Sinceramente, el libro de Cristina Fernández de Kirchner, es un aporte imprescindible para comprender la historia argentina de las últimas décadas, en las que la puja entre el peronismo y los sectores gorilas fue la constante y la razón que trabó toda posibilidad de que la Argentina fuera una nación soberana, justa y desarrollada. Por Silvia Torres

 

 

Si bien, en Sinceramente, el libro de Cristina Fernández de Kirchner, hay una centralidad en torno de los doce años gobernados por Néstor y por ella misma, las constantes referencias al pasado del peronismo son imprescindibles para comprender no solo el presente, sino cómo fue el enfrentamiento entre dos modelos de país que hoy vuelve como eje de la política, luego de un período de gobierno a cargo de Mauricio Macri, un fiel representante del establishment ultra conservador, con fuerte inserción en el imperio, que deja la tierra arrasada.

Cristina se refiere a su vida junto a Néstor Kirchner, su compañero de toda la vida, sus desempeños como abogados cuando generaron la fortuna familiar, que es insistentemente demonizada por Cambiemos con el apoyo de los medios y el “partido judicial”, una fortuna no distinta de la de otros ciudadanos con negocios en Santa Cruz, como el caso del empresario Eduardo Costa, senador del macrismo y acérrimo opositor de los K, cuyo espectacular crecimiento patrimonial jamás fue objetado por poder político alguno.

Cuenta las férreas oposiciones que tuvo tanto el gobierno de Néstor, que se acentuaron dramáticamente durante sus dos mandatos, en virtud de que desalojaron de la mesa de decisiones a los poderes fácticos –empresariales, sindicales, mediáticos-, lo que desató una reacción cuasi salvaje en contra. La descripción de estos enfrentamientos, muchos de los cuales permanecen frescos en la memoria de muchos –o pocos- ciudadanos, es un aporte de gran trascendencia, no solo para el presente, sino para el futuro, cuando llegue el momento de escribirse la historia. Algunas descripciones de Cristina provocan un intenso escozor, en virtud de que desnudan las tensiones que se dirimen en el campo de la política, aun con métodos antidemocráticos rayanos con el golpismo, cuando un gobierno pretende limitar el poder omnipotente de la oligarquía, sea la tradicional, emparentada con la actividad agropecuaria concentrada; sea la constituida por el empresariado ligado a monopolios, a los bancos y al sector externo.

Cristina no elude las referencias a su condición de mujer conduciendo los destinos de la Argentina, al que califica como un país “difícil” y define a esa condición como un “agravante”, cuando se pretende presidir “un proceso nacional, popular y democrático”. Explica que es “un acto de rebeldía que las mujeres accedan a posiciones de poder, cuestionando la forma en que funciona ese poder. Es rebelarse contra lo establecido, porque el poder no es cosa de mujeres, es cosa de hombres (…) El problema es cuando querés ser prima donna en el mundo de los hombres, en el mundo del poder y, además, para cambiar las cosas”.

En sus últimas páginas, Cristina se explaya en lo que es el uso descarado de las fake news (noticias falsas) y el trabajo de los ejércitos de trolls –a los que ella define como “ejércitos de la noche”-, que destruyen a la democracia y a las repúblicas, por su nefasta incidencia en la libertad de conciencia de los pueblos. Compara la situación actual con lo ocurrido durante el fascismo y el nazismo, por el uso y abuso de estos recursos para enceguecer a la ciudadanía y justificar la persecución y el exterminio, tal como se pretende ahora, cuando se “milita el ajuste” con argumentos tales como predicar que “ser pobres y vivir y morir como pobres”, ya no es “un acto de violencia”, sino “un acto de piedad”, o que “es una moda (…) vivir en 16 metros cuadrados. No tener aire acondicionado con 45 grados. No desayunar. Comer tierra para hacer dieta. O, la última, que comer de la basura (es) catalogado en Clarín como ‘una pasión argentina’. Y todo definido como un acto de decencia –y no de crueldad- elogiado por los comunicadores de una economía depredadora”.

El abultado libro, con 594 páginas, se convirtió en un best seller de la industria del libro: en 20 días se vendieron 300 mil ejemplares, batió récords en ventas por la web y fue presentado el 9 de mayo pasado en la Feria del Libro, que rebalsó su salón más grande con capacidad para mil personas, con una multitud que colmó el patio central del predio de la Sociedad Rural y la lindera Avenida Sarmiento. Allí, Cristina afirmó que “no era ni es neutral” y convocó, al igual que en el Epílogo de su libro, a definir qué clase de país se pretende tener y en el que vivir, para lo cual iba ser necesario acordar un “contrato social (que) exigirá también la participación y el compromiso de la sociedad, no solo en los grandes temas, sino en la vida cotidiana… Tendremos que acordar cómo vamos a convivir y en qué condiciones, antes de que sea demasiado tarde; porque así no va más”.

En su presentación, la ex mandataria expresó claramente que ese contrato, ese pacto deberá ser acordado por “ciudadanos responsables”, capaces de cumplir con lo que firman, para evitar embretar al país y a su pueblo, en un nuevo fracaso.