Los cambios son más que evidentes en la vida de los argentinos: 19 meses ininterrumpidos de descenso del poder adquisitivo de los salarios, caída del consumo, aumento de la canasta básica y de los combustibles y servicios. El escenario electoral con creciente violencia verbal. Por Silvia Torres

 

Si hay algo que no se puede dudar en la Argentina, en los últimos tres años, es el “cambio en seriosobre la calidad de vida de la mayoría de los argentinos, que padecen despojos de toda índole, del día a día plagado de privaciones, incluida la alimentación básica de niños y ancianos, hasta de vacunas, medicamentos, el goce de otros bienes habituales en el pasado reciente, como el asado familiar y entre amigos, comer en restaurantes, paseos de fin de semana, idas al cine/teatro, etcétera.

El endeudamiento de la Argentina con el FMI continúa como indudable aporte de campaña al oficialismo, para consolidar el sometimiento de los próximos gobiernos –y generaciones de argentinos-, a los mandatos del organismo internacional, recursos que en un 60 % fluyen hacia la timba financiera y alimentan la fuga de divisas.

El gobierno macrista adujo, en reiteradas oportunidades, que fue necesario endeudar al país para afrontar la “pesada herencia” –jamás explicitada ni descripta-, una prédica repetida hasta el cansancio que penetró en la conciencia de muchísimos argentinos, que repetían -¿y aún repiten?- la retahíla. Ahora, se percibe que son menos, porque el descenso del poder adquisito de los salarios, el riesgo cotidiano a perder el trabajo sumado al altísimo crecimiento de precios y de tarifas, puso en su lugar a los delirantes argumentos de la alianza macrista-radical.

Es tan dramática la situación económica social, que hasta integrantes de la UIA salieron a advertir acerca de la realidad financiera del país y el posicionamiento del dólar -congelado a costa de la proliferación billonaria de las Leliq y el nuevo desembolso por 4.7 mil millones de dólares del FMI-, cuya explosión podría provocar una devaluación similar a la del 2018. Lo preocupante para la ciudadanía de ocurrir esto, es el impacto que estas devaluaciones tienen sobre los precios de los alimentos esenciales y que constituye uno de los grandes saqueos al bolsillo del pueblo.

Todo en el marco de una creciente violencia verbal en contra de las organizaciones gremiales, sociales y hasta de jueces que se resisten a las manipulaciones del oficialismo, que se expresan tanto en boca de los infaltables comunicadores lacayos como de los propios funcionarios de gobierno, empezando por Mauricio Macri, de su candidato a vice, Miguel Ángel Pichetto; los gobernadores Cornejo (mendocino) y la Vidal (bonaerense), verba que se suma a los incalificables fracasos del sistema de transmisión de los escrutinios, contratado por 17 millones de dólares, que lo ubica bajo un oscuro manto de sospecha.

La deteriorada situación económica que afecta al 80/85 por ciento de los argentinos, estén o no ocupados, tengan o no empleos formales, que padecen 56 % de inflación anual y 64 % en la canasta básica, con 7.600 pymes menos en el país (AFIP) en un año, con caída del consumo de 12,2 % en el mes pasado (CAME), con aumentos anuales de los alquileres de 40 % y con pocas posibilidades de acceder a la vivienda propia, con pobreza-indigencia creciente en todos los ámbitos del país, incluidos los distritos más ricos, conforman la ingrata realidad que Mauricio Macri, que va por su reelección, dice que es el camino por el que va continuar, “pero más rápido”.

O sea, más capitalismo de pillaje, más destrucción del trabajo y de las jubilaciones, más privaciones para el pueblo. Sin dudas, los argentinos deben tomar conciencia de que es necesario encarar severos cambios, ante semejante perspectiva de futuro.