virreinales, vacías, arrumbadas en la noche./ Y el odio entre paréntesis, rumiando venganza en sótanos y con picana./ Y el amor y el dolor que eran de veras gimiendo en el cordón de la vereda./ Lágrimas enjuagadas con harapos, Madrecita de los Desamparados./ Silencio, que hasta el tango se murió./ Orden de arriba y lágrimas de abajo./ En plena juventud. No somos nada./ No somos nada más que un gran castigo./ Se pintó la República de negro mientras te maquillaban y enlodaban./ En los altares populares, santa./Hiena de hielo para los gorilas pero eso sí, solísima en la muerte./ Y el pueblo que lloraba para siempre sin prever tu atroz peregrinaje./ Con mis ojos la vi, no me vendieron esta leyenda, ni me la robaron./ Días de julio del 52 ¿Qué importa donde estaba yo? No descanses en paz, alza los brazos no para el día del renunciamiento sino para juntarte a las mujeres con tu bandera redentora lavada en pólvora, resucitando./ No sé quién fuiste, pero te jugaste./ Torciste el Riachuelo a Plaza de Mayo, metiste a las mujeres en la historia de prepo, arrebatando los micrófonos, repartiendo venganzas y limosnas./ Bruta como un diamante en un chiquero ¿Quién va a tirarte la última piedra? Quizás un día nos juntemos para invocar tu insólito coraje./ Todas, las contreras, las idólatras, las madres incesantes, las rameras, las que te amaron, las que te maldijeron, las que obedientes tiran hijos a la basura de la guerra, todas las que ahora en el mundo fraternizan sublevándose contra la aniquilación./ Cuando los buitres te dejen tranquila y huyas de las estampas y el ultraje empezaremos a saber quién fuiste./ Con látigo y sumisa, pasiva y compasiva, única reina que tuvimos, loca que arrebató el poder a los soldados./ Cuando juntas las reas y las monjas y las violadas en los teleteatros y las que callan pero no consienten arrebatemos la liberación para no naufragar en espejitos ni bañarnos para los ejecutivos./ Cuando hagamos escándalo y justicia el tiempo habrá pasado en limpio tu prepotencia y tu martirio, hermana./ Tener agallas, como vos tuviste, fanática, leal, desenfrenada en el candor de la beneficencia pero la única que se dio el lujo de coronarse por los sumergidos./Agallas para hacer de nuevo el mundo./ Tener agallas para gritar basta aunque nos amordacen con cañones.