En vísperas de una nueva PASO, hay una renovada perspectiva en el clima social de la población misionera y argentina: El triunfo de la fórmula FyF es el disparador de ese optimismo. Por Silvia Torres

 

 

Hay infinita cantidad de señales que dan cuenta de que el pueblo argentino daría la espalda, a través del sufragio en las próximas PASO, al gobierno encabezado por Mauricio Macri. Por ejemplo, los actos de campaña tuvieron características que llevan a considerar como ciertas las señales de hartazgo de la sociedad, ante los efectos nefastos que la política implementada por el “mejor equipo de los últimos 50 años” provocó en la vida de la mayoría de los argentinos, víctimas de una estafa electoral pocas veces vista en la historia nacional.

A los hombres y mujeres de Justos por el Cambio –ex Cambiemos-, les costó disimular la desazón y la frustración ante los números de encuestas que, entre bambalinas, daban cuenta de la debacle, un indicio que se abonó con la escasa aparición pública del primer actor, MM y su partener, el insípido Miguel Ángel Pichetto, solo presentes en actos milimétricamente organizados para evitar las señales del descalabro: Cero timbreo, cero caminatas, cero fotos y videos con gente común y corriente, para evitar los deditos en V que asomaban irreverentes, audaces y picarescos, dando cuenta del estado de ánimo de los ciudadanos. El acto de cierre, en la tan seducida Córdoba, contó con 7 mil personas, prolijamente invitados y ubicados conforme el estatus, mientras que el aspirante a la reelección estaba enfundado en indisimulable chaleco antibalas. (Si tanto fue la violencia que se sembró, si tanta fue la grieta que se meneó, si tanta fue la represión, si tanto miedo se pretende inocular, es obvio que se les envenene el alma).

Ellos, de continuar, se comprometieron con el FMI destruir los derechos laborales y el sistema jubilatorio, en su afán de continuar concentrando la riqueza en manos de unos pocos, sin importarles un bledo estar rodeados de millones de trabajadores esclavizados e hiper empobrecidos.

Como principal opositor se erige el Frente de Todos con un mensaje diametralmente opuesto, con los candidatos Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner presidiendo multitudinarias reuniones en gigantescos ámbitos desbordados de público concienzudo y bullicioso, esperanzado en que las tragedias que jaquean sus vidas cotidianas tengan un punto final, que comenzará a perfilarse el próximo domingo.

La dupla analiza la realidad del común de la gente, de lo que duele y hiere cotidianamente al pueblo y convoca a la ciclópea tarea de reconstrucción del estado de derecho, de la Patria que merece ser vivida, de los derechos que fueron mancillados, de superar la desorganización de la vida cotidiana, de que vuelva a ser posible disfrutar de las pequeñas cosas…

Anticipan que el trabajo será arduo y la lucha exigirá el esfuerzo de todos y cada uno de los argentinos, porque, insisten, la reconstrucción será una obra política, con tensiones y tropiezos y, es posible, que el pueblo argentino, mayoritariamente, haya tomado conciencia de que la distribución equitativa de la riqueza no es un objetivo que se alcanza por arte de magia, sino por cómo un gobierno interviene en favor del interés superior del pueblo y cómo es acompañado por éste.

Y esa intervención -cuando un gobierno hace “populismo”,  que en la Argentina se llama peronismo-, indefectiblemente está sometida a las presiones de los poderes fácticos de adentro y de afuera y es responsabilidad de ese gobierno, que se comprometió a garantizar los derechos populares y aumentarlos, resistir y combatir esas presiones, junto con el pueblo que lo eligió.

Ese es el horizonte que aparece ante la vista de millones de argentinos, para la mayoría de los cuales  no es lo mismo la continuidad del gobierno de la alianza macrista-radical-pichettista sino elegir y votar otro que despierta las esperanzas del fin del statu quo, que permitió que solo un 5 % de la población –entre quienes se cuentan funcionarios responsables de definir las políticas que rigen la vida de la gente-, se haya enriquecido de manera exorbitante contra el empobrecimiento de millones de argentinos, entre ellos y, com