Nada es casual ni accidental. Todo está milimétricamente calculado. Solo cuando Macri dice “estamos haciendo lo que hay que hacer”, es el único momento en que expresa la verdad. Por Silvia Torres

 

Es una verdadera desgracia social que en las escuelas e instituciones educativas de todas las condiciones y niveles no se tenga la oportunidad de conocer la Historia Argentina en su verdadera dimensión, porque si ello fuera posible, los ciudadanos tendrían la posibilidad de reconocer en este presente los innumerables momentos del transcurrir histórico que fueron exactamente iguales, sobre todo por los efectos devastadores que provocan las medidas tomadas por la alianza macrista-radical, que condujo los destinos de la Nación en estos últimos tres años y seis meses, y que pretende perpetuarse en el futuro, con la anexión del pichetismo.

Mauricio Macri ganó la presidencia de la Nación enlazando una sucesión interminable de mentiras, difundidas hasta el hartazgo por la fabulosa cadena de medios hegemónicos, a tal punto de que, cuando se las vuelve a escuchar, es casi natural que haya logrado triunfar, precisamente porque las mayorías desconocen cuál fue la eterna conducta de la oligarquía en el poder, ya sea usando a las fuerzas armadas o disfrazando políticos pseudo populistas (radicales, peronistas).

Cuando MM dice –y repiten sus funcionarios, amigos-socios y sus eslóganes de publicidad-, “estamos haciendo lo que hay que hacer”, es la única expresión que reúne un viso de verdad: Están haciendo lo que hay que hacer para alcanzar estos resultados.

No es por error del gobierno, ni porque “pasaron cosas”, ni por tormentas o vientos de frente que el pueblo argentino vive lo que está viviendo. ¡No! Todo es producto de medidas concretas tomadas para estos efectos.

Cuando MM dijo que iba a colocar al país en el mundo, lo consigue todas las semanas cuando los medios internacionales destacan los índices crecientes de pobreza e indigencia; la niñez sometida al desamparo con el 54 % de niños en esas condiciones, que pasan hambre o están subalimentados o mal alimentados; con la caída en la calidad de la salud, por falta de medicamentos e insumos básicos o sofisticados, sin vacunas; con el cierre de miles de fábricas, comercios, servicios; con 12 % de desocupación promedio en todo el país y con regiones en donde alcanza 14/16 %; con tarifazos que disparan los índices inflacionarios que nos colocan en el tercer lugar en el mundo; con hechos de violencia de las fuerzas de seguridad, incluidos asesinatos; con ciudadanos endeudados con créditos hipotecarios y con préstamos de la Anses con tasas usurarias; con miles de ciudadanos, solos o con familias, viviendo en las calles de las grandes ciudades; con los índices de crecimiento económico en negativo, ratificados hasta por el FMI

Estamos haciendo lo que hay que hacer”, dicen los amarillos, y el objetivo es convertir a la Argentina en una republiqueta bananera lo más perfecta posible. Y para ello, no tienen ningún pudor en convertirse en operadores del imperio –como fueron tantos otros a lo largo de la historia-, aplicando los mismos métodos que usan otros gobiernos del continente y del mundo: guerra judicial (low fare); manipulación mediática mediante la difusión de noticias falsas (fake news); escándalos de espionaje ilegal, que involucra al ministro de Justicia, jueces y fiscales, diputados nacionales, periodistas y personal de inteligencia, todos estrechamente vinculados con el presidente de la Nación.

La tónica de los años del gobierno macrista-radical es el deterioro de la vida de la mayoría de los argentinos, juntamente con la destrucción de la calidad institucional que pone a la Argentina a la altura de sufridos países del continente y del mundo, asolados por la violencia en todos los matices. Hacen “lo que hay que hacer” para lograrlo. El pueblo argentino también debe hacer “lo que hay que hacer”, para arrancarlos de cuajo de la conducción del Estado y recuperar la dignidad de la Patria, que no es otra cosa que la dignidad de todo su pueblo.